Por Jesús Berlanga
Expreso-La Razón
Por décadas en el relleno sanitario de Ciudad Victoria muchas personas y generaciones han vivido de la basura para salir adelante, lo que convierte el lugar en mucho más que un sitio de desperdicio. Hay quienes conocieron al amor de su vida, y formaron una familia, a la que también dieron alimento y estudio de «la basura’.
Uno de los entrevistados, Marco Antonio García Vázquez, conocido como “El Kalusha”, es de esos rostros que han hecho del relleno su hogar laboral durante más de tres décadas. A sus 53 años de edad, acumula 36 años de trabajo en este sitio, donde ha logrado sacar adelante a su familia con esfuerzo y dignidad.
Padre de cuatro hijas y ahora abuelo, “El Kalusha” asegura que todo lo que tiene lo consiguió gracias a su trabajo entre la basura. “Nunca he robado, todo ha sido honradamente”, afirma con orgullo, destacando que incluso la educación y alimentación de su familia salieron de lo que otros desechan.
Su historia no solo está ligada al trabajo, sino también al amor. Fue precisamente en el relleno sanitario donde conoció a su esposa hace 34 años, cuando ambos se dedicaban a lo mismo..
Desde entonces, han compartido vida y esfuerzo, formando una familia que creció entre montones de basura.
Actualmente, menciona que las condiciones han cambiado, ya que antes el cartón y el aluminio representaban una fuente importante de ingresos, pero hoy en día esos materiales llegan ya separados en los camiones recolectores, lo que les impide obtener ese material reciclable para su venta.
Debido a ellos ya solo se dedica principalmente en ayudar a descargar camionetas particulares que llegan a tirar basura, por la que de cada una puede ganar entre 20 y 50 pesos, aunque reconoce que hay días en los que no hay nada.
“Aquí puedes sacar 100, 200, 300 pesos, y a veces nada”, comenta.
A pesar de las dificultades, “El Kalusha” también encuentra en este lugar momentos que valora profundamente. Para él, lo mejor que ha encontrado en el relleno no ha sido un objeto, sino a su esposa, con quien ha construido toda una vida.
Otra historia que refleja la realidad del lugar es la de Blanca Yesenia Camarillo Maldonado, de 43 años de edad, quien ha pasado 30 años trabajando en el relleno sanitario.
Es madre de tres hijos, quien dice que gracias a este «trabajo» logró sacarlos adelante, incluso una de ellos logró convertirse en enfermera.
Blanca relata que sus ingresos varían dependiendo del día, pero generalmente logra obtener alrededor de 200 pesos diarios.
En jornadas más favorables, sus ganancias pueden alcanzar entre 300 y 400 pesos, lo que le permite cubrir las necesidades básicas de su familia.
A pesar de las condiciones en las que crecen muchos niños en el relleno, Blanca asegura que la salud depende en gran medida del organismo de cada persona.
“Mis hijos andan descalzos, en el lodo, entre la basura y no se enferman”, comenta, recordando también que en este lugar conoció a su esposo, con quien compartió 24 años de su vida, pero lamentablemente falleció; con él tuvo dos hijos.
A lo lejos, es común ver a niños jugando con objetos encontrados entre la basura, como un carrito eléctrico que intentaban reparar para después pasear en él.
Mientras tanto, decenas de personas esperan la llegada de los camiones recolectores, para una vez que tiran la basura se apresuran a romper bolsas en busca de ropa, juguetes o incluso comida.
Lo que encuentran útil lo conservan, y lo que no, lo devuelven al montón para que alguien más pueda aprovecharlo.
Sin duda, el relleno sanitario de Ciudad Victoria es un mundo aparte, una especie de pequeña comunidad donde, pese a las carencias, se construyen historias de esfuerzo, amor y supervivencia.




