27 agosto, 2026

27 agosto, 2026

Trump recurre a nuevas sanciones contra Irán: mucho ruido y pocas nueces

Faljoritmo/Jorge Faljo

Trump declaró en este agosto de 2026 una nueva fase en la ofensiva contra Irán a la que llamó el día “D” de la guerra económica. El nombre proviene del día en que inició el desembarco aliado en las costas de Francia en la segunda guerra mundial. A pesar de su alto costo en vidas fue exitoso en establecer un nuevo frente de batalla en Europa que, sumado al frente ruso terminaría por derrotar a Alemania.

Ahora Trump anunció de la manera rimbombante que acostumbra, una nueva fase en la guerra contra Irán. Anteriormente Trump ha anunciado la destrucción total de las capacidades iraníes para procesar uranio; la destrucción de su flota naval, aérea y de lanzamiento de misiles; el cambio de régimen derivado del asesinato de sus líderes religiosos, políticos y militares; en diversas ocasiones ha presumido el control del estrecho de Ormuz; ha manifestado su intención de que esta vía de navegación sea parte del territorio de los Estados Unidos y cobrar una tarifa por el tránsito de buques; ha dicho que Irán le ruega reanudar negociaciones y, en general, ha anunciado su victoria.

No obstante la guerra continúa e Irán tiene el control efectivo de la más importante vía de navegación del mundo. Por el estrecho de Ormuz pasaba el 20 por ciento del petróleo mundial y porcentajes similares del gas, de los fertilizantes, el helio y otros insumos estratégicos para la producción industrial y agrícola de todo el planeta.

El secretario del tesoro norteamericano, Scott Bessent, anunció el día D, que sería la mayor ofensiva financiera nunca antes hecha. La república islámica de Irán habría de colapsar con las mayores sanciones de la historia. Son ellos o nosotros, añadió Bessent, y es tiempo de que nuestros aliados y el mundo entero decidan acabar con el régimen iraní. Es decir que esta ofensiva requiere la participación de terceros países para operar un bloqueo efectivo.

Sin embargo la también llamada Operation Economic Outcast, que podría traducirse como Operación Marginación Económica, nació manca, nada que pueda ser contundente. Las nuevas sanciones incluyen varios sectores económicos pero no la exportación de petróleo, que en cerca del 90 por ciento se dirige a China. Bessent no señaló acciones específicas y ante pregunta expresa se negó a mencionar a los bancos chinos. Esta operación de supuesta gran envergadura se promovería mediante negociaciones diplomáticas con los terceros países que mantienen relaciones comerciales y financieras con Irán, y su instrumentación sería gradual, sin plazos específicos.

Es decir que el tono agresivo se convirtió en la práctica en un llamado moral a acabar con un régimen calificado de siniestro.

Uno de los primeros países en reaccionar fue China que señaló que no se uniría a sanciones ilegales, no autorizadas por las Naciones Unidas. China indicó que defendería sus legítimos intereses, en este caso se refiere a abastecerse con petróleo iraní, con todas las medidas que estime necesarias. Otros países claramente no participantes en el futuro bloqueo son Rusia y Pakistán, mientras que muchos más no han expresado su posición.

Irán reaccionó con declaraciones de distinto tono. Desde la esfera militar, de seguridad y de política económica señalaron que las nuevas sanciones fracasarían. También indicaron que Irán atacaría las empresas norteamericanas instaladas en la región y que consideraría como país enemigo a todo aquel que se sume a las sanciones. No obstante las posibles acciones bélicas contra estos enemigos se ejercerían solo después de un dialogo diplomático.

Irán acostumbra responder a todo ataque a un nivel similar de contraataque. Es posible que en este caso, al señalar que su primer paso sería el dialogo diplomático, este imitando la posición de Bessent de promover el bloqueo gradualmente y de manera diplomática. De momento parece que la más reciente fase de la guerra, el anunciado bloqueo comercial y financiero internacional contra la economía iraní se quedará al nivel de confrontación mediática; mucho ruido y pocas nueces.

Puede decirse que Trump recurre a incrementar las sanciones debido al fracaso de las acciones militares. Y recurrió a la guerra directa debido al fracaso de décadas de sanciones y guerras indirectas, tales como la guerra de Irak contra Irán en los años ochenta que causó cientos de miles de muertos en ambos bandos. O las guerras entre los aliados de Irán en Líbano, Yemen y Palestina por un lado y el gran aliado regional norteamericano, Israel y las monarquías árabes del golfo Pérsico, por otra parte.

Trump no encuentra una salida digna, que le permita proclamar victoria y retirarse. Su interés básico es que fluya el petróleo y los otros elementos estratégicos de la región sin que Irán controle el estrecho de Ormuz. Por ese motivo firmó el 17 de junio el Memorándum de Entendimiento que en el papel aceptaba todas las exigencias de Irán pero sin la menor intención de cumplirlas.

Para Irán la única opción aceptable es que Trump cumpla lo que firmó y que incluye: paz en toda la región, con el retiro israelí de Líbano, Gaza y Cisjordania; el fin de todas las sanciones; que se le regresen los muchos miles de millones de dólares congelados por Estados Unidos; indemnización por los daños causados por la guerra y, por supuesto, el control futuro del estrecho de Ormuz, incluyendo el cobro de derechos de paso.

No se ve una salida viable a esta situación. La situación política interna en los Estados Unidos no permite eliminar las sanciones, regresar los activos congelados y pagar una indemnización. Tampoco la salida de la presencia militar norteamericana en la región y aceptar el control iraní del estrecho. Sería una derrota peor que la de Vietnam o Afganistán; encumbraría a Irán como potencia regional y alteraría todo el actual balance del poder económico militar global.

Más difícil sería que el mayor triunfador de esta guerra acepte retirarse a sus fronteras legales. Israel ha ampliado su territorio posesionándose de la mayor parte de Gaza, y de áreas relevantes de Líbano y Siria. También está ampliando su colonización de Cisjordania expulsando a la población originaria. La influencia política del lobby israelita en el congreso norteamericano, sustentada en fuertes donativos económicos a las campañas políticas, y la influencia que aún tiene, aunque en declive, entre los cristianos evangélicos, imposibilita en la práctica que Trump pueda cumplir con el primer punto del Memorándum de Entendimiento que firmó: la paz en toda la región.

Irán se sostiene en sus exigencias y está decidido a que está guerra castigue de tal manera a sus enemigos que nunca más se atrevan a atacarlo. Lo que hace que el conflicto se convierta en una interminable guerra de desgaste en la que posiblemente gane aquel que tenga mayor capacidad de soportar el sufrimiento.

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