7 marzo, 2026

7 marzo, 2026

Sirenas se pasean en sábado de ‘gloria’ (Galería)

Hermosas siluetas provenientes de muchas partes de la república y del extranjero adornaron la arena de las playas tamaulipecas en lo que se considera “la mejor Semana Santa de todo el sexenio”.
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TAMPICO, Tamaulipas.- Para las seis de la tarde del sábado de gloria, no hay acceso a más vehículos a la zona de playa. Los estacionamientos habilitados están saturados. La música a todo volumen apenas deja escuchar con certeza una conversación.

Los agentes de tránsito agitan las manos con desesperación en un intento por agilizar el tráfico vehicular. La playa es un caos que pocos entienden pero que todos los paseantes disfrutan.

Los olores se entremezclan entre pescado frito, camarones, carne asada, cecina en torta, tacos al pastor, hot-dog y hamburguesas.

En Miramar caben todos en un día que es para recordar. Hombres, mujeres, niños, familias enteras, parejas del mismo sexo caminan de la mano en una playa incluyente, en la que pocos voltean asombrados.

Los vacacionistas llegaron seguros escoltados por policías federales desde estados del norte del país y de más allá de la frontera.

El calor está para echarse unas ‘frías’. Los niños juegan en la arena en un espacio reducido a algunos centímetros entre uno y otro grupo de familia. Los jóvenes beben y beben hasta caer ‘derrotados en la arena.

Los regios -que son mayoría- bailan sin descansar en la arena caliente.

“¡Arriba Guadalupe.. Nuevo León Chingao¡ – Los sonidos de la cumbia colombiana invaden la costa y provocan un contraste entre los sonidos cadenciosos del trópico.

Los defeños prefieren a los ‘sonideros’ que no dejan de parlotear mientras escuchan la melodía.

Las mujeres se broncean bajo el candente sol.

La lluvia y el viento que se había pronostica parece detenido frente a las costas de Tamaulipas. Tampoco la surada. Parece que Dios se acordó del sur de Tamaulipas. Parece que en 2015 atrás quedó el sonido de las balas del 2014.

Hoy todo es fiesta en Miramar. Los vendedores no caben de asombro de la respuesta del turismo.

Cae la tarde y las bandas de todo tipo se ‘arrendan’ por algunos pesos para continuar la fiesta. En cada rincón del centro vacacional se escucha música.

En cada espacio hay un precio que se paga. Es semana santa y los automovilistas se desesperan por el intenso tráfico que apenas permite avanzar algunos metros cada diez segundos. Las torretas encendidas de los cuerpos de emergencia advierten sobre las incidencias.

Es semana santa en Miramar. El gobierno dice que es histórico. La memoria de los propios se niega a recordar aquellos años en que Miramar recibía a más de un millón de visitantes.

Es semana santa y y en el sábado de gloria todos caminan por el boulevard Costero al paraíso.

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