28 agosto, 2026

28 agosto, 2026

3.- CSP II. Asistencialismo sin desarrollo; votos, no bienestar

INDICADOR POLITICO / CARLOS RAMÍREZ
Facebook
X
WhatsApp

El presidente Andrés Manuel López Obrador presentó su Plan Nacional de desarrollo con frases políticas y la presidenta Claudia Sheinbaum hizo el esfuerzo por diseñar su Plan México como una verdadera estrategia de desarrollo, pero se quedó en la fase también retórica porque requería de lo que nadie se ha atrevido a encarar desde la crisis de 1976: la definición de un nuevo modelo de desarrollo.
En busca de un camino para ser operativo al Plan México, Palacio Nacional buscó asesorías de organizaciones extranjeras –Mazzucato y otro donde participaba George Soros–, pero se encontró con el planteamiento de que se necesitaba de una reorganización total de la política económica, la estrategia de desarrollo y el modelo productivo en la industria, el campo y los servicios.
Y como apenas hay dinero para la estrategia asistencialista de transferencia directa de recursos, los propósitos de dinamizar el Plan México quedaron archivados. El problema ha sido que la única expectativa que tiene el gobierno federal actual es depender de la participación mexicana en el Tratado de Comercio Libre sin reestructuración productiva y sólo como maquiladora y luego consumidora de importaciones.
Por ello, el escenario que tendrá la presidenta Sheinbaum para arrancar su tercer año de gobierno es un escaso crecimiento de 1.5% promedio del PIB, con algunos repuntes que lo acerquen a 2% pero pagando la cuota que la incapacidad productiva y de consumo y repuntes inflacionarios.
La presidenta Sheinbaum se encontró con una triple herencia: el modelo de desarrollo populista que estalló en pedazos en 1982, el neoliberalismo salinista con el Tratado de 1994 a 2018 y el proyecto de Gobierno de López Obrador que no modificó las dos anteriores estrategias y le sumó la propia que fue la de gastar en proyectos personales con escasa repercusión en la economía, confiar en las exportaciones y destinar recursos presupuestales a obras como elefantes blancos que se convirtieron en un fondo perdido como el Fobaproa II: subsidiar la ineficacia.
A ello hay que agregar la herencia maldita que viene desde la Carta de Intención de Política Económica de México con el Fondo Monetario Internacional que se firmó simbólicamente el 16 de septiembre de 1976 y a través de la cual México se comprometió a aplicar el modelo antiinflacionario de ese organismo basado en una estabilidad macroeconómica por el lado de la demanda: menor gasto público, menor circulante monetario y PIB bajo para no sobrecalentar la economía.
En este contexto, las expectativas del PIB como el motor del crecimiento económico –sin desarrollo– se moverán entre el 1%-2%, porque arriba del techo de crecimiento aumentaría de la inflación y se rompería todo el sistema económico, pero sin cumplir con el compromiso planteado por López Obrador en la demagogia de su campaña de que México terminaría los dos últimos años de su sexenio con un PIB de 6% para consolidar un promedio de 4% anual durante seis años.
El sexenio del presidente López Obrador tuvo un crecimiento promedio anual del PIB 0.8%, y el PIB promedio anual de Sheinbaum en 2025 y 2026 se perfila a 1.2%, lo cual daría una dimensión del fracaso del Tratado porque las exportaciones no se reflejaron en crecimiento económico, ni menos aún en aumento del nivel de vida de los mexicanos.
El éxito de la política social de la 4T se resume en el hecho de que disminuyó la pobreza salarial por aumentos basados en decisiones políticas y no en productividad ni estabilidad y por transferencias directas a través de becas regaladas, pero la llamada pobreza multidimensional que abarca educación, salud, transporte y otras variables sociales siguen bajando el nivel de vida de la mayoría de las familias mexicanas.
Y el dato más importante que señala el fracaso del desarrollo en el neoliberalismo salinista 1989-2018 y en el neoliberalismo populista 2018-2030 se encuentra en las cifras que hablan de la incapacidad de potenciar el desarrollo nacional: el 55% de la población económicamente activa se localiza en la informalidad con salarios bajos y cero prestaciones, el 80% de los mexicanos tiene de una a cinco restricciones sociales y el 75% de los trabajadores padece ingresos de uno a dos salarios mínimos.
La decisión de Palacio Nacional de enfriar las expectativas del Plan México ante las recomendaciones de Mazzucato y la Fundación Soros dejó en el ambiente nacional la certeza de que no habrá ningún intento de empujar el nuevo modelo de desarrollo de la 4T porque los recursos presupuestales están etiquetados en dinero regalado al ejército electoral de reserva –la mano de obra que no produce pero que tiene cualquier tipo de becas–, se destinan a pagar el Fobaproa de Zedillo y a sostener las obras de elefante blanco de López Obrador cumpliendo con el compromiso con el FMI de disminuir el circulante monetario.
En este sentido, el segundo sexenio de la 4T será de bajo crecimiento sin desarrollo, como viene siendo desde 1982.

-0-

Política para dummies: la política mide el bienestar por el nivel de vida de los ciudadanos.
carlosramirezh@elindependiente.mx
http://elindependiente.mx
@carlosramirezh

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

Indicador Político
Twitter: @ElIndpendiente

DESTACADAS