Por. Antonio H. Mandujano
TAMAULIPAS, MÉXICO.- El campo tamaulipeco atraviesa uno de sus momentos más complicados de los últimos años.
La sequía, las altas temperaturas, el encarecimiento de los insumos, los bajos precios de los granos y la competencia de productos importados han reducido la rentabilidad y obligado a productores a dejar tierras sin sembrar o buscar otras alternativas.
Pero, pese a este escenario, Tamaulipas no ha perdido su peso dentro del mapa agrícola nacional.
Y es que la entidad continúa colocándose en los primeros lugares de producción de diversos cultivos y mantiene una creciente presencia en los mercados internacionales, particularmente en Estados Unidos, aprovechando su frontera, infraestructura carretera, cruces internacionales y el puerto de Altamira.
El caso más representativo sigue siendo el sorgo, cultivo en el que Tamaulipas conserva el primer lugar nacional y que durante años ha sido uno de los principales motores de la agricultura estatal.
En ciclos agrícolas favorables, el estado ha llegado a producir alrededor de 2 millones de toneladas o más de sorgo, representando una parte importante de la producción nacional.
Sin embargo, la situación ha cambiado y la producción ha comenzado a resentir con mayor fuerza los efectos de la sequía y la falta de rentabilidad.
Las reducciones de superficie sembrada han sido importantes, particularmente en las regiones de temporal, donde productores han enfrentado dificultades para cubrir siquiera los costos de producción.
A lo anterior se suma la presión de los precios, pues durante 2025, el sorgo llegó a manejarse en niveles cercanos a los 3 mil 600 pesos por tonelada, un precio que, frente al costo de fertilizantes, diésel, semillas y otros insumos, dejó márgenes cada vez más estrechos para los productores.
El campo pierde rentabilidad, pero no posición
La paradoja del sector es que mientras los productores enfrentan dificultades para hacer rentable la actividad, Tamaulipas continúa apareciendo entre los principales productores agrícolas del país.
Además del sorgo, la entidad destaca en sábila, naranja, limón, okra y otros cultivos, mientras que productos como la cebolla, chile, tomate, sandía, algodón y caña de azúcar mantienen una participación importante en distintas regiones.
La sábila representa uno de los casos de mayor diversificación. Tamaulipas conserva el primer lugar nacional y registra volúmenes que rondan las 130 mil toneladas anuales, buena parte de ellas con posibilidades de transformación y comercialización fuera del país.
En naranja, el estado se mantiene como segundo productor nacional, mientras que el limón se ha convertido en uno de los productos con mayor relevancia comercial hacia el exterior.
En 2024, las exportaciones tamaulipecas de limón y lima superaron los 104 millones de dólares, con Estados Unidos como uno de los principales destinos, aunque el producto también ha alcanzado mercados como Japón, Corea del Sur, Países Bajos y Canadá.
Es precisamente en estos cultivos donde se observa una de las principales transformaciones del campo tamaulipeco: mientras los granos pierden rentabilidad, algunos productos orientados a la exportación ganan importancia.
Estados Unidos, el principal escaparate
La cercanía con Estados Unidos juega a favor de Tamaulipas y Texas es uno de los mercados naturales para las frutas, hortalizas y otros productos agrícolas tamaulipecos, debido a la frontera compartida y a la posibilidad de colocar mercancías en poco tiempo.
Hortalizas como okra, cebolla, chile, tomate y calabaza, además de cítricos, sábila y miel, forman parte de la oferta con posibilidades de comercialización internacional.
El Gobierno estatal también ha impulsado encuentros y capacitaciones con compradores y empresas de Texas y ha buscado ampliar las oportunidades hacia Europa, aprovechando además la infraestructura del puerto de Altamira.
De esta manera, el campo tamaulipeco no solamente busca producir, sino encontrar mercados donde la producción pueda alcanzar un mayor valor.
Miles de familias dependen de esta actividad
Detrás de los primeros lugares nacionales y de las cifras de exportación se encuentra un sector que involucra a miles de productores.
El Censo Agropecuario 2022 del INEGI registró en Tamaulipas alrededor de 65 mil unidades de producción agropecuaria activas, con aproximadamente 1.6 millones de hectáreas de superficie agrícola.
La agricultura, además, genera empleo directo e indirecto en las comunidades rurales y mantiene una cadena económica que incluye transportistas, comercializadores, empacadoras, jornaleros, proveedores de maquinaria, fertilizantes y otros insumos.
Por eso, la caída en la rentabilidad de cultivos como el sorgo y el maíz no representa solamente un problema para quien siembra: impacta a toda la economía rural.
Sequía y precios, el doble golpe
El problema actual del campo tamaulipeco tiene dos frentes principales, por un lado está el clima: la sequía y las temperaturas extremas han reducido rendimientos, afectado superficies de temporal y aumentado los riesgos para quienes dependen directamente de las lluvias.
Por otro, están los mercados, ya que es ahí donde los productores enfrentan costos elevados de fertilizantes, semillas, combustible y maquinaria, mientras los precios de algunos granos no han permitido recuperar con suficiente margen lo invertido.
La competencia de productos importados, particularmente de Estados Unidos, agrega presión a los productores tamaulipecos.
Esta combinación ha provocado que algunos agricultores reduzcan superficies, dejen tierras sin sembrar o analicen la reconversión hacia cultivos con mejores perspectivas comerciales.
Un campo que busca resistir cambiando
El escenario, sin embargo, no es el de un campo que haya dejado de producir.
Por el contrario, Tamaulipas conserva una posición estratégica dentro de la agricultura mexicana, aunque ahora enfrenta el reto de sostenerla bajo condiciones mucho más complicadas.
El estado sigue siendo líder nacional en sorgo y sábila, segundo productor de naranja y un participante importante en limón, okra, caña y diversas hortalizas.
La diferencia está en que el campo comienza a depender cada vez menos de un solo cultivo y busca aprovechar aquellos productos que tienen mejores oportunidades en los mercados nacionales e internacionales.
El campo tamaulipeco está golpeado, pero no fuera del mapa. La sequía, los precios y los costos han reducido su capacidad de crecimiento, pero sus primeros lugares de producción y su presencia en mercados extranjeros muestran que mantiene una base agrícola importante.
Ahora el desafío no solamente es volver a sembrar más, sino conseguir que producir vuelva a ser negocio para las familias que durante generaciones han sostenido el campo de Tamaulipas.




