4 marzo, 2026

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Miseria ideológica

Golpe a golpe
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El sistema de partidos que opera en nuestro país muestra las tendencias políticas más diversas.

Pero igual presenta las fracturas interpartidistas más graves de toda la historia, pues aunque cada uno de sus militantes (de una u otra forma) se identifica con la doctrina donde está afiliado —así lo supongo—, no por ello comulga del mismo modo con todos sus compañeros de membrete.

Así tenemos la representación de la derecha radical y moderada, en el Partido Acción Nacional (PAN); la vertiente del centro, abanderada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI); y la expresión de izquierda o progresista, en sus muy variados matices, en el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Se supone que Morena y el Partido del Trabajo (PT) se alinean con la llamada nueva izquierda, mientras que el Movimiento Ciudadano (MC) y sus pares Verde Ecologista de México (PVEM), Nueva Alianza (Panal), Humanista y Encuentro Social, tienden hacia el centro.

Igual se supone que esos diez partidos, registrados ante el Instituto Nacional Electoral (INE), están obligados legal y moralmente a definir su perfil a través de una declaración de principios, estatutos y programa de acción, tal y como lo marca la reglamentación oficial.

Esto a fin de que los militantes y ciudadanos en general conozcan los documentos básicos que rigen la vida del membrete en el que están involucrados o es de sus simpatías, pues ello les permitiría enriquecer la cultura cívica y acabar con el lastre que significa el analfabetismo político, que lamentablemente crece al ritmo en que se preparan las nuevas generaciones.

 

Obligación
desatendida

En estricto apego a la legalidad, los diez partidos políticos deben impulsar la democracia, afianzar las libertades, animar la pluralidad, configurar un estado más justo y equitativo, promover el desarrollo, brindar posibilidades de expresión y participación a la gente, garantizar el empleo, la salud, seguridad, etcétera.

Los distinguen las estrategias y tácticas utilizadas para arribar al poder o conservarlo, y, desde luego, el segmento de la sociedad por el cual han decidido tomar parte y cuyos intereses dicen defender.

Así, un partido que se inclina a favor de los grupos privilegiados y defiende la propiedad privada, la libre competencia del capital y la explotación de la mano de obra, puede ser tipificado como de derecha.

En contraparte, las organizaciones que se identifican con los trabajadores, la propiedad pública y buscan mejorar las condiciones de vida de las grandes mayorías, estarían considerados en el ala de las hoy llamadas izquierdas.

El llamado centro o justo medio, por su parte, se supone que retoma los modelos de uno y otro bando y trata de mantener el equilibrio; acepta la existencia de un régimen de economía mixta y, por supuesto, justifica la lógica empresarial y dinámica del mercado, pero busca que haya una adecuada repartición de la riqueza que genera toda actividad económica bien conducida.

En general, éste es el esquema en el que los partidos enmarcan su origen y funcionamiento.

Y por supuesto que no hay fórmulas ni reglas que se sigan al pie de la letra.

La coincidencia y característica, en todo caso, es que los partidos en nuestro tiempo son flexibles y pragmáticos.

Buscan el éxito a como dé lugar, sin importar ideologías o principios.

Lo que sirve y es útil a la causa resulta bienvenido.

De ahí que las actitudes, valores e ideología pasen a un segundo o tercer plano.

Poco importa el debate y la contraposición de proyectos.

Más bien se privilegia la imagen y la personalidad de sus dirigentes y en algunos casos de sus cuadros más destacados.

Bajo esta tesitura, es común observar en las coyunturas electorales cómo los políticos, los líderes sociales y de opinión, brincan de un bando a otro por la inercia de la jugada y con el ánimo del triunfo.

Escenario atroz

Ésta es la triste situación de los 10 partidos políticos que en México participan en los procesos comiciales del 2015 para elegir 500 diputados federales —300 uninominales y 200 de representación proporcional—, una cantidad considerable de legisladores locales y alcaldes, aparte de gobernadores en varios estados de la República Mexicana.

Como fuere, hacia el interior de éstos partidos sucumben la mística y la vocación de servicio.

Y es que, lo que motiva a quienes los membretes usufructúan, es mantenerse vigentes y conservar el mando legislativo o acceder a éste a como dé lugar.

Principios, valores, ideología… ¿qué es eso?

Campañas grisáceas

Hay analistas y líderes de opinión que coinciden en augurar que las precampañas políticas no lograrían penetrar en el ánimo de la sociedad, y sí, por el contrario, generarían hartazgo y exhibirían bajo nivel de competencia.

