9 agosto, 2026

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Une el mismo dolor a sobreviviente de Nagasaki y madre buscadora de Tampico

Comparten un abrazo breve y coinciden en que la memoria es la única manera de impedir que la violencia se repita
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Por. Staff

CIUDAD DE MÉXICO.- Yasuaki Yamashita, sobreviviente de la explosión de la bomba atómica de Nagasaki, y Elizabeth Mancha, madre buscadora de Tampico, se miraron como si ya se conocieran.

Él viene de una ciudad aniquilada en 1945 y lleva décadas describiendo la destrucción para que no vuelva a ocurrir.

Ella camina desde hace más de tres años por calles y brechas repitiendo un nombre, Axel Mauricio Martínez Mancha, para que no se olvide y para que no haya un desaparecido más en México.

Cuando Yasuaki abrazó a Elizabeth, el 11 de diciembre de 2025, en un salón del Museo Casa del Risco, durante la presentación de un libro que reúne testimonios sobre memoria y paz, no le habló de Japón ni de México, ni de la guerra ni del crimen.

Le dijo: “Somos lo mismo, ambos buscamos la paz”. No era una metáfora ni un gesto de cortesía: era la descripción exacta de dos vidas organizadas alrededor de una ausencia y de un trabajo: impedir que la violencia tenga la última palabra.

La escena duró menos de cinco minutos y nadie la anunció. No hubo silencio previo ni cambio de iluminación, no existió un murmullo que advirtiera que algo distinto estaba por ocurrir. La fila para la firma de libros avanzaba como todas, con gente acomodando el ejemplar bajo el brazo, preparando el celular para la selfie.

Elizabeth Mancha llegó con una playera que tenía impresa la fotografía de su hijo. Estaba nerviosa, nunca imaginó que su nombre aparecería en un libro ni que alguien le pediría una firma en la página donde comienza su historia: la de la desaparición de Axel Mauricio Martínez Mancha y la búsqueda que sostiene desde entonces por toda la República mexicana, financiada con la venta de dulces que ofrece en el camino.

Yamashita fue la figura de la tarde, dio un discurso poderoso y su presencia tuvo un impacto generalizado, relacionado tanto con su temperamento equilibrado como con el hecho de que forma parte de la organización japonesa Nihon Hidankyo, que fue distinguida con el Premio Nobel de la Paz en 2024 por sus esfuerzos para lograr un mundo libre de armas nucleares.

El sobreviviente de Nagasaki fue quien tomó la iniciativa de acercarse a la madre buscadora. Su abrazo fue breve, igual que el intercambio de palabras. Mancha enmudeció, sintió que el aire se le había vuelto espeso y se le llenaron los ojos de lágrimas.

Quedó impresionada por la manera en que aquel hombre la miró; sin curiosidad, sin solemnidad, sin la compasión a la que se había acostumbrado en los últimos tres años. La vio con reconocimiento.

En entrevista con la revista Proceso, la madre buscadora recordó que lo primero que sintió tras el encuentro fue incredulidad, casi pudor ante la comparación: “¿Cómo se atreve a decir que somos iguales? Jamás. Soy nadie, soy una simple mortal…Yo soy la mujer que levanta la voz para que la gente me escuche cuando grito el nombre de mi hijo. Cada vez que tenga la oportunidad de visibilizar al resto de los desaparecidos, a los hijos de mis compañeras de búsqueda, la voy a aprovechar”.

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