29 junio, 2026

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Rodolfo: preguntas sin respuesta

A 16 años del asesinato de Rodolfo Torre Cantú, ex integrantes de su campaña coinciden en que el crimen marcó un antes y un después en la vida política de Tamaulipas
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Por. Staff

Expreso-La Razón

TAMAULIPAS, MÉXICO.- El asesinato de Rodolfo Torre Cantú, ocurrido ya hace 16 años, no fue solamente el final de una candidatura, fue un parteaguas en la historia política del estado.

Quienes participaron en la campaña del candidato priísta y aquellos que la documentaron coinciden en la trascendencia negativa que tuvo el crimen.

«Fue un punto de quiebre entre la política tradicional y la política ya influenciada por factores externos, en este caso por la delincuencia”, afirmó José Azpeitia, coordinador de comunicación de la campaña.

«A partir de su partida fue otro Tamaulipas, y de alguna manera fue otro México.» La cifra que enmarca esa afirmación es elocuente: durante el primer semestre de 2010 se registraron 331 ejecuciones en el estado, frente a 52 durante todo 2009. Azpeitia añadió que, después del homicidio, «el ejercicio de la política se convirtió en una actividad de alto riesgo, porque el poder político empezó a compartirse con el poder delincuencial.»

Manuel Muñoz Cano, coordinador general de la campaña, situó el efecto del crimen en el terreno de lo contrafactual.

«Estoy convencido de que si no hubiera sucedido lo que pasó en Tamaulipas en contra de mi amigo Rodolfo Torre Cantú, la historia política y muy seguramente la historia económica y socioeconómica de Tamaulipas hubiera sido muy diferente», dijo, citando como referencia el caso de Coahuila, donde «veo un estado con un gran dinamismo, resultado de un gobierno de continuidad.»

El periodista Pedro Alfonso García Hernández ubicó el origen de la crisis años antes del crimen. «A fines de los noventa, los grupos delincuenciales que operaron Tamaulipas históricamente empezaron a expandirse hacia el resto del estado», explicó. «Cuando empezó el siglo veintiuno ya estaban presentes en la mayor parte de Tamaulipas, y fueron procesando un empoderamiento en el que desplazaron al poder institucional.» Según García, fue en esa etapa cuando se produjo «el inejercicio del poder institucional. El Estado dejó de ejercer la facultad única de aplicar la represión, como lo marcan las teorías del Estado.»

García situó el siguiente punto de inflexión entre 2008 y 2009, cuando la llegada de grupos armados a las fronteras del estado provocó «la ruptura entre los cárteles» y «una etapa de vértigo incontrolable en cuestiones de violencia.» Los registros oficiales respaldan esa cronología: el gobierno federal documentó 890 homicidios vinculados al crimen organizado en Tamaulipas entre 2006 y mediados de 2010, con una aceleración marcada en los primeros meses de ese último año, cuando la ruptura entre el Cártel del Golfo y Los Zetas convirtió al estado en un campo de disputa abierta. En ese contexto, dijo García, «el gobernador Eugenio Hernández pudo manejar la transición de acuerdo con las reglas de un partido único, y su viejo amigo y compañero Rodolfo Torre Cantú fue postulado como candidato. Empezó entonces la peor de las campañas políticas que ha habido en el estado.»

Resumió la relación entre el crimen y la crisis que lo precedió en una frase: «Rodolfo no fue el inicio de la crisis. Fue el clímax de la crisis.»

La seguridad: el tema

Torre Cantú había sido presentado como candidato de unidad para la coalición Todos Tamaulipas el 21 de enero de 2010, en un proceso que se formalizó el 14 de marzo sin que surgiera un contendiente interno de peso. Encabezaba todas las encuestas con una ventaja de hasta 20 puntos sobre el candidato del PAN, José Julián Sacramento Garza, en un estado que el PRI no había perdido desde su fundación.

Los tres integrantes del equipo de campaña describieron un proceso que avanzaba, en apariencia, con normalidad. Muñoz Cano lo calificó de «extraordinario», señalando que «la gran mayoría de quienes pertenecíamos a la campaña habíamos participado ya en el gobierno estatal o en la presidencia municipal» y que existía «gran camaradería» entre el equipo.

