17 enero, 2026

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Hablemos de politica

El sábado, el Partido Revolucionario Institucional estuvo de fiesta teniendo como invitado especial a su líder máximo, el presidente de la república, ENRIQUE PEÑA NIETO, en lo que fue una jornada jubilosa en la que el mandatario afirmó que el tricolor es el que mejor representa los intereses de los mexicanos.

Allí estaban secretarios de estado, gobernadores, senadores, diputados, alcaldes, tanto los que están en funciones como los electos, dirigentes estatales del partido y de sector y miles de militantes provenientes de todas las entidades del país.
“La Unidad para Continuar con la Transformación de México”, fue el lema bajo el cual se efectuó la concentración en la explanada de la sede nacional priísta ubicada en la avenida Insurgentes de la Ciudad de México. Era un escenario donde no cabían los pesimismos.

El acto, además de festejar de manera colectiva los triunfos obtenidos en los pasados comicios en los cuales el PRI se llevó la mayor parte de las diputaciones federales y las gubernaturas que estaban en juego, tenía adicionalmente el supuesto propósito de apoyar de manera incondicional la gestión de PEÑA NIETO, quien lució emocionado luciendo una chaqueta roja.

Pero habría que ver si el triunfalismo priísta es compartido por el resto de la población que no pertenece a su militancia. ¿Estarán de acuerdo realmente todos los mexicanos de que el tricolor es el que mejor representa sus intereses?

Otra interrogante es, quién en realidad está apoyando a quién. ¿El PRI respalda a su presidente o es al revés?.

En el año 2000, ese partido fue echado dramáticamente de “Los Pinos”, quedando prácticamente huérfano del tradicional guía que durante siete décadas lo mantuvo en el poder máximo de la república por las buenas o por las malas.

Allí quedó consignado para la historia que el Revolucionario Institucional sin la cabeza que lo representa, no es realmente la fuerza política corporativa que parece ser. Simplemente se fragmentó y aquel poder omnipotente se dividió entre los gobernadores de su filiación que se convirtieron en auténticos virreyes en sus respectivas entidades con la complacencia, primero de VICENTE FOX y luego de FELIPE CALDERON, que cómodamente se limitaron a convivir con la pedacería que quedó de sus oponentes políticos.

Un efecto de aquella debacle fue que el PRI llegó a ser la tercera fuerza política del país. Otra muestra fue que en la elección presidencial del 2012, en algunos estados como Nuevo León, Tamaulipas y Veracruz, PEÑA NIETO fue barrido en las urnas pese a todo aquel entramado que se armó con años de anticipación para recuperar la presidencia. El partido acusaba aún sus debilidades.

Todos esos años en que gobernó el PAN demostraron que en la orfandad, del supremo tlatoani, el PRI no es el mismo. Incluso algunas de sus figuras notables decidieron convenencieramente actuar como aliados de los gobiernos blanquiazules. MANLIO FABIO BELTRONES, por ejemplo, tuvo tanta cercanía con FELIPE CALDERON que se le llegó a considerar como el “vicepresidente”. Ahora nuevamente se arrima al buen árbol.

Pero todo cambió cuando PEÑA NIETO llegó a la presidencia y se restauró el viejo esquema del poder piramidal. Y la consecuencia inmediata se apreció el pasado mes de julio. Ya había una cabeza que le dio nueva vida al cuerpo. Así, el Revolucionario Institucional volvió a ser la fuerza política arrolladora que no tuvo a nivel nacional cuando fue decapitado.

Por ello no puede dejarse de lado la pregunta de sí es el presidente quien necesita el apoyo de su partido o si es su partido el que necesita el apoyo de su presidente. Baste recordar que muchos analistas consideran al PRI como una caja de resonancia de la voz presidencial.

ENRIQUE PEÑA NIETO ha tenido serios sobresaltos en lo que va de su gestión. Las reformas que propuso y que fueron aprobadas por el Congreso de la Unión, no han aterrizado de manera sensible. La matanza de estudiantes de Ayotzinapa que nos puso en el centro de la atención mundial, la compra de suntuosas mansiones por parte de su esposa y de algunos funcionarios como el secretario de Hacienda, la indetenible acción del crimen organizado y más recientemente la fuga de “El Chapo” y la devaluación del peso que casi llega a los 17 pesos por dólar, han abollado notoriamente la figura presidencial.

No se puede desconocer que no hay país sin problemas. En Estados Unidos que se dice el más poderoso del mundo difícilmente pueden presumir de haber resuelto sus problemas sociales. Hay pobreza, delincuencia, tráfico de influencias, discriminación racial y el más alto consumo de drogas en el orbe.

Por ello sería insensato pretender que México sea un paraíso dentro del entorno mundial. Pese a las contrariedades, el país funciona en lo básico y no hay signos de un estallido social de grandes proporciones.

En ese sentido, no se trata de culpar al PRI ni a PEÑA NIETO de todos nuestros males acumulados durante años en cuyo origen, de una manera u otra, todos hemos sido corresponsables, unos por acción y otros por omisión.

Pero a tono con ello, hay que ser cauto en los pronunciamientos. Decir que el PRI es el que mejor representa los intereses de los mexicanos es encasillarnos a todos en un proyecto que de ninguna manera es generalmente compartido. Opinar eso, no es antipriísmo, sino simplemente poner las cosas en su justa dimensión, algo que a menudo se les olvida a nuestros políticos que parecen vivir en otro mundo.

raulpazos45@gmail.com

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