Por Raúl López García
EXPRESO-LA RAZON
CIUDAD VICTORIA, TAM.- En uno de cada tres hogares de Tamaulipas, una mujer lleva las riendas. Son madres, profesionistas, comerciantes, trabajadoras, emprendedoras o mujeres dedicadas al cuidado de sus familias.
No todas son madres solteras ni todas viven sin pareja, pero tienen algo en común: son la persona de referencia de su hogar y, en muchos casos, quienes toman las principales decisiones económicas y familiares.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 335 mil 971 hogares tamaulipecos tienen jefatura femenina, lo que representa 31.4 por ciento del total.
El dato refleja una transformación en la estructura de las familias del estado: la mujer dejó de ocupar únicamente un papel secundario en la economía doméstica y cada vez aparece con mayor frecuencia como responsable principal del hogar.
Pero detrás de cada cifra hay una historia distinta.
Está la madre que trabaja para pagar la renta y los alimentos de sus hijos; la mujer que emprendió un pequeño negocio después de una separación; la profesionista que sostiene su casa mientras desarrolla su carrera, o quien, aunque no tiene un empleo remunerado, lleva la responsabilidad cotidiana de su familia.
El mercado laboral ayuda a entender parte de este cambio. Durante el segundo trimestre de 2026, 680 mil mujeres formaban parte de la Población Económicamente Activa (PEA) de Tamaulipas. Sin embargo, la participación económica femenina fue de 45.1 por ciento, frente al 72.7 por ciento de los hombres, una diferencia que muestra que la incorporación de las mujeres al mercado laboral todavía está lejos de ser igualitaria.
Aun con esta brecha, 659 mil tamaulipecas tenían un empleo entre abril y junio de este año.
La cifra muestra el peso de las mujeres en la economía estatal, pero también plantea una pregunta: ¿qué ocurre cuando una de ellas es, además, la principal responsable de un hogar y de sus hijos?
La respuesta no siempre es estabilidad. Casi la mitad de las mujeres ocupadas enfrenta condiciones de informalidad laboral: la tasa femenina fue de 46.1 por ciento durante el segundo trimestre de 2026. Además, 156 mil mujeres trabajaban en el sector informal, lo que puede representar ingresos menos estables y menor acceso a prestaciones laborales.
Para una mujer que sostiene sola a sus hijos, perder un empleo formal puede significar perder al mismo tiempo seguridad social, prestaciones y un ingreso fijo. Si trabaja por su cuenta o en la informalidad, mantener los gastos de una familia puede depender de cuánto venda, cuánto trabaje o cuántos clientes consiga durante la semana.
También existe otro grupo que pocas veces aparece en las historias sobre mujeres trabajadoras: quienes no tienen un empleo. En Tamaulipas, 828 mil mujeres formaban parte de la población no económicamente activa, equivalente al 54.9 por ciento de las mujeres de 15 años y más. El propio INEGI señala que entre las razones para no estar disponibles para trabajar se encuentran las obligaciones familiares.
Una mujer puede ser la jefa de su hogar y no recibir un salario porque dedica su tiempo al cuidado de sus hijos o de otros integrantes de la familia. Por ello, jefatura femenina y autonomía económica no son sinónimos. Una mujer puede llevar las riendas de su casa y, al mismo tiempo, enfrentar una fuerte dependencia económica.
Hay, sin embargo, señales positivas en el mercado laboral.
El desempleo femenino descendió: en el segundo trimestre de 2026 había 21 mil mujeres desocupadas, seis mil menos que un año antes.
La tasa de desocupación femenina pasó de 3.8 a 3.0 por ciento.
El fenómeno también obliga a mirar más allá de la etiqueta de “madre soltera”. No todas las mujeres jefas de hogar están divorciadas, separadas o solteras. La estadística de jefatura femenina incluye distintas estructuras familiares. Lo que sí revela es que la mujer ocupa un lugar cada vez más visible en la organización económica y social de los hogares tamaulipecos.
Tamaulipas está cambiando la fotografía de sus hogares.
Ya no es excepcional que una mujer sea quien sostenga, administre y tome las decisiones de una familia: ocurre en prácticamente uno de cada tres hogares.




