8 octubre, 2026

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Cenotes de Aldama: la ventana de Tamaulipas a un mundo subterráneo

El Zacatón, la Poza Verde, La Pilita y La Azufrosa forman parte de un impresionante sistema de cavidades inundadas, ríos subterráneos y formaciones kársticas que han convertido a Aldama en un referente geológico. Pero hay mucho más.
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Por. Antonio H. Mandujano

ALDAMA, TAMAULIPAS.- Tamaulipas es una tierra de contrastes naturales: desiertos y selvas, bosques y serranías, playas, ríos y vastas llanuras, pero entre esa diversidad existe una de sus expresiones geológicas más sorprendentes: las formaciones kársticas, conocidas popularmente en algunos de sus puntos más espectaculares como cenotes.

Y aunque Aldama es el municipio que ha puesto a Tamaulipas en el mapa mundial por estas impresionantes cavidades llenas de agua, la historia geológica no termina ahí.

El Zacatón, la Poza Verde, La Pilita y La Azufrosa forman parte de un sistema de cenotes que durante décadas ha atraído a exploradores, científicos y visitantes.

Pero alrededor de ellos existe una realidad mucho más grande: la Sierra Madre Oriental tamaulipeca esconde un extenso paisaje kárstico, con cientos de dolinas, cuevas, surgencias, valles y sistemas subterráneos.

En un estudio publicado en Terra Digitalis, revista científica vinculada al Instituto de Geografía de la UNAM, se identificó nada menos que 1,578 rasgos kársticos dentro de la Reserva de la Biósfera El Cielo, en territorio de Tamaulipas. El catálogo comprende 35 valles fluviales kársticos longitudinales, 35 transversales, tres poljes, 17 uvalas y mil 488 dolinas.

Pero lo anterior, no significa que sean mil 578 cenotes, lo que es importante precisar, pues son distintas formas del relieve producidas por la acción del agua sobre rocas solubles, principalmente calizas.

Algunas pueden contener agua, otras pueden conducirla hacia el subsuelo y otras pueden ser simplemente grandes depresiones en la superficie.

Pero juntas revelan algo extraordinario: el mundo de los cenotes de Aldama forma parte de un paisaje geológico mucho más extenso.

Aldama, un territorio de contrastes

En el sureste de Tamaulipas, entre la Sierra de Tamaulipas y el Golfo de México, se encuentra Aldama, un extenso municipio de 3 mil 819 kilómetros cuadrados que en 2020 tenía 28 mil 725 habitantes, distribuidos en 413 localidades. Su territorio es tan diverso como su geografía: hacia las zonas serranas predominan las selvas bajas caducifolias y otras comunidades vegetales, mientras que hacia las partes bajas aparecen pastizales, zonas inundables, lagunas, manglares y una franja costera que se extiende por más de 90 kilómetros.

En sus aguas y montañas habita una amplia variedad de fauna, desde venados, jabalíes, armadillos y felinos como el jaguar y el puma, hasta especies marinas y costeras como la tortuga lora, que encuentra en sus playas uno de los sitios de anidación más importantes de Tamaulipas. A esta diversidad se suman los ríos Tigre, Barberena y Carrizal, la laguna de San Andrés, la Barra del Tordo y, tierra adentro, un paisaje kárstico que guarda algunas de las formaciones naturales más extraordinarias del estado.

Es precisamente en ese escenario de sierras, selvas y agua donde se encuentra uno de los mayores tesoros geológicos de Tamaulipas.

El Zacatón, el gigante de Aldama

En el corazón de este universo se encuentra El Zacatón, una enorme cavidad circular llena de agua termal que forma parte de un sistema de cinco dolinas profundas interconectadas.

Su nombre proviene de las pequeñas islas de zacate que flotan sobre la superficie y que se desplazan con el viento o las corrientes de agua.

El Programa Municipal de Ordenamiento de Aldama lo registra como un cenote abierto de aproximadamente 140 metros de diámetro y 335 metros de profundidad.

Otras mediciones y referencias de exploración subacuática sitúan la profundidad total alrededor de 339 metros, considerando la diferencia entre el borde superior y el nivel del agua.

Es, además, una de las cavidades inundadas más profundas conocidas en el planeta y el gran símbolo del sistema de cenotes tamaulipeco.

Y es que su profundidad ha convertido al Zacatón en un sitio de interés científico internacional que incluso fue utilizado para pruebas de tecnología de exploración subacuática relacionadas con la NASA. (Visit México)

Pero el Zacatón no está solo.

Cuatro cenotes conectados por el subsuelo

El documento de ordenamiento territorial de Aldama identifica cuatro cenotes dentro del sistema: El Zacatón, la Poza Verde, La Pilita y La Azufrosa, señalando que se encuentran interconectados mediante un río subterráneo a poca profundidad.

