Se dice que la sinergia es la acción conjunta de dos o más elementos cuyo efecto final es superior a la suma de sus efectos individuales. En palabras sencillas: el todo es mayor que la suma de sus partes. Cuando varios factores cooperan y trabajan hacia un mismo objetivo, pueden conseguir un resultado que difícilmente alcanzarían actuando por separado.
Después de siete jornadas debo reconocer que solamente he visto un par de partidos de nuestro equipo, Correcaminos. Sin embargo, después de haber tenido la oportunidad de dirigir y conocer la realidad de lo que se vive dentro del club —y no solamente lo que se dice o se observa desde afuera—, me doy cuenta de que pasa el tiempo y siguen existiendo detalles en los que se debería trabajar para conseguir un bien común entre todas las partes.
Hablando del cuerpo técnico, me parece que es un grupo muy capaz y que el plantel está en buenas manos. Claro que todos queremos resultados desde las primeras jornadas, pero soy de la idea de que muchas veces la cosecha comienza a verse durante los siguientes seis meses. Es ahí cuando podemos saber si un grupo realmente va a responder o, de plano, no da para más.
Si los resultados llegan antes, qué maravilla. Aun así, considero que es a partir de una segunda temporada cuando debería comenzar a reflejarse una verdadera consolidación. A mi parecer, este torneo será importante para evaluar el proceso. El cuerpo técnico tiene experiencia en la división y confío en que puede hacer bien las cosas.
En cuanto a los jugadores, al ser prácticamente todos nuevos, con excepción de uno, me parece que llegan con ganas de trascender, hacer las cosas diferentes y mostrarse para conseguir mejores oportunidades. De eso no me queda duda.
Pero después vienen otros aspectos igual de importantes: directiva, afición, porras, medios de comunicación y todas las personas que trabajan alrededor del club.
Para que Correcaminos consiga sus objetivos se necesita una directiva con visión y, sobre todo, con proyecto. Y no hablo solamente de un proyecto deportivo, porque si preguntáramos a todos los clubes del mundo cuál es su objetivo, seguramente todos responderían que quieren ser campeones.
El verdadero reto es tener perfectamente identificado hacia dónde apunta la institución más allá de ganar partidos. Se necesita un proyecto integral en el que cada una de las áreas muestre trabajo y resultados. No solamente dentro de la cancha, sino fuera de ella. Un ejemplo es el área de comunicación, donde actualmente se están intentando hacer cosas diferentes.
También es importante que los cuerpos técnicos de las demás divisiones trabajen de la mano y se pongan a disposición del cuerpo técnico del primer equipo. Que cada persona dé lo mejor desde el lugar que le corresponde: entrenadores, jugadores, administrativos, jardineros, choferes y cada uno de los trabajadores que forman parte del club, porque todos son importantes para que una institución funcione.
La afición sabemos que está lastimada después de varios años en los que las cosas no han salido de la mejor manera. Sin embargo, si algo tiene la afición de Victoria es que procura asistir al estadio. Algunos por amor al Corre, otros quizá porque no hay muchas opciones de entretenimiento en la ciudad, pero, al final, la gente responde y apoya cuando se le necesita.
También es cierto que en redes sociales existe un sinfín de comentarios negativos hacia la institución. Después de tantos golpes es entendible cierta desconfianza, pero quizá también ha llegado el momento de comenzar a apoyar, exigir cuando sea necesario y, al mismo tiempo, volver a creer.
Las porras, por su parte, nunca han dejado de alentar. Han estado presentes precisamente en los momentos más duros y críticos del club. Por eso también deben formar parte de esta sinergia. Si alguien ha estado en las malas, son ellos. Lo digo porque los he visto en el estadio alentando, cantando, exigiendo e incluso reclamando a los jugadores cuando consideran que es necesario, pero siempre presentes.
Los medios de comunicación también juegan un papel fundamental. Son una vía para contar lo que sucede alrededor del equipo, mostrar el día a día e incluso ejercer presión sobre jugadores, cuerpo técnico y directiva cuando las circunstancias lo ameritan.
Pero siempre desde la verdad, no desde el amarillismo.
Se puede cuestionar y señalar lo que está mal sin destruir todo lo que sucede alrededor del Corre simplemente porque algo o alguien no es de nuestro agrado. De la misma manera, tampoco se deberían pasar por alto temas importantes solamente porque las cosas nos están yendo bien.
Hay que comunicar lo bueno y lo malo. Señalar cuando sea necesario, reconocer cuando corresponda y, sobre todo, hacerlo pensando en construir para que Correcaminos vuelva a ser protagonista.
Porque al final de eso se trata la sinergia.
Señores, basta de egos, de divisiones y de querer perjudicar más allá de lo deportivo.
El fútbol de nuestra ciudad necesita de la suma de todas sus partes. Necesita que cada quien haga bien lo que le corresponde, que existan diferencias y críticas, sí, pero también un objetivo común.
Directiva, cuerpo técnico, jugadores, trabajadores, afición, porras y medios de comunicación.
Ninguno puede hacerlo solo.
Si realmente queremos volver a ver a Correcaminos donde todos deseamos, quizá sea momento de entender algo muy sencillo:
el todo siempre será más fuerte que la suma de sus partes cuando todas esas partes deciden caminar hacia el mismo lugar.
Eso es sinergia.
Y hoy, más que nunca, necesitamos una verdadera Sinergia Naranja.




