FRANCISCO CORTEZ
Hay partidos que valen tres puntos y hay partidos que se sienten como si valieran una temporada.
El viernes, en Ciudad Victoria, se juega uno de esos.
Correcaminos recibe a la Jaiba Brava en un clásico tamaulipeco que llega en un momento interesante para ambos equipos, pero especialmente para el conjunto de casa.
Los que nacimos en Tamaulipas, y sobre todo los que hemos vivido el fútbol desde dentro, sabemos lo que significa esta rivalidad. Me tocó experimentarla como jugador en Segunda División, cuando enfrentar a la Jaiba tenía un sabor diferente. También la viví en la Universidad, en aquellos Juegos Interzonas donde los partidos contra los del sur tenían intensidad, orgullo y ese ingrediente que solamente aparece cuando enfrente tienes a alguien a quien realmente quieres ganarle.
Afortunadamente, ha sido una rivalidad que generalmente se queda dentro de la cancha.
Y ahí es donde debe permanecer.
EL AGUA COMIENZA A SUBIR
La Jaiba llega en la posición 12 de la tabla con 11 puntos después de nueve encuentros: tres victorias, dos empates y cuatro derrotas.
Correcaminos, por su parte, cayó a la décima posición con 12 unidades: tres victorias, tres empates y tres derrotas.
Prácticamente nada los separa.
La Jaiba llegará además sin su técnico en el banquillo por expulsión. Y aunque alguien pudiera pensar que eso no cambia demasiado, para mí sí influye. La presencia del entrenador durante un partido, especialmente en uno de esta naturaleza, siempre tiene peso.
Pero quiero detenerme en Correcaminos.
Porque me parece que el agua ya está a la cintura.
Si gana el clásico, el agua baja hasta los talones. Llegará tranquilidad, confianza y un panorama aparentemente más accesible con los siguientes compromisos.
Pero si pierde…
el agua llegará al cuello.
Y entonces comenzarán las preguntas, la presión y seguramente también los cuestionamientos sobre el rumbo del equipo.
¿RESULTADOS O PROCESO?
Aquí es donde quiero poner algo sobre la mesa.
Entiendo perfectamente que se quieran resultados inmediatos. Hubo inversión, llegaron refuerzos y existe una afición cansada de lo vivido durante los últimos años.
Pero también sigo pensando que este equipo necesita tiempo.
El torneo ha sido muy parejo y competitivo. El plantel todavía está encontrando su equilibrio y el Místico necesita terminar de acomodar las piezas.
Ahora bien, ¿cuánto tiempo se debe esperar?
Para mí, esa respuesta no la tiene la tribuna.
La tiene la gerencia deportiva.
Porque nosotros vemos 90 minutos.
Ellos deberían ver toda la semana.
Y ahí existe una diferencia enorme.
Los resultados pueden engañar para bien y para mal. Un equipo puede ganar varios partidos y esconder detrás de esos resultados deficiencias importantes que tarde o temprano aparecerán. También puede suceder lo contrario: trabajar correctamente, preparar bien los encuentros y atravesar una racha en la que simplemente los resultados no llegan.
Por eso siempre he pensado algo:
el día a día no engaña.
Ahí es donde realmente se evalúa a un cuerpo técnico.
¿Cómo prepara al equipo? ¿Qué objetivos trabaja durante la semana? ¿Analiza sus errores? ¿Utiliza el video? ¿Corrige? ¿Estudia al rival? ¿Existe un plan de juego? ¿Los jugadores entienden lo que se pretende? ¿Lo entrenado durante la semana aparece el día del partido?
Porque si entrenas una cosa y el viernes aparece otra, entonces hay que preguntarse qué está sucediendo.
Puede ser técnico.
Puede ser táctico.
Puede ser físico.
Puede ser psicológico.
Puede ser gestión de grupo.
Pero algo está pasando.
Y quienes están todos los días cerca del equipo son los que tienen la información suficiente para saberlo.
Por eso creo que la gerencia deportiva tiene hoy una responsabilidad importante: observar más allá del marcador.
Yo sigo pensando que Correcaminos calificará.
El Místico conoce la división, tiene experiencia y viene de ser campeón y Campeón de Campeones. Ahora necesita encontrar el equilibrio de un plantel que todavía está terminando de construirse.
Pero mientras eso sucede, aparece el clásico.
Y los clásicos tienen una característica maravillosa:
no les importa demasiado lo que pasó la semana anterior.
Que sea un gran partido.
Que gane el que mejor haga las cosas.
Y sea al equipo que le vayas, si vas a apoyar, que sea con respeto.
Porque la rivalidad se disfruta mucho más cuando termina el partido y todo se quedó ahí, dentro de la cancha.
¡Vamos, carajo!
Nos seguimos encontrando por aquí, como siempre…
#ViviendoElFútbol
Paco Cortez




