9 octubre, 2026

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Los niños regresan a «casa»

Después de semanas de aulas vacías, quizá la señal más sencilla de que la Juan B. Tijerina volvió a la vida fue esa: volver a escuchar a los niños.
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Por Raúl López García

Expreso

A las ocho de la mañana, las puertas de la Primaria Juan B. Tijerina volvieron a abrirse.

Por ellas entraron mochilas, uniformes, cuadernos y, después de varias semanas, las voces de los niños. Algunos llegaron acompañados por sus padres; otros caminaron hacia sus salones como quien recupera una rutina que parecía lejana. La escuela volvió a tener movimiento.

Adentro, los bancos dejaron de estar quietos. Los pizarrones volvieron a recibir apuntes y los maestros ocuparon nuevamente sus lugares frente a los alumnos. En los pasillos comenzaron a escucharse conversaciones, pasos pequeños y el ruido cotidiano que durante semanas hizo falta en este plantel de Ciudad Victoria.

Pero hubo algo que también se hizo evidente: faltaban muchos.

De los aproximadamente 300 alumnos del turno matutino, solamente alrededor de 100 acudieron este jueves al regreso presencial. Los demás todavía no volvieron. Algunos padres prefirieron esperar a tener en sus manos el oficio formal que confirme por escrito que la escuela está nuevamente en condiciones de recibir a sus hijos.

La escena tiene detrás semanas de espera. Las clases presenciales fueron suspendidas desde mediados de agosto, después del robo de un transformador eléctrico que provocó un derrame de aceite dentro de la primaria. Desde entonces, las aulas quedaron temporalmente fuera de la rutina de cientos de estudiantes.

Ahora, los salones están nuevamente preparados. Enrique González, director del plantel, explica que antes de abrir las puertas hubo que limpiar y acondicionar los espacios. Después de la fumigación contra alacranes, maestros y algunos padres de familia participaron en la limpieza de los salones: cortinas, bancos, escritorios y pisos tuvieron que quedar listos para el regreso.

En las paredes también cambió el paisaje. Aparecieron mensajes de bienvenida y motivación dirigidos a los niños, como si la propia escuela intentara decirles que después de la espera había llegado el momento de volver.

La sociedad de padres de familia, de acuerdo con el director, dio mantenimiento a los climas, las bombas y los tinacos. Los equipos quedaron funcionando y las aulas pudieron recibir nuevamente a los estudiantes.

El regreso, sin embargo, todavía tiene una parte pendiente. El director señala que existe ya un dictamen que establece que la escuela está apta para recibir alumnos, mientras el oficio formal continuaba su proceso de firmas y envío. Ayer, además, personal de Profepa estuvo en el plantel.

Y así comenzó este jueves. No fue un regreso multitudinario ni una vuelta completa a la normalidad. Fue más bien el primer paso: unos 100 niños ocupando nuevamente sus bancos, maestros retomando las clases y una escuela que poco a poco recuperó su sonido.

Porque después de semanas de aulas vacías, quizá la señal más sencilla de que la Juan B. Tijerina volvió a la vida fue esa: volver a escuchar a los niños.

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