El propósito de invadir nuestro país por parte del gobierno gringo es claro y definitivo. Desde luego y por mero protocolo busca justificarlo en el congreso, lo cual al final de cuentas le importa menos que pura progenitora. Así que puede estar el mundo en contra, pero de que viene, eso-que-ni-que. Dice que el motivo es el combate a grupos delictivos y es buen pretexto para asestar severo coscorrón a la 4T obligando a que se alinee o al menos tolere la ambición imperialista.
Recordad que doña Claudia no se ha medido en eso de condenar la intervención en Venezuela y la “exigencia” de que Maduro y su esposa sean sujetos a procesos apegados a la legalidad, cosa de la que Trump ríe como él sabe hacerlo cuando sabe que tiene al enemigo con la soga en el cuello. A Nicolás no lo salvarán ni todas las voces de vivos y muertos toda vez que está condenado por la infamia capitalista como de antemano están Daniel Ortega y su mujer Rosario Murillo que suman unos treinta años en el poder de Nicaragua, o Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro que mantienen en la miseria más espantosa al pueblo cubano.
No se trata solo de un juego de palabras sino de objetivos a alcanzar por medio de la fuerza sin importar que la civilización brinque, maromee o recurra a la más sofisticada narrativa relacionada con los conceptos de soberanía, libertad e independencia. En este caso Trump está cierto de que lo único valioso es el control, dominio y disposición de la riqueza del resto de las naciones en beneficio de los EU o, mejor dicho, de los grupos cuya voracidad no tiene límites. Ya comprenderéis que por ello el magnate mantiene en vilo la paz internacional.
El asunto es que Trump viene sobre México y no lo impedirán los apoyos y respaldos a la Señora Presidenta que muy formal y respetuosa acude a la tradición que marca la Constitución General de la República a efecto que el belicoso vecino entienda que la experiencia histórica es fundamental en la creación de formas de convivencia que tienen como eje el humanismo, la fraternidad y el entendimiento bajo las mejores condiciones de colaboración y de ninguna manera la confrontación violenta.
Usted dirá que Doña Claudia predica en el desierto y pue-que tenga razón, en el entendido de que, en el supuesto de una invasión, los mexicas podríamos quedar solos ante el temor de otros gobiernos por oponerse a los designios de la Doctrina Monroe que reclama “América para los americanos”. La realidad es cruel, pero es auténtica. De ahí la insistencia del columnista de que La Jefa baje una rayita a su enojo por lo sucedido en Venezuela y a la pasión y los sueños de los tiempos estudiantiles, sin que signifique renunciar a los ideales que como sabéis, son el motor de la existencia de cualquier persona consciente de las circunstancias que le tocó vivir y la sociedad en la que ha de desarrollar sus expectativas.
Verdad sea que tenemos gran tradición de respeto al exterior, pero también una diabólica vecindad que mantiene vigentes sus afanes expansionistas. Trump alguna vez señaló “la necesidad” de anexar Baja California; no extrañaría que lo recordara en estos días en que se considera amo y señor del planeta. Respecto de la multicitada invasión sería de características especiales digo yo. Por lo pronto contra grupos calificados de “terroristas” y después, “ya encarrerado el ratón..”, habría objetivos mayores sobre los que sin duda EU ya tiene los ojos puestos. ¿Estaremos preparados para aceptarlo o enfrentarlo?…¿Llamaría la 4T a la resistencia sin más armas que la razón y la justicia?. Hay que reflexionar sobre esto que parece sacado de onda…Le digo, mortificaciones no faltan.
SUCEDE QUE
La rotura de una línea del acueducto V. Guerrero-Victoria que dejara sin el vital líquido a la mayor parte de las familias capitalinas provocando grave problema de salud, otras molestias y enojo, no fue accidente sino negligencia e irresponsabilidad de los técnicos que dirigen la nueva obra. Ante el daño sufrido a unas trescientas mil personas, y por bien de la 4T, los hechos debieran ser debidamente aclarados porque no es asunto menor.
Y hasta la próxima.
Por. Max Ávila




