22 agosto, 2026

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Los Godínez gozan de cabal salud 

CRÓNICAS DE LA CALLE / RIGOBERTO HERNÁNDEZ GUEVARA 
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El término «Godínez» , adjetivo que nace al fragor de la burocracia no es lo mismo que burócratas. Godínez es el empleado de oficina donde quiera que se encuentre. Tiene un horario y una espacio en el organigrama funcional de la oficina.

Tiene además la responsabilidad de sacar al buey de la barranca y hacer que todo suceda en lo laboral y en lo social. Son analistas, mecánicos, jardineros, planeadores, y nunca se han llevado bien con los pilotos de la fuerza aérea, esa especie en vías de extinción. 

En algún momento de la vida fuimos Godínez a mucha honra y desde entonces contamos con un capital de ex compañeros que también lo fueron y hay fuertes testimonios de ello. Son verdaderas glorias locales que cuando se jubilan, aún cuando muchos se resisten, ya llevan las medallas de 50 de años trabajados, el colmillo, el barrio de haber servido a miles sino es que a millones de ciudadanos. 

Muchas parejas de Godínez encontraron su quien vive en la oficina. Y tratando de quedar bien todos en equipo lograron una oficina exitosa y una familia de pequeños Godínez. Hay fotos vintage que recuerdan los días de gloria, las celebraciones de cumpleaños, los bautizos de los 500 compadres que ocupa un godines que así se precise.

Hay Godínes que desde una modesta posición de oficina se les recuerda con mucho cariño. Los modernos Godínez lucen ropa de marca, tienen maestría y doctorado, 70 cursos y conferencias con las cuales se superaron. Fueron como en el pueblo, pasaron de la bici, de andar a pata, hasta llegar al carro del año. 

Godínez era el niño que salía en el chavo del 8 cuyo personaje era un tanto distraído y su participación era casi nula, así como de relleno de un salón de clase. Después se llamó Godínez al burócrata que no sacaba su chamba, de los que dijeron que si el gobierno hacía como que les pagaba, ellos harían como que trabajaban. 

Con el tiempo el término se enterneció. Ignoro si por causa de los memes los Godínez gozan de buena salud y hasta ellos mismos reconocen su realidad de Godínez y la generosidad y calidad que aportan en el servicio público. 

Cierto que entre bromas y verás algunos todavía conservan las habilidades de antaño con las que construyeron la vieja escuela. Hoy por hoy no cualquiera es Godínez. Hay que hacer casting, limpiar la imagen del Facebook de fotos sin filtro, mascar dos o tres idiomas, 

Al generalizarse, los Godínez se incorporan a todo aquel oficinista que cumple con su trabajo. Y empezó a verse Godínez por todas partes: en los tacos a la hora del almuerzo con traje y todo, en la calle Hidalgo echándose un taco de ojo, corriendo para alcanzar el micro, llegando justo a la hora, de compras en el supermercado. 

Hay Godínez que no parecen y lo son. Otros parecen y aún habiendo trabajado toda la vida tratando de ser uno de ellos o ellas- maletín, bolsa de chein en riestre- no lo son. Para ser Godínez hay que nacer. No basta con estudiar, echarle chingos de ganas, solo hay que ser y dejarse querer. 

Quizás usted ha sido Godínez toda la vida y no se ha dado cuenta. Cuestión de que usted cuente con los requisitos: y si camina como pato y nada como pato entonces usted es un pato y no un fabuloso Godínez. 

Por lo expuesto anteriormente, como dicen los clásicos, el término Godínez, lejos de ser una etiqueta ofensiva o discriminatoria, resulta como una aspiración de toda persona, ya que el ser Godínez, inmediatamente hace referencia a la parte de la población que esta empleada. Y claro, varias personas quisieran contar con prestaciones, aguinaldo, caja de ahorro. A veces el término se presta a «memes» ;  pero en el fondo deseamos pertenecer, ser uno de ellos. 

HASTA PRONTO 

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