Por. José Luis Rodríguez Castro
Expreso La Razón
CIUDAD MADERO, TAMAULIOAS.- Viernes Santo en playa Miramar: treinta y dos grados centígrados a la sombra. Piel bronceada, manos inquietas que buscan en la hielera algo para refrescarse en medio del caos que reina sobre la arena.
Apenas a un palmo de distancia se encuentra una sombrilla detrás de la otra, en todas direcciones. No queda un espacio sin ocupar.
Viernes Santo da descanso a más de cien mil en playa Miramar.
Los niños corren inquietos, con cubetas rebosantes de agua y arena, para construir castillos.
Las decenas de vendedores se mimetizan con los visitantes, mientras esperan ser elegidos por alguno de ellos.
A un par de cuadras, Jesús cae y es azotado en calles de la colonia Miramar, en Ciudad Madero, durante la representación de la Pasión de Cristo.
En playa, la fiesta es sobre la arena. Las bocinas se pelean con el viento del sur para dejarse escuchar.
Desde temprano, a través de los accesos, miles llegan al centro de recreación pública.
Hieleras, sombrillas, sillitas y mesas se cargan hasta la playa.
Es la tarde de Viernes Santo y el bulevar costero sabe que ya no hay espacio para un vehículo más. Se atiborran los estacionamientos; se alenta el tráfico hacia la noche.
En plaza Gobernadores, se aglutinan los fans de la música norteña. Drones sobrevuelan el escenario para dar cuenta de los miles congregados por el grupo que vale lo que pesa: Pesado.
Se escapa el día y ya es una fiesta. Es Viernes Santo : la tradición cristiana, conmemora la pasión y muerte de Jesucristo en la cruz, día de recogimiento, ayuno y reflexión sobre el sacrificio.
En las iglesias, el silencio avanza tras la crucifixión.
En los accesos de playa, ya no hay acceso. Todo se vuelve un ir y venir de visitantes que buscan dónde refrescarse, dónde aligerar el calor, aliviar la sed.
El bajo sexto se escucha al fondo. El acordeón riñe con sus notas altas y la voz nasal del cantante invita a cantar: ¿Cómo están en Miramar?
¿Quién viene de Nuevo León?… ¡manos arriba! ¡Ey! ¡Ey!
La muchedumbre corea cada canción. Es Viernes Santo.
Ya no hay más a dónde ir. El acordeonista mueve ágilmente los dedos y arranca gritos de los asistentes en cada interpretación.
La cruz y la música comparten el mismo día: en Miramar,
Es una noche de recogimiento para la feligresía católica: se guarda silencio y reflexión sobre la muerte de Jesús; muchos participan en procesiones del silencio o acompañan el llamado Santo Entierro.
En playa Miramar, los pies se deslizan sobre la arena mientras la música norteña provoca gritos y alegria desaforados.
En los templos, el altar permanece desnudo, sin adornos, en señal de duelo.
Es viernes Santo y Miramar se recrea en una noche de fiesta entre acordeones y bajo sexto.
Los pies descalzos se deslizan sobre la arena al mismo compás anorteñao …
«Desde que llegaste a mi vida, todo cambió; tu amor hizo de mi mundo un lugar más hermoso..
Mi mundo..mi mundo amor gritan al unisono los miles congregado en playa Miramar…




