3 abril, 2026

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El plan alterno: Albercas y carne asada con bocinas

Desde temprano, las camionetas comenzaron a desfilar cargadas hasta el tope por la carretera: hieleras repletas, bolsas con carbón, inflables y trajes de baño
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Por Raúl López García

CIUDAD VICTORIA, TAMAULIPAS.- Lejos del bullicio de los ríos como Los Troncones o El Roble, cientos de familias victorenses encontraron su propio paraíso en quintas, albercas rentadas y cabañas de la carretera Interejidal, donde el calor del Viernes Santo se combatió entre chapuzones, humo de asadores y música a todo volumen.

Desde temprano, las camionetas comenzaron a desfilar cargadas hasta el tope por la carretera: hieleras repletas, bolsas con carbón, inflables y trajes de baño. El plan era claro: rentar por un día o quedarse en cabañas, instalarse sin prisas y convertir esos espacios en el centro de la convivencia familiar.

En lugares como Alberca Del Ángel, el ambiente tomó forma rápidamente. Bastaron unos minutos para que los asadores se encendieran, las bocinas soltaran los primeros acordes de música norteña y los niños invadieran el agua entre risas y clavados improvisados, mientras los adultos organizaban la comida bajo la sombra.

El menú fue otro protagonista de la jornada. Entre mesas y comedores, no faltaron las flautas recién hechas, gorditas rellenas y guisos típicos de la región que cada familia llevó desde casa o preparó en el lugar. El olor a carne asada se mezcló con el de las salsas caseras, creando ese ambiente tan característico de los días de campo en Tamaulipas.

Para quienes quisieron alargar la experiencia, también hay la opción de hospedarse en cabañas, permitiendo que la convivencia continuara más allá de la tarde. Ahí, el ritmo bajó un poco, pero no el ánimo: juegos de mesa, pláticas largas y uno que otro chapuzón nocturno marcaron la diferencia.

También espacios como San Ángel Salón y Alberca registraron alta demanda, confirmando que no todos buscan el río para disfrutar la temporada.

Porque al final, ya sea entre piedras y corriente o entre concreto y alberca, el verdadero atractivo fue el mismo: la familia reunida, el descanso merecido y el sabor inconfundible de la convivencia.

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