José Benítez, coordinador de operación política, coincidió: «Hasta antes del 28 de junio de 2010 la había disfrutado mucho. Era una campaña muy exitosa», dijo, atribuyendo ese éxito al hecho de que «no obligabas a nadie, no te extralimitabas para ganar adeptos.»

Azpeitia describió al candidato como una figura que generaba consenso incluso entre adversarios mediáticos: «Hubo casos de medios cuyos dueños estaban peleados a muerte entre sí, y Rodolfo tuvo la magia de sentarlos a todos en una misma mesa. Sucedió en Reynosa, en Matamoros, en Tampico.»

Esa última noche de campaña, la del domingo 27 de junio, Torre Cantú cerró su acto masivo en el Polyforum de Ciudad Victoria; tenía previsto volar al día siguiente a Matamoros para comer con periodistas y cerrar campaña por la tarde en Valle Hermoso, según la agenda que su equipo había distribuido la semana anterior.

Pedro Alfonso García Hernández ofreció una lectura distinta sobre el manejo público del tema de seguridad. «No hubo en la campaña un discurso sobre el tema de la seguridad, a pesar de que el gran problema era la inseguridad», afirmó. «A principios de mayo hubo un foro sobre seguridad pública que pasó inadvertido para la opinión pública.» Según el periodista, «el proceso electoral se volvió un viaje sobre vigilado, con vehículos brindados, negociando antes de llegar a cada zona para poder realizar los eventos.» El propio proceso electoral de 2010, que además de la gubernatura renovaba 36 diputaciones locales y 43 ayuntamientos, transcurrió en el estado con mayor densidad de violencia del país.

El miedo que no tuvo nombre

Las amenazas a candidatos no eran hipotéticas. Semanas antes del crimen, el 13 de mayo, José Mario Guajardo Varela, candidato panista a la alcaldía de Valle Hermoso, fue asesinado junto con su hijo y un empleado en su negocio; por presión del crimen organizado, el PRI canceló también el registro de tres candidatos a alcaldías en Hidalgo, Villagrán y Mainero. Fuentes federales revelaron que grupos criminales hicieron llegar amenazas a la sede del PRI estatal sin que ninguna derivara en una denuncia formal.

Sobre si existía temor dentro del equipo de Torre Cantú, los testimonios difieren en matiz, aunque no en sustancia.

Muñoz Cano sostuvo que aunque la seguridad del candidato «no iba a depender de la coordinación de la campaña», «nunca vimos en algún momento de la campaña señales o momentos que nos llevaran al desenlace que finalmente se dio.»

Sobre el estado de ánimo del candidato, fue categórico: «No vi en él, en ningún momento, que estuviera intranquilo.»

Benítez, en cambio, describió un episodio concreto de advertencia. «En los días previos a la conclusión de la campaña, en redes sociales se empezaron a circular comentarios de algún tipo de amenazas», relató. «Le dije a Rodolfo: ‘Vamos a bajarle un poco estos últimos días, toma precauciones.’ Y él me contestó a su estilo, muy franco, muy frío en ese tema: ‘No, Pepito. Los que te quieren hacer algo no te avisan, no te preocupes.'» Benítez reconoció, con la distancia del tiempo: «Hoy, con el paso del tiempo, a veces pienso que debí haber sido más necio.»

Azpeitia ofreció el relato más detallado sobre las señales de riesgo en los días previos al homicidio. Citó una advertencia que el propio candidato le hizo antes de un panel sobre seguridad en Monterrey: «Tengan mucho cuidado con ese tema, no hagan ningún señalamiento.» Y describió la jornada anterior al crimen: «En Altamira, a dos cuadras del recinto donde estábamos, hubo una balacera y un muerto. Previamente, en San Fernando, llegó una camioneta y arrojó un cadáver. Llegamos al estadio Tamaulipas, y estando ahí en el evento entró el ejército e hizo un cerco en todo el estado.» Sobre el momento de la despedida, dijo: «Esa fue la última vez que lo vi. Al salir de allí, pasó la camioneta, sacó la mano por la ventana y me hizo el saludo de despedida.»

