25 agosto, 2026

25 agosto, 2026

Nació para ser campeón

Diego Popa nació en Tamaulipas para ser atleta, para ser kayakista y para ser campeón; la historia del canoista tampiqueño que sueña con ir a unos Juegos Olímpicos
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POR. DANIEL VÁZQUEZ

EXPRESO-LA RAZÓN

TAMAULIPAS, MÉXICO.- Diego Popa nació en Tamaulipas para ser atleta, para ser kayakista y para ser campeón. Con el canotaje en la sangre debido a la herencia de sus padres, quienes también hicieron historia en este deporte, ahora Diego sueña con llegar a unos Juegos Olímpicos y representar a México en la máxima justa deportiva.

Aunque hace poco, y en varias ocasiones a lo largo de su carrera, ha querido rendirse, la pasión y el amor por este deporte terminan por ganarle. Hoy, como medallista de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, mantiene la mirada en el objetivo: trabajar para llegar al éxito y estar en unos Juegos Olímpicos.

SUS INICIOS

Pero esa enjundia y determinación, no salieron de la nada. Desde que estaba en el vientre de su madre, Diego ya tenía la sangre de deportista, y aunque tardó tiempo en descubrirlo, el tiempo puso todo en su lugar y lo guió al camino del alto rendimiento.

Sus padres fueron kayakistas y conocieron de primera mano las exigencias del alto rendimiento. Su padre llegó a unos Juegos Olímpicos representando a Rumania, mientras que su madre fue campeona panamericana como selección mexicana. Sin embargo, durante sus primeros años, Diego no veía el canotaje como el deporte al que dedicaría su vida.

“Pues mis papás fueron kayakistas, y en su tiempo mi papá fue a Juegos Olímpicos, mi mamá fue campeona panamericana, nunca fue como que entrenar desde chico, a mí me llamaba la atención y fue a los 8 años, pero no lo veía como deporte, lo veía como un pasa tiempo, como un momento de diversión y de activarse”, recordó.

DEL TRIATLÓN AL CANOTAJE

Primero apareció el triatlón. La bicicleta fue uno de los elementos que más llamó su atención, pero el agua terminaría por marcar su camino. A los 10 años comenzó a remar mientras continuaba con el triatlón y pronto descubrió que sus mejores condiciones estaban en el canotaje.

“Empecé en el triatlón en el tema deportivo, me llamó la atención por la bicicleta, a los 10 años empecé a remar al mismo tiempo que hacía triatlón, pero me di cuenta que era más talentoso en Canotaje”, explicó.

LAS TRES DE ORO

Por ello, se centró en el remo, ya bajo la tutela de su padre, Diego Popa empezó así un camino con el cual no se arrepiente de vivir. A los 14 años llegó la primera gran prueba. Su padre, que también es su entrenador, detectó las condiciones que tenía Diego y decidió llevar su preparación hacia el alto rendimiento. Aquella decisión cambió por completo su carrera.

“Fue a los 14 años que fue mi primera Olimpiada Nacional, mi papá que es mi entrenador, se dio cuenta que tenía futuro, me dijo que me iba a entrenar, y desde que él me entrenó, todo cambió, ya fue un entrenamiento de alto rendimiento y en mi primera Olimpiada Nacional saqué tres medallas oro”, relató.

Tres oros en su primera Olimpiada Nacional confirmaron que aquel niño que comenzó a remar por curiosidad tenía condiciones para competir al más alto nivel. Para Diego, aquel momento quedó marcado como uno de los más felices de su vida. “Yo me sentí muy bien, fue uno de los días más felices de mi vida”, afirmó.

El cambio hacia el alto rendimiento no representó un golpe tan fuerte para él pues ya conocía el sacrificio y las jornadas exigentes, además de que comenzó a competir rápidamente en eventos nacionales e internacionales.

“No lo sentí muy brusco, porque ya entrenaba muy fuerte y competí en nacionales e internacionales muy rápido y mi entrenador siempre me ha dicho que trabajar es la única forma de llegar al éxito y entrenaba fuerte”, señaló.