La Poza Verde es una de las más conocidas, pues tiene alrededor de 150 metros de diámetro y el mismo documento municipal le atribuye una profundidad aproximada de 200 metros.

Sus aguas de tonalidad verdosa contrastan con la vegetación que rodea la cavidad.

La Pilita, mucho más pequeña en superficie, tiene alrededor de 30 metros de diámetro y una profundidad explorada cercana a los 100 metros y su apariencia engaña: desde arriba parece una pequeña abertura, pero debajo de ella se extiende una cavidad mucho mayor.

La Azufrosa, por su parte, tiene apenas unos 12 metros de diámetro y una forma cónica hacia el fondo. Su nombre está relacionado con las características sulfurosas de las aguas de este sistema.

A estas formaciones se suman referencias turísticas y locales a El Caracol y otros cuerpos de agua asociados a la zona, mientras que a poca distancia se encuentra también una red de cavernas conocida como Los Cuarteles.

La propia CONABIO reconoce formalmente la región como “Cenotes de Aldama”, dentro de sus Regiones Hidrológicas Prioritarias, con un área qué abarca más de 5 mil kilómetros cuadrados y sus recursos hídricos principales incluyen cenotes, lagos y reservorios, además de ríos y arroyos.

CONABIO también señala la presencia de aguas subterráneas hidrotermales sulfurosas y especies asociadas a estos ambientes.

Cuando el agua abre caminos bajo la tierra

Para entender por qué existen estos paisajes hay que mirar debajo de nuestros pies.

El karst se desarrolla principalmente en terrenos donde predominan rocas solubles, como las calizas, el agua de lluvia se infiltra, aprovecha fracturas y grietas y, durante largos periodos, va disolviendo lentamente la roca.

Con el tiempo se forman conductos, cavernas, depresiones y sistemas subterráneos y cuando el techo de una cavidad colapsa, puede aparecer una depresión conocida como dolina.

Entonces, cuando esas estructuras se llenan de agua y adquieren determinadas características se pueden originar formaciones conocidas como cenotes.

Por eso, no toda dolina es un cenote y no toda cueva inundada debe llamarse cenote ya que esta diferencia resulta fundamental para comprender la verdadera riqueza geológica de Tamaulipas.

El otro gran mapa está en El Cielo

En la Reserva de la Biósfera El Cielo, que comprende territorio de Gómez Farías, Llera, Jaumave y Ocampo, investigadores realizaron una identificación y clasificación detallada de las depresiones kársticas.

El resultado fue sorprendente: 1,578 estructuras, donde el inventario científico está compuesto por:

* 35 valles fluviales kársticos longitudinales.
* 35 valles fluviales kársticos transversales.
* 3 poljes.
* 17 uvalas.
* 200 dolinas tipo B.
* 1,288 dolinas tipo A.

En conjunto, estas estructuras ocupan aproximadamente 26.4 por ciento de la superficie de la reserva.

Algunas de estas formas son enormes, y las investigadores identificaron valles kársticos que alcanzan cañones de hasta 594 metros de profundidad.

El trabajo también explica que la combinación de plegamientos, fracturas, erosión y disolución de las rocas carbonatadas ha favorecido el desarrollo del karst y la infiltración del agua hacia el subsuelo.

Así, mientras Aldama es famoso por sus cenotes, El Cielo representa una de las mayores expresiones cartografiadas del paisaje kárstico tamaulipeco.

Las dolinas que aparecen fuera de Aldama

El Atlas de Riesgos del Estado de Tamaulipas, elaborado con participación del Gobierno estatal y el Servicio Geológico Mexicano, también documenta la presencia de dolinas en diferentes regiones del estado.

En el inventario estatal se identificaron grupos de dolinas en diferentes zonas y se realizaron verificaciones de campo en municipios como Jaumave, Ocampo, Aldama y Tula.

Las estructuras verificadas tienen diámetros que van de 150 hasta 3,200 metros y están relacionadas principalmente con formaciones de lutita-marga y calizas-dolomías.

En Ocampo, por ejemplo, fue documentada una dolina de aproximadamente 850 metros de diámetro, localizada en la Sierra Argentina, cerca de Lázaro Cárdenas.

En Tula se verificó otra estructura de aproximadamente 3,200 metros de diámetro, además de otra de mil metros en San José de las Flores mientras que en Jaumave, en La Joya de León, fue identificada una dolina de aproximadamente 150 metros.

Son dimensiones que permiten comprender que las formaciones kársticas tamaulipecas no se reducen a pequeños hundimientos del terreno: algunas abarcan cientos de metros y son expresiones visibles de procesos que también ocurren bajo tierra.

