Al final del día, después de la tormenta, el diálogo entre la abuela de Dafne Zapata y el gobernador Américo Villarreal Anaya, arrojó un resultado que debió dejar satisfechas a ambas partes.
A la familia de la víctima porque la autoridad empeñó su palabra para se aplique todo el peso de la ley a los responsables, y al mandatario, porque la señora aún en medio de su entendible frustración, le dio un voto de confianza.
Pero el hecho de que haya tenido que ser el gobernador en carne propia quien calmara la tempestad desatada durante la visita oficial a Mante, confirma que una vez más la Secretaría General de Gobierno quedó retratada en toda su ineficiencia.
Sea por deslealtad o por incapacidad, hay dos evidentes responsables del sainete: el Secretario Héctor Villegas González, y el subsecretario, Tomás Gloria Requena.
Ninguno de los dos fue capaz de prever lo obvio: que al acudir el gobernador a la tierra de Dafne Zapata, donde su familia y habitantes han desplegado constantes manifestaciones para que se haga justicia, el asunto llegaría hasta el evento oficial.
Lo que resulta más grave es la confirmación de que, más allá de lo ocurrido ayer, la General de Gobierno se ha mantenido al margen de la crisis que ha causado el feminicidio ocurrido en Ciudad Madero.
Nada nuevo bajo el sol, pues El Calabazo y el ex alcalde de San Fernando han hecho de la ausencia su sello distintivo a lo largo del sexenio.
Una vez más, como ocurrió con muchos otros temas -desde los productores del campo hasta los casos de desaparición- el gobernador se ha visto obligado a resolver por su cuenta, asuntos que debieron haber sido atendidos mucho antes de que estallaran.
Quedan dos dudas: la primera es cuántas crisis tendrá que apagar el gobernador personalmente en lo que resta del sexenio; y la segunda es para qué sirve una Secretaría General de Gobierno que no prevé, no opera y no resuelve.




