7 agosto, 2026

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Gallegos: nunca se rindió

La temporada todavía no termina y Fernando ya piensa en el siguiente reto. Cuando concluya su participación con Caliente de Durango volverá a hacer lo que ha hecho durante toda su vida: entrenar.
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Por Daniel Vázquez
Expreso

“Volver a lanzar va a ser complicado…”. El pitcher victorense, Fernando Gallegos escuchó esa frase hace apenas un año. Del otro lado estaba un especialista que analizaba las consecuencias de una lesión en el hombro. No era una sentencia definitiva, pero sí un diagnóstico que cambiaba por completo el panorama para un pitcher de 22 años que llevaba meses intentando regresar al béisbol profesional.

Durante unos instantes, el silencio pesó más que cualquier respuesta. Después de años de entrenamientos, de haber firmado con una organización de Grandes Ligas y de luchar por abrirse paso en el profesionalismo, la posibilidad de que su carrera terminara antes de tiempo dejaba de parecer una idea lejana.

“Ahí fue cuando pensé que todo iba a ser todavía más difícil”, recuerda con nostalgia vía telefónica a Oé Deportes.

Lo que Fernando todavía no sabía era que aquella conversación no marcaría el final de su historia, al contrario, sería el comienzo del capítulo más difícil, pero también el más gratificante de su carrera.

Porque un año después de escuchar que volver a lanzar sería complicado, el victorense no sólo regresó al béisbol profesional, también volvió a demostrar que los sueños no siempre se cumplen cuando uno los espera, sino cuando uno decide no dejar de perseguirlos.

“Nunca me di por vencido. Seguí preparándome hasta recuperar mi nivel y volver a un equipo profesional”, aseguró quien trabajó por más de tres años contra lesiones y mala fortuna para estar en donde ahora.

Pero para entender todo esto, hay que retornar a la infancia de Fernando. Una infancia que terminó destinando su vida con el rey de los deportes; primero jugaba futbol, un deporte que no le gustaba, “Me ponían a jugar con los grandes, me pegaban jugando fútbol porque justaba contra grandes y ya no quise ir”, recuerda entre risas.

Su padre, Don Plácido Gallegos, siempre ha sido un apasionado del béisbol. Fernando lo acompañaba con frecuencia a sus partidos y poco a poco comenzó a sentirse atraído por aquel deporte que reunía a familias enteras alrededor de un diamante. Miraba los lanzamientos, los batazos y el ambiente que se vivía alrededor de cada encuentro.

Entonces apareció una persona que, sin saberlo, cambiaría la historia de la familia Gallegos. Un amigo de Don Plácido le hizo una recomendación sencilla, “mételo a jugar béisbol, sino quiere futbol, mételo a nuestro deporte”. 

Como un amor a primera vista, Fernando no batallaba para acudir al béisbol. Se volvió en una rutina, una disciplina… llegando de la escuela, se ponía el uniforme y esperaba con ansias a su padre para que lo llevara a entrenar. Desde entonces demostró la disciplina.

Posterior a todo un largo proceso, Fernando destacó en categorías infantiles y juveniles, fue firmado por Toros de Tijuana en donde entrenó y jugó varios torneos de prospectos, por lo que llamó la atención de equipos de Grandes Ligas y al final firmó con los Mets, una firma que levantó ilusión pero también al final significó el inicio de un martirio.

Toros de Tijuana decidió apostar por aquel joven lanzador nacido en Ciudad Victoria. La noticia cambió por completo la vida de la familia.

Por primera vez Fernando tendría que dejar su casa Recorrer más de dos mil quinientos kilómetros para perseguir el sueño que había construido desde niño.

“Sí fue difícil para mí y para mis papás, pero era comenzar un sueño”. 

En Tijuana descubrió otra realidad. La competencia era mucho mayor y cada entrenamiento representaba una evaluación. Cada salida al montículo podía acercarlo o alejarlo de sus objetivos.

Lejos de intimidarse, Fernando respondió dentro del terreno y su crecimiento comenzó a llamar la atención No solamente dentro de la organización de Toros También fuera de México.

Los reportes sobre aquel joven lanzador llegaron hasta organizaciones de Grandes Ligas, Varios equipos mostraron interés. Al final fueron los Mets de Nueva York quienes levantaron la mano “fue el mejor día de mi vida”.

Para un muchacho que había pasado la infancia esperando a que su padre lo llevara a entrenar, aquella firma representaba mucho más que un contrato. Era la confirmación de que todos los sacrificios habían valido la pena y de que el sueño de llegar algún día a las Grandes Ligas dejaba de parecer inalcanzable.

Sin embargo, cuando todo parecía acomodarse, apareció un obstáculo que nadie podía prever… Lo que seguía parecía ser el siguiente paso natural en la carrera de Fernando. Después de firmar con los Mets de Nueva York vendría el proceso de desarrollo dentro de la organización, las ligas menores y la posibilidad de comenzar el camino hacia las Grandes Ligas. Era la oportunidad con la que soñaba desde niño y por la que había trabajado prácticamente toda su vida.

Sin embargo, el destino tenía preparado otro camino. Un conflicto administrativo entre las ligas frenó la incorporación de varios peloteros mexicanos que habían sido firmados por organizaciones de Grandes Ligas durante ese periodo. Fernando fue uno de ellos. La oportunidad que tanto había esperado quedó en pausa y, con el paso del tiempo, terminó por desvanecerse.

