A estas alturas, las lecturas del mensaje presidencial en la reunión de unidad priísta encabezada precisamente por Enrique Peña Nieto, deben ser tan variadas como numerosas.
Por eso, no le aburriré más con un intento de reflexión sobre lo señalado por el líder de facto del Revolucionario Institucional y en cambio, me permitiré resaltar un aspecto paralelo ocurrido también el sábado, que fuera del contexto político considero medular.
Sin desdoro de la importancia de lo expuesto por el mandatario nacional, me parece que la postura del Ejército, plasmada en las palabras del Director del Heroico Colegio Militar, general André Foullón, durante un evento mezcla de castrense y diplomático, podrían anticipar las decisiones que tomará el Gobierno federal con relación al sistema educativo del país.
Para apoyar esta opinión, transcribiré textualmente el párrafo medular del directivo militar:
“En nombre del sistema educativo militar, queremos agradecer el esfuerzo, dedicación y tenacidad, que el señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Enrique Peña Nieto, ha demostrado ante el pueblo de México y la comunidad internacional, por la verdadera transformación de la educación del país”.
No sé usted, pero no recuerdo a un militar de alto rango hacer referencia a un tema que históricamente sólo les ha importado como medio para preparar a sus mandos. Y Foullón, como es histórico en ese sector, no se manda solo.
Así, el respaldo incondicional al Presidente, queda fuera de toda duda. Y por consiguiente también a las acciones que asuma esta autoridad.
Tal vez me excedo en mi apreciación personal, pero un mensaje militar de apoyo total al Presidente en el renglón educativo, en las críticas circunstancias que vive la instrucción pública mexicana, revela dos aspectos vitales para la administración de Enrique Peña. Las expongo con su permiso:
Primero, la supuesta incomodidad de las fuerzas armadas ante la política seguida por el gobierno federal, si existió, está resuelta. El propio Foullón lo confirmó al exigir a los cadetes del Colegio, “ser leales a las instituciones sobre cualquier interés personal”.
Segundo, la aplicación de la reforma educativa se cumplirá a rajatabla. Sobre marchas de la CNTE y minorías del SNTE y en forma especial, sobre el caso Ayotzinapa, los dos puntos en los que se quiebra hasta ahora la enseñanza pública en el país. Con la lealtad absoluta de las fuerzas armadas para hacer valer la ley y su defensa casi apasionada a lo que llama “transformación educativa”, parece factible anticipar un endurecimiento en la reacción federal a bloqueos de carreteras, tomas de instalaciones, secuestro de vehículos, ataques a las vías de comunicación y otras formas violentas de presión de las que tanto han abusado –y tanto daño han causado– los miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.
Todo eso, si así ocurriera, estaría bien para el Presidente. Estaría bien también para la educación pública. Ojalá que también estuviera bien para el país.
Y no lo olvide, todo esto es producto de un devaneo mental…
UNA RAZÓN DE PESO
No es un hecho fortuito ni nació de la nada.
El vandalismo que afecta a la capital del Estado y con seguridad a casi todas las ciudades tamaulipecas, obedece a una sola razón: no hay vigilancia en ellas.
Los policías habilitados para esa función, sean estatales o federales, se han enfocado a la delincuencia organizada y no hay quién frene a ladrones comunes y a los depredadores urbanos.
Por lo menos ya sabemos algo: para algo servían los policías municipales…
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