Por: Dr. José Alfredo Torres Grimaldo
Cada vez que se inaugura una obra, se entrega una pensión o se anuncia un nuevo subsidio, los aplausos resuenan y las cámaras capturan el momentocomo si se acabara de hacer un acto de caridad sin precedentes.
A los ciudadanos se nos pide agradecimiento, y en el mayor de los casos seintercambia por el
voto.
Sin embargo, detrás de esto opera uno de los trucos de magia más antiguos y destructivos de la política moderna; me refiero a la «ilusión fiscal».
En nuestra primera columna establecimos que el Estado, en su esencia, no es un generador de riqueza, sino un árbitro y un administrador, hoytoca derribar el mito que sostienen políticas populistas en todo el mundo,recordemos el gobierno no tiene dinero propio; todo lo que gasta es, invariablemente de lo que genera la población.
La ilusión fiscal consiste en hacer creer al ciudadano que los servicios, las obras y los programas sociales son «gratis» o son un regalo del gobierno en turno.
Pero en economía hay una máxima inquebrantable: “No hay almuerzos gratis, alguien siempre paga la cuenta”. Veamos, cuando el Estado decide gastar un peso, solo tiene tres formas de conseguirlo; mediante “Impuestos”, es decir tasa impuesta (sí o sí) directamente a tu salario (ISR) o cada vez que compras o recibes un servicio (IVA).
Según datos del INEGI, más de la mitad de los trabajadores en México están en la informalidad; sin embargo, la ilusión de que «no pagan impuestos» es falsa, pues cada vez que se consume, se financia al Estado a través de
impuestos indirectos.
“Deuda Pública”, si los impuestos no
alcanzan, entonces el gobierno pide prestado, pero la deuda no es magia; es simplemente impuestos futuros. Para dimensionar lo anterior, basta revisar los informes de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP),tan solo el pago de los intereses de la deuda pública en México rebasa el billón de pesos anuales, digamos que simplemente es el costo financiero, semejantetambién, a una hipoteca gigantesca que, nuestros hijos y nietos tendrán que pagar.
Y, por último, imprimiendo más dinero del que se produce o respalda la economía mexicana “Inflación”, esta acción afecta el poder adquisitivo de la moneda y actúa como un impuesto oculto que golpea más a quienes menos tienen.
Es importante recordar que, América Latina tiene una cicatriz histórica de este fenómeno. Por ejemplo, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), Argentina lleva décadas con un Estado obeso financiadoy con programas «gratuitos», con la maquinita de hacer billetes llevaron a la nación sudamericana a inflaciones superiores al 200% anual, pulverizando por completo el salario de los trabajadores.
Entender eso es sumamente importante para una verdadera educación cívica. Si comprendemos que el dinero del presupuesto público salió de nuestros esfuerzos y trabajo, nuestra ópticacambia
radicalmente.
Dejamos de ser ciudadanos esperando las dádivas, para convertirnos en ciudadanos-socios del país, exigiendo un retorno sobre nuestra aportación. Cuando acudimos a un hospital público y no hay medicinas, o cuando la inseguridad te impide abrir un negocio, el Estado no está «quedando mal» con un favor; está cometiendo un fraude, pues incumple un contrato por el cual ya se pagó por adelantado a través de nuestros impuestos.
Dicho lo anterior, es momento de quitar de nosotros frases como “nos dieron” “el presidente regaló”. No se debería hacer caravana con sombrero ajeno dirían los abuelos, un ciudadano inteligente no le da las gracias al cajero del banco cuando le entrega su propio dinero, de la misma forma, un ciudadano educado financieramente no le rinde pleitesía al gobierno por hacer su trabajo con los recursos de la nación. Exigir cuentas claras no es un acto de rebeldía, es el deber más básico de quienes financiamos al Estado.




