12 enero, 2026

12 enero, 2026

PAN Tamaulipas: parálisis que allana el futuro

EL MURO S.A./ ARTURO ROSAS H.

Acción Nacional, como principal fuerza opositora en Tamaulipas, atraviesa una parálisis política evidente. El tiempo corre y el partido permanece inmóvil, sin reacción ni estrategia clara.

Con esa inercia llegará a la renovación de su dirigencia estatal, sea jefe o presidenta, porque ni siquiera el debate de género aparece en la agenda interna panista.

De mantenerse ese escenario, uno de los beneficiados naturales sería César Verástegui, si decide buscar nuevamente la candidatura a la gubernatura en 2028.

Pero ese camino todavía es largo. Todo dependerá de la convocatoria del CEN y de la Comisión Permanente, donde se revelará quiénes realmente aspiran a dirigir al partido.

Lo cierto es que, mientras ese proceso se cocina, el PAN acumula tres años sin capacidad de reacción política, y difícilmente en nueve meses revertirá su debilidad rumbo a 2027 y 2028.

Por ello, desde el Comité Ejecutivo Nacional, incluso con una dirigencia inexperta, los cuadros históricos deben presionar al comité tamaulipeco con una advertencia clara y directa:

Si la parálisis continúa, el partido debe convertirse en Delegación, regresando el control total al CEN como última medida de contención política.

Antes de llegar a ese extremo, el Comité Estatal, el Consejo y la Comisión Permanente deben obligar a los comités municipales a operar, movilizarse y asumir responsabilidades reales.

De lo contrario, las delegaciones serán inevitables. Todos deben reaccionar si se pretende construir un contrapeso político mínimamente competitivo.

Es innegable que la torpeza, ambición y autoritarismo del grupo Cabeza de Vaca fracturaron al PAN, imponiendo candidatos y decisiones sin consenso interno.

Lo más grave fue la decepción de los panistas doctrinarios, marginados por Francisco García Cabeza de Vaca tras incumplir acuerdos y excluirlos del ejercicio del poder.

Hoy, el PAN necesita rescatarlos, devolver espacios a liderazgos con arraigo y trayectoria electoral comprobada, y abrir paso a nuevas figuras con credibilidad social.

Así ocurrió en 2000, 2006 y 2016: combinando experiencia, renovación y pragmatismo, pero sin candidatos autoritarios ni proyectos personalistas.

Antes, los liderazgos locales aceptaban candidatos ajenos a sus grupos si garantizaban votos y competitividad. Esa cultura política se perdió.

La humildad, la autocrítica y el sentido estratégico deben regresar. Gobernar o dirigir como “El Cachorro” no es opción.

Tamaulipas —y el país— necesitan contrapesos reales. No por nostalgia partidista, sino por salud democrática y en particular bajo algunas decisiones que deben tener reacciones firmes de rechazo.

Por Arturo Rosas H.

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