Si no ocurre nada extraño, el proceso electoral que comenzará en septiembre tendrá en su reparto a dos nuevos partidos políticos: Somos México y Partido PAZ.
Además de la evidente demagogia con la que bautizaron sus nuevos emprendimientos, a quienes administran estas organizaciones, se les acusa de aspirar a ser comparsas de dos corrientes opuestas.
El PAZ es la secuela del fallido Partido Encuentro Social, de evidentes tintes evangélicos, que fue utilizado por la Cuarta Transformación en el 2018 y se sumó al proyecto de Andrés Manuel López Obrador.
Mientras que Somos México es el refugio de una larga lista de ex panistas y perredistas, huérfanos de aquella alianza que ahora buscan abrirse paso en el lucrativo negocio de la democracia nacional.
Así pues, uno está ligado al obradorismo y el otro al calderonismo, y desde esas trincheras “ideológicas” venderán sus propuestas como receta mágica para la salvación del país.
A cambio, recibirán jugosas prerrogativas económicas. Al PAZ, por ejemplo, ya se le autorizaron los primeros 1.9 millones de pesos para que financien su operación durante el segundo semestre.
Si la narrativa política de ambos partidos no fuera de por sí decepcionante, un vistazo a sus referentes ya es hasta deprimente.
El PAZ en Tamaulipas es comandado por el altamirense DAVID ARMANDO VALENZUELA BARRIOS, aquel que heredara la dirigencia estatal del PRD tras el fallecimiento de su padre.
Detrás de él y de la estructura de este partido -aunque ahora trate de ocultarse- aparece JUVENAL HERNÁNDEZ LLANOS, el cacique que ostenta el récord de haber pasado por todos los partidos políticos de Tamaulipas.
En Somos México, los nombres no son más esperanzadores. El liderazgo estatal recaería en FRANCISCO SIGALA, un veterano operador de la zona sur con pasado en el PRD y MC, entre otros proyectos políticos.
La estructura de Tamaulipas, claro, obedecerá los designios de la dirigencia nacional, encabezada por GUADALUPE ACOSTA NARANJO, uno de los alfiles más fieles del ex gobernador FRANCISCO GARCÍA CABEZA DE VACA.
No queda duda de los intereses que defenderán los partidos más joven de la democracia mexicana.