Esto se prevé porque en estricto apego a la reglamentación electoral no es tiempo todavía de ventilar ninguna oferta —justificante en descargo del bajo posicionamiento hasta hoy logrado—, pero más porque el grueso de los aspirantes a diputados federales ha sustituido su quehacer de promoción por el pleito callejero.

A la menor provocación sus corifeos se lanzan a la yugular del adversario —con todo—, sin que les importe que los ojos de la ciudadanía estén puestos en ellos ni que sus riñas motiven la crítica fundamentada de los medios de comunicación masiva, que ante lo insulso de sus recorridos opten por destacar temas de menor trascendencia, como los partidos de fútbol o las telenoverlas de Televicia y Aztekaca.

Todos sabemos cuáles son los problemas centrales que aquejan a la población.

De ahí que el mensaje de quienes aspiran arribar al Palacio Legislativo de San Lázaro no aporte mucho, todavía, aun cuando en cortito saquen a relucir la trillada letanía: empleo y seguridad; justicia y educación; amén de un sinnúmero de apoyos, aumentos, disminuciones, becas y la creación de instituciones.

Así, lo que percibe el elector a unos cuantos días de haber iniciado formalmente las precampañas políticas, en todo caso, no pasa de ser un catálogo de buenas intenciones, cuya diferencia entre uno y otro prospecto lo marca el énfasis que cada cual aplica a su discurso.

El problema del bajo perfil que registra su proselitismo no se da porque los contendientes expongan las necesidades de los segmentos poblacionales que habitan en el estado, sino por la manera en que ambigua en que plantean superar dichas carencias y rezagos; y, por supuesto, merced a las restricciones establecidas en el la reglamentación electoral.

En fin, habrá que esperar a que inicien formalmente todas las precampañas, para entonces sí poder ofrecer un análisis más apegado a la realidad.

Fragilidad perredista

Históricamente el membrete del Sol Azteca (PRD) nunca ha podido establecerse formalmente aquí en Tamaulipas, merced a su desarraigo y al hecho de que sus dirigentes jamás han trabajado para fortalecer su presencia.

De ahí que el posicionamiento del PRD resulte casi nulo en todo proceso electoral.

Acá sólo pinta (poquito) en Ciudad Madero.

Fuera de ahí, en el resto de los municipios que conforman la geografía estatal (integrados hoy en ocho distritos electorales), el PRD siempre ha actuado como comparsa del Revolucionario Institucional y la mayoría de sus candidatos han sido, son, los escurrimientos del tricolor que por su mismo resentimiento y proclividad a la derrota no han logrado asirse de las posiciones en juego.

Aún así hay uno que otro cartucho quemado que brincando del PRI al PRD han tratado de hacer carrera propia como opositores al sistema que les niega cobijo bajo las siglas priistas, siendo que estos no son capaces de ganar ni en los seccionales que dicen controlar y en su intentona sólo se han exhibido como políticos inmaduros, faltos de confianza, desleales y oportunistas.

La mayor parte de esos saltimbanquis de la política ha quedado en el olvido; otros más recularon y optaron por retornar al PRI que en otro tiempo les abrió la puerta a la fama que no supieron capitalizar, y los menos todavía creen que con un golpe de suerte podrían acceder a las posiciones anheladas.

En fin, así es la política.

Por eso quienes la practican saben tragar popó sin hacer gestos.

Advertencia a tiempo

Hace días, en este mismo espacio, le comenté que fuentes dignas de todo crédito me advirtieron que en el seno del PAN se pondría en marcha una campaña de descrédito en contra de funcionarios de los gobiernos federal y estatales, por supuesto de corte tricolor —y obvio es que en perjuicio de servidores públicos municipales de los ayuntamientos también priistas—, como parte de su estrategia electorera.

También comenté que en circunstancias normales rumores como éste no ocuparían mi tiempo por ser tácticas recurrentes para mendigar espacios en la prensa, pero que en un contexto donde privilegiar la democracia es la prioridad del quehacer político-administrativo, me parecía, y sigue pareciéndome, una barbaridad.

Me explico más a fondo: hasta la víspera de iniciado el actual sexenio fueron perseguidos los luchadores sociales; la oposición estaba prácticamente aniquilada; se reprimió a los líderes de opinión; y no había respeto para la libre manifestación de las ideas.

