El risueño estado, cuyo nombre adorna esta tribuna, está convertido en uno de las entidades donde la prensa está siendo muy golpeada por el gobierno de esa entidad y parece mentira que en pleno dos mil quince suceda esto, cuando en todo el país según observamos no se dan estas cosas, razón por la cual compartimos la inquietud de los veracruzanos, pero sobre todo de los compañeros del gremio al solicitar la renuncia de su gobernador, pues desde los tiempos de Merino no se habían tenido noticias de tanta barbarie, pero confiamos en que el gobierno federal tome cartas en el asunto y les dé la razón a quien la tiene.
Mi primer trabajo como profesionista lo tuve en Poza Rica, después en Cerro Azul y de aquí pasé a Ébano, San Luis Potosí; conozco Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Durango, Veracruz, Puebla, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, Nuevo León, Zacatecas, Coahuila y párele de contar, anduve en las ferias de Zacatecas, Aguascalientes, Texcoco, Celaya, Camargo y otras más, por eso les digo que son pueblos muy alegres y pintorescos, con mucha historia y con una hermosa gente.
En San Luis Potosí tuve oportunidad de tratar y conocer al famoso “ Mano Negra ”, el brazo ejecutor de aquellos gobiernos y con quien aunque no lo crean pero me unió cierta amistad con él y su gente, quienes por cierto siempre me respetaron y cuantas veces había oportunidad de tomarnos la copa lo hacíamos. Palabra que no me explico el porqué de ese coraje hacia él, pues fui testigo de cómo lo toleraban, lo respetaba e incluso hasta se daban el gusto de apoyarlo con recursos económicos y especies. Sería temor, miedo, coraje, envidia, no sé, pero una cosa sí les digo, el hombre acostumbraba sentarse en las bancas de la plaza de su pueblo y recibir el saludo de éste.
En cierta ocasión, no me recuerdo bien pero un buen día estando comisionado por PEMEX y habiendo conocido a la maestra de una localidad, cargué mi camioneta con diez bultos de cemento y se los llevé al plantel escolar de un pueblo del que no recuerdo su nombre, pues había hecho amistad con ella y me comentaba que su escuelita funcionaba en un pobre edificio y con piso de tierra.
No lo pensé dos veces y al día siguiente llegué hasta la escuela, pregunté por la maestra y al estar frente a ella, no se me olvida que le dije: Maestra, aquí le traigo este cemento y dentro de quince días regreso para ver si ya su escuelita tiene piso de cemento. La maestra agradeció el gesto.
A mi regreso, no les miento si les digo que al llegar a la escuela los dos salones tenían piso de cemento y lo sorprendente fue cuando la maestra con un grupo de padres de familia me esperaban con un almuerzo.
Pues bien, he querido traer estos felices momentos al recuerdo para preguntarles a los políticos de hoy, qué les falta para ser sencillos, humanos y comprensivos, escuchar al pueblo y cumplirles sus demandas, atenderlos y entregarse a él, como así lo prometieron cuando andaba en busca del sufragio. HASTA MAÑANA Y BUENA SUERTE.




