8 octubre, 2026

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Las Piezas y las Razones

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS/JOSUÉ SÁNCHEZ NIETO

Existen momentos claves de una Legislatura y uno de los más importantes es cuando se acerca a su último año; ahí conviene mirar quién ocupa la Tribuna, pero también quién se queda detrás del telón. Mientras unos calculan su siguiente candidatura, alguien debe garantizar que el Congreso funcione, incluso cuando la misma política lo incendia.

El 10 de septiembre, en sesión extraordinaria, el Congreso de Tamaulipas aceptó la renuncia irrevocable de Juan Lorenzo Ochoa García y designó a Armando García Pedraza como secretario general; asimismo, llegó Julio Vargas Hernández al área de Comunicación Social.

Sin duda alguna, dos relevos que dada su importancia en el tablero legislativo local merecen más que solamente fotografías y una breve mención en la nota política.

La Secretaría General coordina los servicios técnicos y administrativos del Poder Legislativo. Ahí se sostiene el trabajo que permite procesar las decisiones de los diputados; cuando falla ese soporte, las consecuencias pueden alcanzar las leyes que nos regulan a todos.

García Pedraza tiene formación en Derecho e Ingeniería, una maestría en valuación y antecedentes como director jurídico de SEDUMA; sin embargo, lo más cercano a la experiencia legislativa que pudimos constatar es una referencia a una asesoría externa al titular del Centro de Investigaciones Parlamentarias del Congreso de Sonora.

¿Qué tareas realizó, durante cuánto tiempo y con qué resultados? ¿Esa asesoría le dio las tablas necesarias para dirigir la operación de un Congreso como el de Tamaulipas?

Indudablemente saber de derecho ayuda, pero conocer los tiempos, procedimientos, tensiones y asegunes de una Asamblea legislativa exige oficio.

La ley pide acreditar conocimientos y experiencia para desempeñar el cargo; la Junta de Gobierno sostuvo que cumple. Bien: que explique cómo lo acreditó. La confianza política (o las recomendaciones de las amistades, vaya usted a saber) puede abrir la puerta; la capacidad es la que debe justificar que alguien permanezca dentro.

Entre tanto, hay un antecedente que exige explicación. En abril de 2025, diversos medios de comunicación reportaron algunas situaciones “irregulares” por decir lo menos; inclusive, hubo confirmaciones de consecuencias derivadas de una investigación interna.

No tengo a la vista ese expediente ni una resolución que permita establecer responsabilidades, pero el señalamiento publicado amerita preguntar si fue considerado al evaluar su idoneidad, pues, en una institución hecha para lograr consensos y tramitar acuerdos, el manejo del temperamento también importa.

Porque cuando el Congreso se incendia políticamente, su principal operador técnico necesita conservar la cabeza fría. Bastante cuesta ordenar los gritos de una sesión como para que el temple de quien debe ayudar a resolverlos sea otra incógnita.

En lo que respecta al área de Comunicación Social, Julio Vargas Hernández tiene antecedentes periodísticos en Reynosa y ha trascendido que recientemente se desempeñaba como secretario del presidente del Congreso, Humberto Prieto. Esa cercanía permite una lectura política: Prieto coloca en la comunicación institucional a alguien de su equipo inmediato… ajám.

Eso no demuestra incapacidad, pero vuelve indispensable una pregunta: ¿la prioridad será explicar el trabajo de toda la Legislatura o administrar el reflector de su presidente?

La respuesta se verá en el trato a las voces críticas, en la información disponible y el espacio que reciban las distintas fuerzas políticas…

Comunicar un Congreso exige contar también lo que incomoda; para repartir felicitaciones ya sobran cuentas de redes sociales.

Insisto, ambos funcionarios llegan en un momento clave de la legislatura; donde muchos legisladores ya tienen “la cabeza puesta en lo que sigue” y es precisamente por eso que será interesante analizar la manera en que van a lidiar y operar esas circunstancias.

El último año necesita una institución que funcione mientras sus integrantes deciden su futuro. Los nombramientos ya tienen nombres y apellidos. Ahora falta que tengan razones y resultados.

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