Por: José Alfredo Torres Grimaldo.
Basta con abrir cualquier red social, encender la televisión o sentarse en una comida familiar de domingo para confirmarlo, en México todos somos expertos en economía, analistas políticos y estrategas de seguridad, discutimos acaloradamente sobre el tipo de cambio, la inflación, el populismo y las reformas, pero, siendo honestos, tratamos de construir el techo antes de colar los cimientos.
Antes de la discusiónsobre el partido que tiene la mejor política económica o qué gobernante es el salvador en turno, hay una pregunta fundamental que rara vez nos hacemos, ¿Cuál es la verdadera función del Estado?, si no entendemos los alcances y deberes de la maquinaria estatal, cualquier debate sobre política pública es un diálogo estéril.
En Méxicohistóricamente hemos arrastrado una resaca ideológica muy particular, nos acostumbramos a ver al Estado como una mezcla entre un padre estricto y una fuente inagotable, creemos y afirmamos que la función del gobierno es darnos empleo, fijar los precios para que las cosas sean baratas, construir empresas y resolver cada aspecto de nuestra vida cotidiana.
El discurso del «Estado benefactor omnipotente» es muy atractivo para los políticos en campaña, pero es matemáticamente insostenible y democráticamente tóxico.
Cuando exigimos que elEstado sea el motor central de la economía, olvidamos un principio básico y muchos otros que abordaremos en este nuevo espacio, primero, el gobierno no genera riqueza, solo la administra (y a menudo, con un terrible costo de oportunidad), segundo, cada peso que el Estado gasta subsidia o invierte, es un peso que primero tuvo que extraer de nuestros bolsillos mediante impuestos o deuda.
Si despojamos al Estado de todo ese discurso y nos enfocamos a lo que es realmente, el deber primordial, su razón de existir, es sorprendentemente simple, ser un árbitro imparcial y garantizar las reglas del juego.
La literatura es clara, los deberes estrictos del Estado se resumen en: Seguridad y Justicia, es decir, garantizar que nuestravida y propiedad privada estén a salvo.
Estado de Derecho, ha de asegurar que los contratos se cumplan y que la ley aplique igual para el ciudadano de a pie que para el multimillonario o el político (cero impunidades).
Bienes públicos esenciales e infraestructura. Una red de seguridad subsidiaria, esto quiere decir que se debe Intervenir solo donde la sociedad civil y el libre mercado no pueden llegar, para emparejar el piso de oportunidades (educación, salud básica), no para crear dependencia.
El problema en México es que tenemos un Estado obeso en áreas donde no debería estar metido (manejando empresas energéticas que pierden miles de millones, por ejemplo), pero anémico y ausente en su trabajo principal de darnos seguridad y justicia.
No podemos exigir rendición de cuentas si no sabemos qué cuentas pedir. No podemos hablar de finanzas personales, inversiones o un capitalismo más consciente si no entendemos cómo las decisiones del gobierno distorsionan nuestro poder adquisitivo o nuestras libertades.
Por lo anterior, iniciamos esta serie de orientada a una educación cívica, en economía, finanzas, negocios y políticas públicas.
A lo largo de las publicaciones, vamos a desmenuzar los conceptos que los políticos prefieren que no entiendas. Hablaremos de cómo funciona realmente la economía, de finanzas, de geopolítica, y de cómo el diseño de nuestras instituciones (la gobernanza) afecta directamente tu cartera y tu plan de vida.




