Por. Pedro Alfonso García
La elección de 2027 tiene más asegunes de lo que parece, y todo indica que los aspirantes a candidatos que farolean ahora en zonas urbanas o rurales, o que desfilan por las redes sociales alimentadas con aplausos de prepago, no dimensionan todavía la complejidad del escenario político que tienen enfrente.
En el próximo proceso electoral hay nuevos ingredientes: un amplio catálogo de cedazos que tienen mucho que ver con las pugnas internas en Morena, la polarización que ha ido de menos a más, una conflictiva relación con Estados Unidos, las nuevas reglas para cerrar el paso a políticos vinculados con la delincuencia organizada, y un liderazgo estatal que enfrenta el gran reto de reconfigurar las estructuras del poder para acomodarlas al cierre de su ejercicio constitucional para lo cual tiene alineados a los poderes Legislativo y Judicial y al aparato legal.
A estas alturas del año y a unas semanas de que Morena empiece a definir quiénes serán los perfiles que irán en la boleta de 2027, hay un desplazamiento intenso de políticos locales que se han propuesto ser candidatos a alcaldes o diputados locales y federales, y detrás de ellos se mueven desenfrenados quienes pretenden acumular poder y control territorial con la idea de que eso será suficiente para competir por la candidatura a gobernador en 2028.
Así pinta el panorama mientras el alboroto no cesa, los aspirantes se multiplican cada día que pasa, hay figuras que reaparecen y se postulan como personas íntegras, alejadas de la narrativa del huachicol y la delincuencia organizada, aunque son socios y colaboradores de políticos que sí están en la supuesta «Lista Marco», y se deslindan de los morenistas que han crecido en el ámbito local, aunque haya registros fotográficos de los días felices de convivencia entre todos ellos, que al final de cuentas son lo mismo.
Mientras Maki Ortiz y su hijo buscan perpetuar su control sobre Reynosa, Olga Sosa y Carmen Lilia cabalgan casi lado a lado en la ribereña en un acto de civilidad política; JR Gómez Leal es entrevistado en medios digitales para quitarse de encima el cochambre huachicolero, mientras desde la Cámara de Diputados reaparece Rodolfo González Valderrama para proclamarse la única figura no contaminada por las impurezas de la corrupción. Intelectual, académico, morenista histórico —dice de él mismo—, tiene todo para suceder a su exadversario Américo Villarreal, de quien procura en sus dichos poner distancia.
Los teóricos de la política concluirían que Tamaulipas está infestado de políticos oportunistas, y la observación de los movimientos que ahora vemos no deja lugar a dudas: el estilo priista no ha muerto, sobrevive en medio de un ambiente donde los morenistas reniegan del neoliberalismo y todo el pasado turbio del partido monolítico, mientras la oposición priista y panista se indigna y escandaliza ante los excesos de sus adversarios. Al final de cuentas, el ambiente político que ahora mismo se vive podría sintetizarse en un viejo dicho: es la misma gata, nomás que revolcada.
En el corto plazo, la gran definición de Tamaulipas se tendrá en septiembre y octubre, cuando Morena defina quiénes serán los “defensores de la transformación”. La pinta de los elegidos por la “voluntad suprema” marcará una línea para el futuro, aunque queda claro que Tamaulipas es zona crítica en función de lo que dicen las nuevas reglas que aplicarán el INE y Morena.
No está por demás reproducir, porque mucho tienen que ver en la historia en curso, las declaraciones de Markwayne Mullin, secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos:
“No hay ni un solo centímetro de la frontera norte de México que no esté cubierto por una plaza. Nueve cárteles controlan la zona. Son altamente sofisticados, altamente organizados. Cada una de las pulgadas de nuestra frontera sur y del norte de México está controlada por nueve cárteles. La dividen en plazas y en cada una de estas hay un jefe.”
Lo que dijo Mullin no es novedad; lo que sí es nuevo es que el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos lo diga en un momento de tensión creciente. Tamaulipas es la frontera con mayor movimiento y muchos de los cuadros políticos que operan en esta región tienen su destino como moneda en el aire. Conclusión: lo mejor, para ellos, es que no haya ilusos para que no haya desilusionados.