El Mante: agua que emerge de una cueva

Uno de los mejores ejemplos de que karst no significa necesariamente cenote se encuentra en El Mante.

En la Sierra de Cucharas existen importantes sistemas de cuevas y surgencias y el más conocido es El Nacimiento, donde el agua emerge desde una cavidad subterránea y forma un sistema de gran interés para el espeleobuceo.

También se encuentran la Cueva del Abra y la Gruta de Quintero, estructuras que forman parte de este paisaje de roca caliza y cavernas.

El Nacimiento es especialmente impresionante porque exploraciones reportadas para el sitio han alcanzado profundidades extraordinarias, mientras que la información turística estatal lo identifica como uno de los sitios de mayor interés para la práctica del espeleobuceo en Tamaulipas.

La Cueva del Abra, también en la Sierra de Cucharas, cuenta con una gran abertura y una claraboya natural, mientras que la Gruta de Quintero posee un recorrido de varios cientos de metros.

Son ejemplos de cómo el agua no solamente crea pozas abiertas: también puede desaparecer bajo tierra y reaparecer kilómetros después.

Antiguo Morelos y sus lagos subterráneos

Pero el fenómeno llega todavía más lejos, pues en Antiguo Morelos, dentro de la Sierra del Abra, se encuentra la Cueva del Pachón, un sistema subterráneo que ha sido estudiado por científicos debido, entre otras razones, a sus poblaciones de peces cavernícolas.

La lectura científica ha investigado poblaciones de peces adaptados a la oscuridad permanente en diferentes cuevas de la región, entre ellas Pachón y otros sistemas subterráneos de Tamaulipas.

También está la Cueva de la Florida, una antigua surgencia kárstica que hoy se encuentra seca y que forma parte del mismo complejo geológico.

La importancia de estas cuevas va más allá de su belleza: son laboratorios naturales donde pueden estudiarse procesos evolutivos que ocurren en ambientes completamente aislados de la superficie.

Jaumave, Ocampo y Tula: el karst que casi no vemos

En Jaumave, además de las dolinas documentadas científicamente, existen sitios como El Charco Azul, una poza asociada a una cavidad rocosa y a la circulación de agua subterránea.

En Ocampo, la enorme dolina de la Sierra Argentina demuestra la magnitud que pueden alcanzar estas estructuras.

Y en Tula, la presencia de varias depresiones próximas entre sí ha dado lugar incluso a formas conocidas como uvalas, que se producen cuando varias dolinas evolucionan y terminan fusionándose.

Otros municipios del centro y sur del estado también presentan condiciones geológicas favorables para el desarrollo de karst.

El propio Atlas de Riesgos incluye información sobre estas estructuras y Protección Civil mantiene disponibles los atlas municipales correspondientes a municipios como Antiguo Morelos, Nuevo Morelos, Ocampo, Tula, Casas, Llera, El Mante, Gómez Farías, Güémez, Hidalgo, Padilla, Bustamante, Jaumave, Miquihuana y Palmillas, entre otros.

Aldama, la puerta más visible de un mundo oculto

Todo este conjunto de datos permite mirar los cenotes de Aldama de otra manera.

No son simplemente cuerpos de agua de colores sorprendentes ni un atractivo turístico más.

Son la parte visible de un proceso geológico que ha trabajado durante miles o millones de años para abrir caminos en la roca, formar cavidades, conectar depósitos de agua y crear un paisaje subterráneo que todavía no ha sido completamente explorado.

El Zacatón es la expresión más espectacular de ese mundo. Su profundidad, sus aguas termales, las islas de zacate que flotan en la superficie y las investigaciones científicas que ha provocado lo han convertido en uno de los sitios naturales más singulares de México.

Pero quizá lo más extraordinario sea que El Zacatón no es una excepción aislada.

Forma parte de un sistema de cenotes y, a su vez, ese sistema forma parte de un territorio mucho mayor: el paisaje kárstico de Tamaulipas.

La ciencia ya ha contabilizado 1,578 depresiones kársticas solamente dentro de El Cielo. El Atlas estatal ha documentado dolinas de hasta 3.2 kilómetros de diámetro en otras regiones. Y en las sierras del sur existen cuevas, surgencias, lagos subterráneos y sistemas que continúan siendo explorados.

Por eso, cuando se habla de los cenotes de Aldama, en realidad se está mirando apenas una ventana hacia un Tamaulipas que permanece oculto bajo la superficie.

Un Tamaulipas de agua caliente y azufre, de cavernas inundadas, ríos subterráneos y grandes depresiones; un territorio donde la roca caliza se ha convertido, con el paso del tiempo, en uno de los paisajes naturales más singulares del noreste de México.

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