SU CAMINO A LA ÉLITE

Pasaron los años y Diego era recurrente en los podios nacionales y en competencias abiertas fuera del país. En Olimpiada Nacional siempre peleó por medallas de oro, y se hizo de un hombre dentro de las categorías infantiles y juveniles.

“Fue una etapa que disfruté, pasé por altibajos, por cosas buenas y otras no tanto, pero disfruté muchas veces, los viajes y representar a Tamaulipas y mi ciudad ha sido lo mejor”, expresó.

PENSÓ EN DEJARLO TODO

Pero incluso con resultados importantes, hubo un momento en que Diego estuvo cerca de dejarlo. Antes de iniciar la temporada en octubre de 2025, los estudios y un momento complicado en su vida lo hicieron cuestionarse si quería continuar.

“Yo no quería presentarme a la Selección Mexicana a pesar de que había dado las marcas, tenía el tema de mis estudios, estaba pasando por un bache, sentía que ya no me gustaba tanto este deporte”, reconoció.

La distancia con el agua, sin embargo, terminó por darle la respuesta, cuando dejaba de remar, comenzó a extrañar aquello que durante años había formado parte de su vida.

“Pero cuando no remaba lo extrañaba, es el momento donde yo me despejo, pero me regresó el amor y esa pasión”, manifestó.

Diego sabe que un atleta también debe aprender a convivir con circunstancias que no puede controlar. Las situaciones dentro de la Selección Nacional y el entorno pueden generar presión, pero para él existe una respuesta: continuar con el trabajo.

“El entorno también influye, como por ejemplo este año ha habido muchas situaciones en la Selección Nacional, pero uno tiene que trabajar ante todas las circunstancias”, sostuvo.

SU MEDALLA MÁS VALIOSA

Entre sus experiencias más importantes está su primera competencia en Rumania. Competir en otro continente y hacerlo bajo una presión distinta convirtió aquella medalla en una de las que más ha disfrutado.

“Yo creo que las medallas que más he disfrutado fue la primera vez que competí en Rumania, la presión que viví antes y fue bonito ganar en otro país, en otro continente”, recordó.

LA RELACIÓN PADRE/ENTRENADOR

La relación con su padre también ha evolucionado, ya que pasaron de ser padre e hijo a compartir una relación entre entrenador y atleta. Con el crecimiento de Diego llegaron nuevas ideas, diferencias y algunos choques, pero también la capacidad de sentarse a hablar, por lo que a pesar de malos momentos, hoy por viven una buena etapa.

“Al principio fue sencillo porque era más joven, pero uno crece y tiene nuevas ideas, y la verdad sí tuvimos muchos choques, pero hemos sabido sentarnos y platicar lo que sentimos y al final yo me di cuenta que él quiere lo mejor para mí tanto deportista y como hijo, yo siento que tenemos la mejor relación de padre e hijo”, explicó.

LA MOTIVACIÓN Y APOYO: SU FAMILIA

La historia deportiva de sus padres también representa una motivación y, al mismo tiempo, una presión. Ambos conocen los sacrificios que exige el alto rendimiento, pero sus logros también colocan una vara alta para Diego.

“Los dos fueron deportistas y están conscientes de los esfuerzos que tienes que hacer, ciertas partes y puntos son complicados, pero me he sabido adaptar, y mis padres me apoyan demasiado, sí hay presión de igualar lo que mis padres hicieron, y yo creo que soy capaz”, aseguró.

En ese camino, su familia ocupa un lugar fundamental. Su padre es la persona con quien más habla sobre cómo mejorar como deportista, mientras que su madre representa una pieza clave en el aspecto emocional.

“Los cuatro pilares son mi mamá, papá, hermano y mi abuela, pero la verdad del que estoy hablando todo el tiempo de cómo mejorar, es mi papá, mi mamá es pieza clave emocionalmente, ha sabido ayudarme en momentos difíciles”, contó.