Cosas que no ocurren actualmente. Pero aún así hay retrógradas que apuestan a la descomposición del sistema. Entes amafiados con políticos enfermos de poder, que quisieran ver a México nuevamente hundido en la miseria, el atraso, la anarquía y la inseguridad… cuando menos.

Sólo así puede entenderse la campaña difamatoria, que, estoy seguro, no hará mella por conocer de antemano la procedencia del golpeteo.

Pobreza en México

Según el señor de Los Pinos, México mantiene inalterable la cifra de 30 millones de pobres.

Pero hay otras estadísticas, también oficiales, que reconocen que hay 54 millones de personas que sufren pobreza moderada y 21 millones sobreviven de milagro en asentamientos urbanos y rurales.

Sin embargo hasta la fecha no existe ningún programa institucional que brinde resultados efectivos contra la miseria, que es uno de los males sociales que al paso del tiempo se ha vuelto crónico.

La desigualdad entre los segmentos poblacionales es notable.

Por una parte se encuentra la minoría que vive las mieles del primer mundo y la civilización, y en la base piramidal se localizan ejércitos de pobres que no alcanzan a satisfacer sus necesidades elementales de vestido, vivienda, empleo y alimentación.

En el mejor de los casos —y de acuerdo a informes del Banco Mundial—, las personas pobres en forma moderada viven con menos de dos dólares al día; algo así como 30 pesos.

Por décadas —y pese a las buenas intenciones de los hombres y mujeres que arriban al poder y se comprometen a combatir este flagelo—, el fenómeno continúa y eventualmente se agudiza, aun cuando en la Federación se opine lo contrario.

La visión asistencial de los gobiernos salidos del membrete tricolor y la terquedad de la ultraderecha representada por el PAN, de ver en cada familia un potencial núcleo de empresarios, se han convertido en esquemas obsoletos que no atacan el problema de raíz.

El crecimiento poblacional —de 20 millones de habitantes que éramos en 1940 pasó a más de 116 millones en 2015—, aunado al abandono de la rectoría del Estado de importantes áreas de apoyo social, la mala aplicación presupuestal hacia el combate a la pobreza y la falta de vocación social de algunos gobiernos estatales, se suman al fracaso para combatir la miseria.

Igual que los rezagos sociales como el desempleo, el empleo inestable y el consecuente deterioro del poder adquisitivo.

Por eso no hay quien le crea al señor de Los pinos ni a su secretario de Hacienda, de que implantando más y mayores impuestos es como se erradicaría la pobreza.

Ya ve Usted que ahora pagamos mayores tributos a la Federación y el país nada que sortea la crisis económica… ¡ah!, pero eso sí, las huestes de Enrique Peña nieto insisten en que ya somos menos pobres.

Situación estatal

En el documento “Mapa de la pobreza y el servicio social en México”, elaborado por la Asociación de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), se refiere que Tamaulipas tiene una región prioritaria de atención inmediata para el combate a la pobreza integrada por cinco municipios, y con un número de habitantes superior a los 55 mil.

En la entidad son las localidades del llamado Cuarto Distrito (hoy El Altiplano), las que mayores rezagos sociales presentan, hasta el grado de que una gran cantidad de sus habitantes tienen que emigrar a los Estados Unidos en busca de oportunidades de empleo que les permita sobrevivir.

Resulta obvio, entonces, que aquí en la entidad, aunque se aplican programas gubernamentales destinados a combatir la marginación, persisten fuertes desigualdades sociales tanto en el campo como en las ciudades.

Por cierto, aquí también aplica la tendencia que se ha observado a nivel federal, de querer aprovechar la pobreza para legitimar todas y cada una de las acciones del señor de Los Pinos, como ya se ha evidenciado con el centralismo en el manejo de los recursos federales de asistencia social.

Descalificaciones

De cara al proceso federal del 2015 para elegir diputados, la guerra de mañas, trampas y desacreditaciones por parte del membrete albiceleste, no es cosa nueva —y debo reconocerlo—, pues aquí se practica desde hace por lo menos dos años (cuando inició el régimen presidencial de Enrique Peña Nieto) una estrategia para descalificar a los ayuntamientos priistas, al Congreso del Estado, las instituciones y hasta a sus propios compañeros de partido.

Entonces, ¿cómo creerles si ya perdieron la brújula?

¿Cómo jalar con ellos si apuestan a la destrucción?

¿O no es así?

E-m@il

jusam_gg@hotmail.com

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