Para García, el clima de inseguridad no era percepción exclusiva del entorno del candidato, sino una condición generalizada en el estado: «El peligro lo vivíamos todos. Se respiraba en el ambiente, se vivía, se veía en las calles.» Añadió: «Era muy evidente y público que quienes tenían el control de las regiones tenían que dar su visto bueno para que el candidato llegara. No había forma de que el ejército o las policías, ya disueltas en lo local, le garantizaran más que una negociación previa.»

Las horas del crimen y la pregunta sin respuesta

La mañana del 28 de junio, Torre Cantú salió hacia el aeropuerto Pedro José Méndez acompañado de ocho integrantes de su equipo, repartidos en dos camionetas sin blindaje. A las 10:00 horas, frente al Tecnológico de Tamaulipas, tres vehículos de un comando comenzaron a seguir al convoy. Según la reconstrucción pericial, detener los vehículos tomó 13 segundos; entre ese momento y aquel en que el comando volvió a ponerse en movimiento transcurrieron 43 segundos más. Los agresores bloquearon después la carretera con el tráiler de una empresa refresquera para cubrir su huida, mientras los sobrevivientes eran trasladados al Hospital General de Ciudad Victoria, que terminó resguardado por el Ejército ante la versión de que el mismo comando planeaba rematar a los heridos.

La investigación oficial avanzó con la misma lentitud que describen los testimonios. La Procuraduría General del Estado abrió la averiguación 323/2010, y el 2 de julio la PGR atrajo el caso al fuero federal, desplegando dos líneas de investigación: una hacia Los Zetas, con Heriberto Lazcano Lazcano como presunto ordenador, y otra hacia el Cártel del Golfo, con Jorge Eduardo Costilla Sánchez, El Coss, como principal señalado.

La PGR mantuvo el expediente clasificado como reservado durante doce años; más de 300 personas fueron llamadas a declarar sin que ninguna declaración derivara en una acusación formal vinculada al homicidio.

Sobre las causas y responsables, todos convergen en la misma conclusión: la ausencia de respuesta institucional, las dudas.

«Estoy seguro de que esto no nació de un día antes ni de una semana antes… Pero esto fue en otro nivel.”, advierte Azpeitia.

El periodista Pedro Alfonso García señala que «los registros históricos consignan quiénes fueron los jefes de los grupos delincuenciales señalados, sobre todo desde Matamoros», aunque «fueron juzgados por delitos entre los que no se encuentra» el homicidio de Torre Cantú. Más adelante, fue enfático: «Tenemos el registro histórico de muchos crímenes políticos que nunca se resolvieron. A estas alturas los expedientes fueron manoseados… Queda solamente como una etapa negra en la historia de Tamaulipas.»

Muñoz Cano coincidió en el diagnóstico sobre la falta de voluntad política: «No veo voluntad política, no veo interés alguno del gobierno de México. Creo que es un tema al que ya se le dio carpetazo.»

Azpeitia trazó un paralelismo con otro crimen político sin esclarecer, el de Luis Donaldo Colosio en 1994: «Mi percepción personal es que esto va a pasar como pasó con Colosio: mil conjeturas, mil ópticas, pero en realidad el noventa o noventa y cinco por ciento de los mexicanos no sabemos qué pasó… No le veo posibilidades.»

Para Benítez, la trascendencia del crimen rebasa el ámbito político inmediato y se proyecta sobre la confianza ciudadana en los procesos posteriores. «Este tipo de tragedias descomponen el quehacer público en todos los sentidos», afirmó. «Queda mucho enojo, mucho coraje, mucho resentimiento, y eso nos afectó en los siguientes procesos electorales. La gente desconfía, la gente vota con coraje, con sentimientos encontrados sobre lo que debió o pudo haber sido.»

Egidio Torre Cantú, designado candidato sustituto 48 horas después del crimen, ganó la elección del 4 de julio con el 61.58 por ciento de los votos, en comicios donde algunas casillas no abrieron por temor a nuevos enfrentamientos armados.

Dieciséis años después, se mantiene la pregunta que nadie puede responder con certeza: quién decidió, y por qué, la muerte de Rodolfo Torre Cantú.

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