Por Jesús Berlanga
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Cuando la mayoría de la ciudad todavía duerme, don Juan Martínez Medrano ya está de pie. A sus 72 años, el cansancio no ha conseguido apagar la voluntad de un hombre que, desde hace seis décadas, encuentra en una vitrina de tortas la manera de salir adelante y mantener viva una tradición familiar.
Cada madrugada, a las 4:00, comienza la jornada en su hogar, ubicado en el 20 Guadalupe y Río. Entre el jamón, el aguacate y el pan, prepara alrededor de 130 tortas que después ofrecerá a los victorenses por 30 pesos. En días de eventos masivos, la producción puede llegar hasta 170 piezas. Detrás de cada una hay horas de trabajo y una historia de vida que comenzó cuando apenas era un niño.
Don Juan llegó a Ciudad Victoria junto con su familia, procedente del ejido San Antonio de Jaumave. Eran tiempos en los que encontrar empleo no resultaba sencillo, y la necesidad llevó a su padre a buscar una alternativa para sostener a los suyos. “Cuando llegamos aquí, ¿dónde encuentras trabajo en aquellos años? Y mi papá nos dijo: vámonos a vender”, recuerda con nostalgia.
Así, junto a su padre y sus hermanos, comenzó a vender tortas en las afueras del antiguo cine Juárez. Lo que nació como una forma de sobrevivir terminó convirtiéndose en el oficio de toda una vida. Durante 60 años, don Juan ha recorrido las calles de la capital, atendiendo a generaciones de clientes que han hecho de sus tortas parte de sus mañanas y de sus recuerdos.
La tradición también permanece en su familia. Su tío continúa vendiendo tortas desde una vitrina instalada en una bicicleta, en el exterior del Seguro Social, en La Loma. Dos historias unidas por el mismo oficio, ese que don Juan sigue ejerciendo a los 72 años, con la constancia de quien aprendió desde niño que el trabajo honesto no solamente lleva comida a la mesa, sino que también construye una vida entera.




