9 julio, 2026

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El “dragón amarillo” golpea a la citricultura de Tamaulipas

Podría provocar pérdidas de hasta el 30 por ciento en la próxima cosecha en una de las mayores crisis fitosanitarias de su historia; Llera, Padilla y Güémez, los más afectados
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Por Antonio H. Mandujano
Expreso-La Razón

La citricultura de Tamaulipas enfrenta una de las mayores crisis fitosanitarias de su historia, pues el avance del Huanglongbing (HLB), conocido mundialmente como “dragón amarillo”, mantiene bajo amenaza prácticamente toda la superficie productora de cítricos dulces en el estado y podría provocar pérdidas de hasta el 30 por ciento en la próxima cosecha.

Considerada la enfermedad más devastadora para los cítricos a nivel global, el HLB ha logrado extenderse por la región citrícola tamaulipeca al grado de afectar entre el 95 y el 100 por ciento de las plantaciones de acuerdo a una ficha técnica proporcionada a Expreso por la Secretaría de Desarrollo Rural, Pesca y Acuacultura de Tamaulipas, encendiendo las alertas entre productores, autoridades y especialistas del sector agrícola.

La importancia de esta problemática radica en que Tamaulipas es uno de los principales productores de cítricos del país.

Tan solo para este año la entidad cuenta con una superficie de 37 mil 854 hectáreas de cítricos dulces y una producción estimada de 574 mil toneladas, cifras que sostienen miles de empleos directos e indirectos en municipios donde la actividad agrícola representa la principal fuente de ingresos para cientos de familias.

Sin embargo, detrás de los extensos huertos de naranja, toronja y mandarina, avanza una enfermedad silenciosa que no tiene cura.

En el mismo reporte oficial, se detalla que el Huanglongbing es provocado por la bacteria Candidatus Liberibacter spp., la cual es transmitida por el psílido asiático de los cítricos (Diaphorina citri), un diminuto insecto de apenas unos milímetros de longitud que se alimenta de los brotes tiernos de los árboles.

Una vez infectada, la planta comienza un deterioro gradual e irreversible que afecta su capacidad para transportar nutrientes, debilitándola hasta provocar su muerte.
Los primeros síntomas suelen pasar desapercibidos o confundirse con deficiencias nutricionales: las hojas desarrollan manchas amarillas irregulares, los frutos pierden calidad, se vuelven más pequeños, deformes y amargos, mientras que la producción disminuye progresivamente.

Con el paso del tiempo, los árboles muestran amarillamiento generalizado, defoliación y una reducción severa de su capacidad productiva.

Además del impacto en la planta, las consecuencias económicas son considerables.
De acuerdo con estimaciones oficiales, la enfermedad podría ocasionar una disminución cercana al 30 por ciento de la producción durante el ciclo 2025-2026, una situación que afectaría directamente la rentabilidad de los productores y el abastecimiento de fruta para mercados nacionales e internacionales.

Los municipios de Llera, Padilla y Güémez figuran entre las zonas con mayores niveles de afectación.

En estas regiones, tradicionalmente reconocidas por su producción citrícola, el avance del HLB ha obligado a reforzar las medidas de monitoreo y control para evitar daños aún mayores.

La preocupación crece debido a que el HLB ya está presente en más de 40 países y en cientos de municipios mexicanos, convirtiéndose en una de las principales amenazas para la industria citrícola.

Los expertos advierten que la movilidad de material vegetal infectado y la presencia del insecto vector facilitan la propagación de la enfermedad, por lo que el monitoreo constante es fundamental.

Frente a este escenario autoridades estatales y federales mantienen una estrategia permanente para reducir los efectos de la plaga.

Entre las acciones implementadas destacan el monitoreo del psílido asiático, el control químico en áreas con altas poblaciones del insecto y la aplicación de métodos de control biológico.

Asimismo se brinda asesoría técnica gratuita a los productores para fortalecer el manejo agronómico de las huertas y disminuir las reinfecciones.

Otra de las recomendaciones prioritarias es el uso exclusivo de plantas certificadas provenientes de viveros autorizados, además de la eliminación oportuna de árboles severamente enfermos para reducir las fuentes de contagio.

A pesar de estos esfuerzos el panorama sigue siendo desafiante. La presencia del “dragón amarillo” en prácticamente toda la región citrícola refleja la magnitud del problema y evidencia la necesidad de mantener una vigilancia permanente para proteger uno de los sectores agrícolas más importantes de Tamaulipas.

Mientras miles de hectáreas continúan produciendo fruta y sosteniendo la economía de numerosas comunidades rurales, la batalla contra el HLB se ha convertido en una carrera contrarreloj. El futuro de la citricultura tamaulipeca dependerá en gran medida de la capacidad para contener una enfermedad que, silenciosamente, amenaza con transformar para siempre el paisaje productivo del estado.

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