6 agosto, 2026

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El sueño que Edith nunca abandonó

La tamaulipeca debutó en la Women’s Pro Baseball League de Estados Unidos y escribió un nuevo capítulo en la historia del deporte mexicano
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POR DANIEL VÁZQUEZ

EXPRESO

Hay sueños que tardan años en cumplirse, pero cuando llegan hacen que todo el camino haya valido la pena. El domingo 2 de agosto de 2026 quedó marcado para siempre en la vida de Edith de Leija Sánchez. Ese día, la beisbolista originaria de Aldama, Tamaulipas, debutó con el equipo de Boston en la Women’s Pro Baseball League de Estados Unidos, la liga profesional con la que soñó desde que apenas era una niña.
En entrevista exclusiva para Oé, de EXPRESO, realizada vía telefónica, Edith confesó que, incluso después de pisar un diamante profesional en Estados Unidos, todavía le cuesta creer que ese sueño ya sea una realidad.

“Hay sueños que se cumplen y, aun así, cuesta creer que realmente los estás viviendo. Desde que era una niña soñaba con jugar beisbol profesional y, algún día, hacerlo en Estados Unidos. Hoy puedo decir que estoy viviendo ese sueño”.

Para entender la dimensión de ese logro hay que regresar varios años atrás, hasta Aldama, un municipio tamaulipeco de poco más de 14 mil habitantes, conocido por su tradición ganadera, por albergar El Zacatón, considerado el cenote más profundo del mundo, y por la pasión con la que se vive el beisbol. Fue ahí donde comenzó una historia que hoy inspira a nuevas generaciones.

Edith creció en una familia beisbolera. A los seis años acompañaba a sus padres para ver jugar a su hermano y, sin imaginarlo, aquellas tardes junto al campo marcarían el rumbo de su vida.

“Yo inicié a los seis años. Mi hermano jugaba y yo a veces iba a verlo. Un día mis papás me preguntaron si yo también quería jugar y les dije que sí. De tanto ver cómo jugaban, me gustó este deporte; así comencé poco a poco”, recordó en una entrevista concedida años atrás a Oé-EXPRESO.

Los primeros entrenamientos fueron sencillos, pero suficientes para enamorarla del juego.

“Recuerdo que al principio nos lanzaban pelotas de tenis con la mano y después fuimos perfeccionando la técnica. Fue una etapa muy bonita en lo que llevo en el beisbol y el softbol”.

Mientras otros veían obstáculos por ser la única niña en muchos equipos, ella sólo encontraba oportunidades.
“No batallé porque siempre me apoyaron y siempre hubo respeto por parte de mis compañeros”.

Con el paso de los años apareció un problema que enfrentaban muchas peloteras mexicanas: el beisbol femenil prácticamente desaparecía cuando dejaban las categorías infantiles. Edith encontró en el softbol la oportunidad de seguir creciendo. Viajó durante años de Aldama a Ciudad Victoria para entrenar con Martín Botello, sin abandonar nunca el sueño de regresar al diamante.

Esa perseverancia la llevó a integrar la primera generación de la Selección Mexicana de Beisbol Femenil que comenzó a abrir camino en competencias internacionales.
“Primero se hizo el Nacional de beisbol femenil, seleccionaron a muchachas y estuve yo. Después hubo visorías y al final nos dijeron que íbamos a ser parte de la Selección”.
Con México comenzó a escribir páginas históricas. En República Dominicana fue campeona bateadora y más tarde ayudó al representativo nacional a clasificarse a la Copa Mundial. En 2024 fue reconocida como la mejor tercera base del Mundial de Beisbol Femenil, consolidándose entre las mejores jugadoras del planeta, mientras que en 2025 volvió a destacar con la Selección Mexicana en competencias internacionales.

“Fuimos a Dominicana, nos fue muy bien y quedé campeona bateadora. Me sentí muy contenta de representar a mi país y muy sorprendida con el nivel de otros países”.
La carrera de la tamaulipeca siguió en ascenso. Antes de llegar al beisbol profesional en Estados Unidos conquistó la Liga Mexicana de Softbol con Charros de Jalisco Femenil y posteriormente levantó un segundo campeonato con Diablos Rojos Femenil, logros que la consolidaron como una de las mejores peloteras mexicanas.

Sin embargo, asegura que el aprendizaje más importante ha sido entender que no todo depende de los resultados.
“Hay cosas que simplemente no están en mis manos, pero he aprendido que sí puedo decidir con qué actitud enfrentar cada día. Por eso elijo disfrutar cada momento, aprender de cada experiencia y dar siempre lo mejor de mí. Sé que los resultados llegarán como consecuencia del trabajo y del amor que le pongo a este deporte”.

También reconoce que volver al beisbol después de tantos años dedicada al softbol representó uno de los mayores retos de su carrera.
“Sí estuvo complicado porque tenía mucho tiempo sin jugar beisbol. Todo es diferente: la mecánica, la pelota, pero trabajé muy duro para lograr acoplarme de nuevo al beisbol”.
Cada vez que se coloca un uniforme, Edith sabe que representa mucho más que a un equipo.
“Cada vez que me pongo un uniforme también llevo conmigo a México. Representar a mi país es un orgullo inmenso y una responsabilidad que asumo con todo el corazón. Quiero poner el nombre de México muy en alto y demostrar que el deporte femenino tiene un futuro enorme”.

En cada logro también aparece el respaldo de su familia, quienes la acompañaron desde aquellos primeros entrenamientos en Aldama.
“Todo el esfuerzo, los sacrificios y el apoyo que mis papás dieron a mis hermanos y a mí han valido la pena. Este sueño también les pertenece a ellos. Verlos felices y orgullosos de lo que estoy logrando es una de las mayores recompensas que puedo recibir”.

Y recuerda con claridad el momento en que supo que todo ese esfuerzo comenzaba a dar frutos.
“Cuando me avisaron que había quedado en la Selección, se me vino a la mente todo lo que había trabajado desde chica, todo lo que había pasado para llegar hasta ahí”.
Hoy, con el debut profesional ya cumplido, Edith entiende que el objetivo no termina aquí. Quiere seguir abriendo puertas para las niñas que sueñan con jugar beisbol.
“Si algo quiero dejar con este camino es un mensaje para todas las niñas y jóvenes que aman este deporte, o cualquier otro: no permitan que nadie les diga hasta dónde pueden llegar. Durante mucho tiempo el beisbol femenil tuvo límites que otros intentaban imponer, pero hoy estamos demostrando que los sueños no tienen género”.

Y quizá ninguna frase describa mejor este momento que la que ella misma dedicó a la niña que un día comenzó a perseguir una pelota en los campos de Aldama.
“Mi niña interior es la más feliz de todas. Esa niña que soñaba con llegar lejos hoy entiende que todo el esfuerzo, las lágrimas, las caídas y la disciplina tenían un propósito”.

Hace más de dos décadas, una niña de Aldama tomó un guante porque quería parecerse a su hermano. Hoy, esa misma niña cruzó la frontera para jugar beisbol profesional en Estados Unidos. Entre ambos momentos hubo kilómetros recorridos, derrotas, sacrificios, campeonatos y una lucha constante por abrirse paso en un deporte que durante años le cerró las puertas a las mujeres. El debut con Boston no fue el final de un sueño; fue la recompensa a una vida entera sin dejar de creer.

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