Se dice que los primeros pobladores vivieron en cuevas por diversos motivos pero principalmente para protegerse de los depredadores. Hoy seguimos viviendo en una especie de cueva, esta vez hecha a propósito a la intemperie, cerca de un río y a una cuadra de los Oxxos para no andar batallando, esta vez construidas con nuestras manos y a miles de años nos seguimos protegiendo de nuestros depredadores y la descendencia de acreedores, estafadores y de buenas personas que nunca descubrimos.
Es fácil creer que todo el tiempo hemos tenido depredadores y hemos sido depredadores por la sobrevivencia y para proteger a la infancia y a las mujeres. Lamento recordar que es cierto. También es fácil imaginar que de pronto salía la mujer a ver quien estaba en la puerta y lo corría de una pedrada, fuera quien fuese.
Adentro de la cueva y viéndose a los ojos los hombres primitivos encontraron otras cosas que también es clave para sobrevivir: la intimidad aquella de que «» lo que sucede en las Vegas queda en las vegas».
Es decir desde bien temprano en la humanidad el hombre, según los vestigios, tardó miles de años en comprender de que el hombre siempre fue el principal depredador, el lobo del hombre. Y tuvimos que aceptar en la academia que por sobrevivencia o no, depredamos, atacamos, nos cuidamos, y protegemos hasta de los chismes a la familia y a los aliados de la cueva.
Se habla, especulando, que lo dicho aquí asea comprobado o desmentido en 500 años luz.
Se rumora por ejemplo que la cachetada la inventó un acomedido aborigen que vio un enorme sancudo en el cachete de un coterraneo y de ahí se armaron los chingazos hasta que luego de 500 años se comprendió la diferencia entre una cachetada y el intento de acabar con el mosquito que como vemos ha sobrevivido al Raid, al raidol y a los repelentes.
De todas maneras no hemos dejado de ser un depósito de s@ngre y un mercado de abasto para los mosquitos. Se inventó el pretexto a modo. La cultura del mínimo esfuerzo, los filósofos y los influencers. Hoy en día hay robots.
Con la modernidad rampante sin embargo las cuevas gozan de cabal salud, esperando el tiempo de un posible regreso de los hombres cuando comían nada más carne, y ellos eran a la intemperie el alimento de otros que los acecharon.
Si voy más lejos, la imaginación me permite afirmar que en una cueva comenzó la educación. Los hijos hacían caso a Papá o de lo contrario vendría el Jaguar, y no era una amenaza «y si ves peligro corre hijo mio y no se lo cuentes a nadie» , en tiempos en que la Ética todavía no existía, al menos para aclarar o justificar nada. Fue ahí cuando comenzó el chipote con sangre sea chico o sea grande para evitar el constante matanga dijo la changa.
Suponiendo sin conceder, o concediendo sin suponer, que no hubiéramos desarrollado las viviendas tal como las conocemos, no habría Fovissste, ni Infonavit, claro que los más fuertes o más listos habrían acaparado las mejores y lo mejor de lo mejor. Esa disputa dio origen a la conflagracion mundial.
Ahora imagine usted el resto adentro de una cueva, que de entrada hoy fuese muy segura a mitad de la sierra donde luego, con más experiencia de miles de años el oso nos hubiera domesticado.
Mientras tanto adentro de la cueva, no obstante se podría vivir en acondicionado, tener refri para guardar la carne de Mamut. Estaría con madre. Una vivienda en una cueva con Tesla a la puerta, sería una fresca idea acompañado de una caguama. Déjeme decirlo ahora que estamos imaginando en este conjunto habitacional que lleva el nombre de un prócer de la CTM.
-Y ya traeme una “caguama».
– no puedo… alguien cortó la liana.
HASTA PRONTO




