INEGI reportó el jueves 27 de agosto que las exportaciones mexicanas alcanzaron los 81.4 mil millones de dólares en el mes de julio. Un alza de 43.7 por ciento respecto al año pasado. Se trata de un incremento muy substancial, el mayor de los últimos cinco años debido en particular al incremento en las exportaciones de equipos de cómputo y electrónicos a los Estados Unidos. Destaca una transformación estructural en la que ahora las exportaciones no automotrices alcanzaron el 73 por ciento de las ventas al exterior.
Importa señalar que Estados Unidos muestra un gran auge en las inversiones relacionadas con inteligencia artificial. Este el sector puntero en crecimiento del producto en los Estados Unidos; en contraste el resto de la economía norteamericana muestra un dinamismo más bien débil.
Otro record de la economía nacional fue la captación de casi 35 mil millones de dólares de inversión extranjera directa –IED-, en el primer semestre de 2026. Solo 2.7 miles de millones de dólares fueron de nuevas inversiones y el resto, 92.2 por ciento, fueron reinversiones o cuentas entre empresas ya instaladas en México. Se trata de empresas ya existentes que prefieren fortalecer su presencia en México a repatriar sus ganancias.
Tales datos van de la mano a que Banco de México elevó su proyección del crecimiento de la economía en 2026 a 1.5 por ciento; más que el 1.1 que preveía en el reporte del primer trimestre del año.
Sin embargo este trio de buenas noticias (exportaciones, IED y crecimiento), no se refleja positivamente en el empleo, ni en el ánimo de los inversionistas nacionales. De julio de 2025 al mismo mes de 2026 la población ocupada se redujo en 45 mil personas. De hecho el periodo 2024 – 2026 es uno de los más débiles en creación de empleo formal desde el 2003.
La calidad del empleo también presenta dificultades. De julio de 2025 a julio de 2026 la población ocupada en condiciones de informalidad se incrementó en 22.6 miles de personas, mientras que en el sector formal se cancelaron 67,938 plazas. La tasa de informalidad laboral alcanzó al 56.2 por ciento de la población. Total de 60.8 millones
Podría pensarse que la voluntad de incrementar la producción de exportación se encuentra en auge. Sin embargo datos de la COPARMEX derivados de 4,021 encuestas levantadas entre sus asociados, indican que el ánimo de las empresas mexicanas para invertir registró su mayor caída anual desde 2020
Es indudable el notable crecimiento del sector más globalizado de la economía, el transnacional. Pero una visión más amplia en cobertura de la producción y con visión de largo plazo apunta en sentido contrario a lo que se resalta en las primeras planas de esta semana reciente.
El INEGI en su último Indicador Global de la Actividad Económica nos indica que de 2018 a junio de 2026 la actividad económica nacional creció un modesto 6.8 por ciento. Desglosado, el crecimiento fue de 6.8 en las actividades primarias (agrícolas); de tan solo 2 por cientos en las secundarias (minería, electricidad, construcción y manufacturas y de 9.4 en las terciarias (comercio, transporte, servicios financieros).
La manufactura tiene una particular importancia para la evolución económica y el empleo productivo en todo país. En México la industria manufacturera creció un 5.6 por ciento de 2018 a junio de 2026. Un ritmo de incremento por abajo del de la población. Lo más preocupante es que es un bajo dinamismo que tiende a empeorar. Del primer semestre de 2023 al similar de 2026 la producción manufacturera cayó 1.42 por ciento y buena parte de esta caída se acumula en la baja de 1.2 por ciento en el año más reciente.
Tenemos a la vista un agudo contraste entre el éxito exportador de una minoría de grandes empresas que reinvierten en México pero sin consecuencias positivas visibles para jalar en la misma dirección positiva al resto de la manufactura nacional. Tampoco para contrarrestar la evidente pérdida de empleo formal y el incremento de la población que trabaja en condiciones de precariedad laboral.
Es una señal clara de que incluso el mayor éxito del sector transnacional exportador no contribuye de manera substancial al crecimiento económico de México cuando al mismo tiempo ocurre un deterioro generalizado de la producción, el empleo, y la dignidad laboral en el resto de la economía nacional.
No es que tengamos dos tipos de información presentes en los medios. En la práctica las buenas noticias dominan las ocho columnas de la información. Pero son en general noticias coyunturales de sectores minoritarios de la producción y el empleo. La buena noticia del ultimo día, semana o mes que opaca la información de fondo, de largo plazo y referido al conjunto de la economía y la población en deterioro.
El crecimiento de las exportaciones y la atracción de inversión externa son dignos de celebrarse. Pero no por ello ignoremos su fragilidad. México está aprovechando una coyuntura muy particular; el conflicto comercial entre los Estados Unidos y China, Canadá y buena parte de Europa. Trump amenaza a Canadá con aranceles incluso a productos cubiertos por el acuerdo del TMEC. Esto debe ser motivo de atención en la medida en que señala que para el presidente norteamericano ningún acuerdo es permanente y mucho menos un obstáculo a sus ocurrencias.
México necesita construir espacios productivos en la manufactura y en la producción agrícola asociados al incremento paralelo del consumo nacional y no a las veleidades políticas del exterior. No solo estas son una amenaza, también lo son las guerras en Ucrania y Medio Oriente y el cambio climático.
JPMorgan, el mayor banco de inversión de Estados Unidos, publicó este 15 de agosto un reporte titulado “La Seguridad Alimentaria es la Seguridad Nacional; una tormenta en formación”. En el señala varias fuentes de inseguridad alimentaria de las cuales las dos principales son la caída en el suministro global de fertilizantes debido a la guerra en Medio Oriente y la probabilidad de que El Niño se convierta en un evento climático que reduzca la producción de alimentos. Tal combinación puede dar lugar a incrementos relevantes en el abasto y precio de los alimentos que afectarían sobre todo a países altamente dependientes de importaciones.
La evolución de la economía nacional deja mucho que desear. El sector altamente globalizado no va a solucionar el deterioro del resto de la economía y más tarde que temprano la política social será insuficiente para atender las necesidades de una población sin acceso al empleo productivo. Además el entorno político externo se muestra crecientemente errático y los conflictos bélicos y el deterioro ambiental que todavía parecen alejados terminarán por impactarnos.
Hay que esperar lo mejor mientras el país se prepara para lo peor.