“No fue culpa ni de los Mets ni de Toros. Hubo problemas administrativos, las ligas comenzaron a investigar varias transferencias y todo se detuvo. Después vino la pandemia y ya no pude ir”, recuerda.

La noticia fue un golpe muy fuerte para un joven que apenas comenzaba a abrirse camino en el béisbol profesional. Después de imaginar el siguiente paso en su carrera, tuvo que regresar a la realidad y aceptar que ese sueño tendría que esperar. Durante semanas le costó trabajo entender lo que había ocurrido.

“Sí pensé en dejar el béisbol. Me pegó mucho, porque era una oportunidad por la que había trabajado durante muchos años. Después entendí que todo pasa por algo y hoy lo veo como una lección de vida.”

Cuando parecía que el panorama comenzaba a estabilizarse, apareció un nuevo obstáculo. Las lesiones comenzaron a convertirse en una constante. Primero fueron molestias que parecían pasajeras, pero con el tiempo terminaron alejándolo de la Liga Mexicana de Beisbol durante tres temporadas.

Lejos de rendirse, Fernando decidió seguir haciendo exactamente lo mismo que hacía cuando tenía contrato profesional. Todos los días acudía al gimnasio, trabajaba su condición física y continuaba con sus sesiones de lanzamiento. No existía la certeza de recibir una nueva oportunidad, pero tampoco quería que esa oportunidad lo encontrara sin estar preparado.

“Muchas veces mi papá me preguntaba por qué seguía entrenando tanto. Pero a mí me gusta entrenar. Nunca lo vi como una obligación ni como un trabajo. Es parte de mi vida; incluso muchas veces era una terapia. No me costaba ir al gimnasio o lanzar porque era lo que realmente quería hacer.”

Los días se convirtieron en semanas. Las semanas en meses. Después pasaron los años. Mientras otros peloteros seguían construyendo su carrera dentro del profesionalismo, Fernando trabajaba lejos de los reflectores, intentando recuperar el nivel que las lesiones le habían arrebatado.

El momento más complicado llegó el año pasado. Una lesión en el hombro volvió a detener su preparación y, después de ser valorado por especialistas, escuchó una frase que jamás olvidará.

“Me dijeron que volver a lanzar iba a ser complicado.”

Aquellas palabras lo hicieron pensar por primera vez que el regreso podía no llegar. Sin embargo, decidió cambiar la forma de afrontar el proceso. En lugar de obsesionarse con una nueva oportunidad, concentró toda su energía en recuperar su cuerpo y fortalecer la parte mental.

“Además de la preparación física, la parte mental fue fundamental. Aprendí a enfocarme en el presente, en prepararme día con día y dejar de preocuparme por cosas que todavía no habían pasado.”

Esa mentalidad terminó marcando la diferencia. Mientras muchos habrían bajado los brazos después de tantos años, Fernando siguió entrenando con la misma disciplina que había aprendido desde niño. Sin saberlo, estaba preparándose para el momento que cambiaría nuevamente su carrera.

La llamada llegó cuando menos la esperaba. Mientras participaba en la Liga Norte recibió la instrucción de presentarse con el equipo. Horas más tarde le pidieron que llevara sus maletas porque viajaría con Caliente de Durango. Todo ocurrió tan rápido que le costó trabajo creerlo.

“Recordé todo lo que había vivido un año antes, cuando me decían que quizá ya no iba a volver por la lesión. Ahí entendí que todo sacrificio tiene su recompensa”, explicó.

Cuando subió nuevamente al montículo, los nervios aparecieron de inmediato. Sin embargo, la emoción terminó por imponerse.
“Sentí nervios, pero sobre todo mucha emoción. Pensé que todo lo que había pasado ya había quedado atrás”. 

Hoy Fernando Gallegos vuelve a formar parte de la Liga Mexicana de Beisbol y, además de recuperar el lugar que tanto buscó durante tres años, tiene frente a él la oportunidad de disputar los primeros playoffs de su carrera.

“Si me toca la oportunidad voy a aportar mi granito de arena para ayudar al equipo. Lo importante es estar listo cuando me den la pelota y disfrutar el momento, porque unos playoffs no se viven todos los días”. 

Lejos de guardar rencor por todo lo que vivió, Fernando asegura que cada obstáculo terminó dejándole una enseñanza y que el béisbol jamás ha sido malo con él.

“No siento que el béisbol haya sido injusto conmigo. Todo ha sido un aprendizaje. Las lesiones me enseñaron a cuidar mejor mi preparación, mi alimentación y, sobre todo, la parte mental, la mala suerte, todo pasa por algo”. 

Cuando se le pregunta a quién dedica este regreso, la respuesta llega sin pensarlo: “A mi familia. Ellos nunca dejaron de creer en mí. Siempre estuvieron apoyándome y este logro también es de ellos”. 

La temporada todavía no termina y Fernando ya piensa en el siguiente reto. Cuando concluya su participación con Caliente de Durango volverá a hacer lo que ha hecho durante toda su vida: entrenar.

“Voy a seguir preparándome para llegar todavía mejor en 2027”. 

Hace apenas un año le dijeron que volver a lanzar sería complicado. Hoy vuelve a hacerlo en el béisbol profesional. Y aunque el camino fue mucho más largo de lo que imaginó cuando era aquel niño que cambió el fútbol por un guante, terminó confirmando que la disciplina, la paciencia y la constancia también saben encontrar su recompensa.

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