19 agosto, 2026

19 agosto, 2026

Un escaño con vista a palacio

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS/ JOSUÉ SÁNCHEZ NIETO

Por. Josué Sánchez Nieto

Hay cargos públicos que parecen venir con brújula incluida. En Tamaulipas, la aguja suele apuntar hacia la Plaza Juárez; para muestra, solo observemos que Francisco García Cabeza de Vaca y Américo Villarreal Anaya pasaron por el Senado antes de llegar a la gubernatura…

Lo que nos lleva a pensar que algo tiene el escaño que, después de ocuparlo, a más de uno le provoca una súbita vocación por despachar desde la plaza “del 15” en Ciudad Victoria.

Por eso conviene mirar hacia el 135 de Paseo de la Reforma en la Ciudad de México. No para adelantar la carrera del 2028, sino porque el Senado es demasiado importante como para reducirlo a una sala de espera electoral.

A diferencia de la Cámara de Diputados, concebida como representación popular, el Senado tiene una lógica territorial y federal; nuestra Constitución asigna a cada entidad dos senadurías de mayoría y una de primera minoría.

Además de legislar, el Senado analiza la política exterior, aprueba tratados, ratifica nombramientos, revisa la estrategia de seguridad y puede intervenir en conflictos entre poderes estatales.

Para Tamaulipas esto no es solamente teoría constitucional. Somos frontera, aduanas, comercio exterior, migración, energía, agricultura y seguridad; muchas decisiones del Senado tocan nuestros puentes, puertos, campos y ciudades.

Por ello, la labor de un senador tamaulipeco no debería limitarse únicamente a votar la agenda de su bancada: tendría que colocar la realidad del estado en la discusión nacional.

Actualmente esa responsabilidad recae en Olga Sosa y José Ramón Gómez Leal, de Morena, electos por mayoría e Imelda Sanmiguel Sánchez, del PAN, por primera minoría.

Los tres registran actividad legislativa. Olga Sosa preside la Comisión de Agricultura y ha impulsado asuntos sobre protección al consumidor, feminicidio y modernización del campo; JR Gómez Leal encabeza la Comisión de Administración y propuso ampliar de uno a diez años las garantías en obra pública, mientras que Imelda Sanmiguel ocupa una vicepresidencia de la Mesa Directiva e integra comisiones de frontera, migración y energía, y ha presentado asuntos sobre el sorgo, el campo tamaulipeco, transparencia y niñez.

El problema no consiste, entonces, en afirmar que no hacen nada; antes bien, la pregunta es otra: ¿qué parte de todo eso ha provocado algún cambio para Tamaulipas?

Presentar iniciativas cuenta, pero no basta. Importa saber cuántas avanzaron, qué dictámenes ayudaron a construir, qué reservas modificaron una ley, cómo votaron en decisiones que afectan al estado y qué gestiones pueden acreditar.

Y sobra decir que un informe legislativo no debería ser un álbum de fotografías y reuniones, sino una cadena verificable entre propuesta, incidencia y resultado.

Tampoco vale vender cada reforma aprobada por la mayoría como logro personal, ni cada discurso opositor como si hubiera detenido por sí solo al oficialismo; por que acompañar una votación no equivale a conducirla y subir a tribuna no siempre significa incidir.

Entre legislar y comunicar que se legisla existe una distancia muy considerable, aunque en redes sociales la suelan recortar con un buen encuadre.

La aparente opacidad del Senado tiene varias causas: sus expedientes son técnicos, la cobertura local es escasa y su trabajo queda disperso entre gacetas, comisiones, votaciones y comunicados.

Es decir, la información existe; falta convertirla en rendición de cuentas comprensible y si bien esa tarea la realizan principalmente periodistas y ciudadanos, los primeros responsables de ello son quienes ocupan el cargo.

Quizá hoy nuestros tres senadores ya se imaginan despachando desde la Plaza Juárez…

Y es cierto: aspirar al puesto no es pecado; pero pretender que el escaño sea únicamente un trampolín sí sería una falta de respeto; si quieren que Tamaulipas los imagine gobernando, primero tendrán que demostrarnos que desde el Senado supieron representarnos.

Porque para cambiar de domicilio político no basta solamente soñar con Palacio: hay que llegar al “Tercer Piso” con trabajo en la maleta.

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