OBJETIVO: JUEGOS OLÍMPICOS

El siguiente objetivo está definido desde hace años. Diego quiere llegar a unos Juegos Olímpicos. No sólo quiere competir: quiere vivir la experiencia completa, estar en las Villas Olímpicas y representar a México.

“Mi sueño es clasificar a los Juegos Olímpicos, todos los días me imagino estar en unos Olímpicos, tan solo ir y tatuarse los aros, sería mi primer tatuaje”, expresó.

Desde pequeño, las imágenes de los Juegos Olímpicos alimentaron ese sueño. Mientras otros niños veían las competencias, Diego comenzó a imaginarse algún día dentro de ese escenario.

“Lo que yo siempre hacía es ver videos de las competencias de los Olímpicos, sueño con estar en las Villas”, recordó.

Pero Diego también entiende que la carrera deportiva tiene un límite. Por eso, mientras busca llegar a los Juegos Olímpicos, se prepara para el futuro. Está por cursar la Universidad en línea y estudiará Administración de Empresas.

“Estoy por cursar la Universidad en modalidad en línea, voy a estudiar Administración de Empresas, el deporte se acaba y tengo que estar listo para cuando pase”, explicó.

El presente, sin embargo, exige concentración total. Su preparación contempla alrededor de dos horas en el agua y otras dos en el gimnasio. En las etapas de mayor exigencia, la jornada puede extenderse entre cuatro y seis horas.

“Primordialmente el entrenamiento es en la tarde, alrededor de dos horas en agua y luego dos horas en el gimnasio, si es una preparación muy pesada, pueden ser de cuatro a seis horas”, detalló.

LAS HUELLAS DEL ÉXITO

Ese sacrificio deja marcas. Sus manos llevan las señales de las horas sobre el agua y para Diego esas marcas son un recordatorio de lo que debe hacer para mejorar.

“Esa foto fue la Olimpiada Nacional en Jalisco, el deporte es sufrimiento, pero uno aprende a convivir con ese sufrimiento, yo no puedo vivir sin ese sufrimiento, a veces que yo veo mis manos con las marcas, me recuerda que tengo que sufrir para mejorar y llegar a mis metas”, señaló.

UN SUEÑO HECHO REALIDAD

Después de conquistar una medalla para México en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Diego tiene claro que todavía falta camino. La emoción de subir al podio no representa el final, sino una nueva motivación.

“Fue una emoción indescriptible, ganar una medalla para México en esta competencia ha sido algo que siempre soñé y que me motiva a seguir adelante”, afirmó.

El agradecimiento también está presente. Diego reconoce a su familia y a sus entrenadores Alexander y Luis Lomas como parte de este proceso, pero sabe que los resultados que busca todavía están por construirse.

“Agradecer a mi familia, a mis entrenadores Alexander y Luis Lomas, por siempre apoyarme, apenas es el comienzo y lo que vamos a lograr ni siquiera lo imaginamos”, expresó.

Y si pudiera hablar con aquel Diego que alguna vez quiso dejar el canotaje, le pediría lo mismo que hoy se exige a sí mismo: mantenerse enfocado, no distraerse y continuar por el camino que eligió.

“Que no se distraiga, que siga en el camino, que siga enfocado en el objetivo. Y al Diego que quería dejar el Canotaje le diría que: todo pasa, no hay sufrimiento que no pase y en todo se pueda mejorar”.

El kayakista tamaulipeco ya tiene una medalla internacional y una historia familiar que lo respalda, pero ahora busca escribir su propio capítulo, con la mirada puesta en el escenario que desde niño imaginó frente a un televisor: unos Juegos Olímpicos.

El camino es incierto, con obstáculos, con buenas experiencias y otras no tanto, pero algo hay seguro… Diego Popa no se va a rendir y va a intentar hasta el último aliento por conseguir lo que se ha propuesto con ese ADN de campeón.

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