La historia cuenta parcialmente los hechos de unos cuantos, el resto sólo creímos verlo. Alguien nos lo contó según su estado de ánimo, llovía y hacía sol en el libre albedrío y habría que creer en los libros de texto o salir reprobado.
Un sonido pasa, atraviesa una línea recta por sobre las casas y sin embargo dio vuelta a la esquina y fue escuchado por un fulano que dijo que era un carro y no un pájaro. Se cansa uno de no ser, de no ser pájaro, al menos imaginarlo.
Se cansa uno de ser el cansado y por eso se levanta el cuerpo temprano y el cuero es un costal cargado de papas, frijoles y queso procesado, diluido por el tiempo vertido una y otra vez en los drenes que corren por debajo del pavimento.
Se cansa uno de no ser el país que dicen y de serlo en los monumentos, en las escolleras de una canción, en la apagada sombra de un foco de luna, del árbol que uno todavía recuerde.
También de ser se cansa uno. De entender que una recta no es lo más corto entre dos puntos. Así que hasta el momentos no he llegado a ninguna parte, porque antes de eso comprendí que no hay meta ni resultado. La vida sigue infinita con o sin nosotros y cada uno nace con su apocalipsis.
No hay rectas, no hay curvas, ni es verdad que vamos ni hemos llegado, lo nuestro es presencia, permanencia efímera, ojos que miramos y otros que nos vieron. Es todo, a lo lejos la niebla se disipa, la niña creció para cuando cruza la calle, los ojos se han cerrado para siempre. Otro par de ojos se abren como años.
Lo más cercano a saber es la nada. Lo más cierto que se ha dicho es el destino donde todo acaba y es olvidado. Una racha de viento borrando los vestigios donde todo se renueva, un ciclo que empieza donde termina otro, el sol saliendo de nuevo por el mismo sitio sin falta con o sin todos, principio y final de un cuento.
Un abrir y cerrar de ojos siendo un parpadeo es la vuelta al mundo, el vacío que se llena, la voz interrumpida por otra más cierta. También la no existencia existe, el mar se derrite en una gota de sudor resbalando por la cara.
Vivir no es lo que dicen ni es lo que pensamos. La vida es todo lo que quieras al alcance de la mano en este instante. Puedes tocarla, conocer el sabor y caminar sin ir muy lejos.
Puedes reir de ti o de mi si crees conocerme, o sin saber quién soy puedes verme como en una foto, sería lo mismo para ambos, dos sujetos frente a frente. Dos personajes, un retrato, dos olvidos, dos recuerdos, dos bicicletas, después nada, el tiempo que ha pasado platicado por otros con su agregado imaginario.
Se cansa uno de no ser el país que dicen y de serlo en los monumentos, en las escolleras de una canción, en la apagada sombra de un foco de luna, del árbol que uno todavía recuerde.
Así es como se ve sin ser. Así es como es y nada es lo que parece, nadie podría saber. Compartimos un espacio movil, un vehiculo, una suma de metros acumulados y perdidos en el rastro invisible de la memoria.
Detrás del biombo hay otro ¿Quién es? Si soy. Soy el día siguiente vestido para una fiesta, uniformado para una guerra injusta. Pero es temprano y debo al despertador el tiempo innecesario.
Se planta así el estudio de mis años, deletreo mientras aprendo a deletrear. Dicen que voy, que alguien me escucha, pero nadie confirma. Soy la fecha, el número, unas cuántas letras encabezando un acta.
Vivimos un época y un sueño y nadie sabría de qué se trata todo esto. Somos el todo y Ia nada, en principio somos lo que tenemos.
Y por tanto no debo cansarme de ser el plástico del mandado, el humo de los carros, la refinería, la radiación de una batería, la farsa, la fachada, el rico, el homo sapiens que hoy no fía. No debo cansarme de ser la culpa, la risa oculta, la farmacia que camina, el cliente perfecto, el único que paga.
HASTA PRONTO




