Por. Antonio H. Mandujano
TAMAULIPAS, MÉXICO.- Desde hace al menos ocho años, Tamaulipas tiene identificado oficialmente al marrano feral como un problema de fauna invasora.
Y que en el 2018, el Gobierno del Estado puso en marcha un Plan Estatal de Control y Erradicación del Cerdo Feral (Sus scrofa), cuando la especie ya se encontraba principalmente en el norte y centro de la entidad y existían registros en el sur.
Pero ocho años después, el problema sigue sobre la mesa y ahora las autoridades buscan rediseñar la estrategia para controlar a una especie que se reproduce con rapidez, invade cultivos y pastizales, remueve el suelo, desplaza fauna nativa y puede representar riesgos sanitarios.
La dimensión del problema llevó incluso al Consejo Tamaulipeco de Ciencia y Tecnología (COTACYT) a incluir en su convocatoria de investigación de 2024 un proyecto específico para el “Monitoreo y manejo integral de la especie invasora Sus scrofa para mitigar su impacto ambiental y sanitario”.
La intención es obtener algo que todavía hace falta para enfrentar de manera más precisa al animal: saber dónde está, qué tan grandes son sus poblaciones, por dónde se desplaza y cuál es la magnitud real de los daños que está ocasionando en Tamaulipas.
Y mientras científicos y autoridades analizan nuevas alternativas, el marrano feral continúa aprovechando una de sus mayores ventajas: su extraordinaria capacidad para adaptarse.
Un invasor que se multiplica rápido
El Sus scrofa puede vivir en distintos ambientes y aprovechar una amplia variedad de alimentos.
De acuerdo con COTACYT, las hembras pueden tener una o dos camadas al año, de cuatro a 12 crías cada una.
Esa capacidad reproductiva, combinada con su dieta omnívora y tolerancia a diferentes condiciones climáticas, permite que pueda colonizar rápidamente nuevas zonas, particularmente donde no enfrenta suficientes depredadores naturales.
Por eso no se trata simplemente de “marranos sueltos” en el monte, sino de una población capaz de crecer, desplazarse y establecerse en diferentes ecosistemas.
El daño empieza en el suelo
Uno de sus principales impactos ocurre cuando busca alimento ya que el marrano feral utiliza el hocico para hozar y remover el suelo, buscando raíces, insectos y otros alimentos.
Ese comportamiento puede degradar el terreno, favorecer la erosión y afectar la regeneración de la vegetación.
Al mismo tiempo, puede modificar los hábitats y competir directamente con especies nativas por recursos como agua y alimento, generando presión sobre la fauna que originalmente ocupa esos ecosistemas.
El problema, por tanto, no consiste solamente en cuántos animales existen, sino en lo que ocurre en los lugares donde se establecen.
También golpea al campo
Pero la invasión llega directamente a las zonas productivas, y es que COTACYT advierte que los cerdos ferales pueden ingresar a tierras agrícolas y pastizales, destruyendo cultivos y provocando pérdidas económicas para los productores.
En las zonas ganaderas el problema adquiere además una dimensión sanitaria, debido a que la especie puede participar en la transmisión de enfermedades que afectan al ganado, entre ellas brucelosis y tuberculosis.
Esto convierte al marrano feral en un problema que cruza tres frentes: medio ambiente, producción rural y sanidad.
Ya hubo un intento formal de control
Tamaulipas no parte de cero, pues en noviembre del 2018, la Comisión de Caza y Pesca Deportiva estableció un mecanismo específico para el control y erradicación del cerdo feral.
El plan permitía, mediante un aviso, realizar acciones de control en predios del estado, incluso sin límite de ejemplares a sacrificar, utilizando trampas de corral, redes de caída o armas de fuego bajo determinadas condiciones.
El esquema prohibía, entre otros métodos, el uso de venenos, lazos matadores y armas automáticas o de ráfaga con el objetivo de contener y erradicar poblaciones que representaran un perjuicio.
Sin embargo, el hecho de que COTACYT haya planteado nuevamente en 2024 un proyecto específico de monitoreo y manejo integral demuestra que el desafío no está resuelto y que todavía se requiere una estrategia actualizada.
Ahora buscan otra fórmula
Entrevistado por Expreso, el vocal ejecutivo de la Comisión de Caza y Pesca Deportiva de Tamaulipas, Pablo González Alanís, reconoció que actualmente el marrano feral continúa siendo un problema y que no existe un aprovechamiento legal directo de la especie.
En su declaración, dijo que la Comisión trabaja con el COTACYT y la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) para encontrar una alternativa que permita mejorar su control.
“Aunque ahorita no se tiene el aprovechamiento directamente de forma legal, sí sigue siendo un problema, es algo que estamos analizando”, señaló.
González Alanís explicó que una de las posibilidades que se estudian está relacionada precisamente con el aprovechamiento, aunque todavía no existe una definición.
“Estamos tratando de poner otro tipo de reglamento, lo cual nos pueda favorecer para poder controlarlo un poquito más”, dijo.
El funcionario agregó que las alternativas se están revisando de manera colegiada con las instituciones académicas y científicas, buscando encontrar un mecanismo que permita atender los requerimientos de la sociedad.
“Lo estamos discutiendo en forma colegiada con la universidad y con el Consejo Tamaulipeco de Ciencia y Tecnología”, puntualizó.
El reto: controlar sin convertirlo en otro problema
Por tanto, la propia declaración del funcionario abre una discusión importante: si el aprovechamiento puede convertirse en una herramienta de control, tendrá que definirse bajo qué reglas, con qué objetivos y con qué mecanismos de vigilancia.
Y mientras eso ocurre, el problema ya tiene un largo antecedente.
Desde 2018 Tamaulipas reconoció formalmente la necesidad de controlar al Sus scrofa; en 2024 COTACYT volvió a señalarlo como una especie invasora que requiere monitoreo y manejo integral; y en 2026 la autoridad responsable de caza y pesca admite que todavía se buscan nuevas fórmulas para enfrentarlo.
El marrano feral, mientras tanto, tiene a su favor justamente lo que más preocupa a las autoridades: se reproduce rápido, come prácticamente de todo, se adapta a diferentes ambientes y puede recorrer grandes extensiones en busca de alimento.
Por eso, el desafío para Tamaulipas ya no es solamente combatir al animal que está en el monte, es medir hasta dónde llegó, conocer cuánto ha crecido y encontrar una estrategia que permita reducir sus poblaciones antes de que los daños ambientales, agrícolas y sanitarios sigan creciendo.




