Por. Daniela A Plata
Trece mujeres. Cada día. Desde enero hasta el cierre del semestre, 2,425 tamaulipecas pidieron ayuda por primera vez. Nunca lo habían hecho antes. Cifras escalofriantes: 13 por día, 24 horas, siete días a la semana, sin descanso ni pausa.
El Instituto de las Mujeres lo informó el 14 de julio. 5,789 mujeres atendidas. 9,931 atenciones en total. Números que en un informe caben en una tabla, en una gráfica.Detrás de cada expediente nuevo hay una mujer que ya no aguantó, calculó y tomó fuerza y aprovechó la oportunidad para marcar un teléfono.
El INEGI calcula que 61.7% de las tamaulipecas ha vivido al menos un episodio de violencia. Léase bien: 6 de cada 10. Y esa cifra —la que debería avergonzarnos— es la más baja del país. Ese es nuestro mejor lugar en la tabla nacional: ser el estado donde “solo” 6 de cada 10 mujeres ha sido violentada.
Mandamos ubicación antes de salir. Calculamos la hora exacta del regreso. Medimos el tono de la voz antes de contestar, no vaya a ser que el enojo de alguien más se convierta en nuestro problema. Eso no se enseña en una escuela ni se explica en un manual. Se hereda. Se transmite de una generación de mujeres a la siguiente, como una costumbre que nadie eligió pero que todas cargamos.
Y sigue saliendo barato. Tamaulipas continúa sin declarar la alerta de violencia de género, el mecanismo federal de emergencia que ya opera en 24 entidades del país. Aquí no. Aquí tenemos un solo Centro de Justicia para las Mujeres en todo el estado, para atender lo que ya sabemos: trece mujeres nuevas cada día pidiendo ayuda, sin contar a las que todavía no marcan.
No hace falta un catálogo de razones para declarar la alerta: los números ya la piden a gritos, lo único que falta es voluntad. Y aquí se ha optado por administrar la calma en lugar de actuar —boletines que informan sin comprometer, cifras que se presumen como logro cuando son apenas el síntoma de una emergencia que nadie quiere nombrar.
Trece mujeres al día no son una estadística. Son trece decisiones de sobrevivir que se toman a diario en Tamaulipas, mientras el estado sigue prefiriendo administrar antes que actuar.




