18 enero, 2026

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«Quiero llevarme a la tumba un pedazo de bandera»

Javier ha sido testigo del paso de la violencia en Tamaulipas y en otros estados, en los cuales también le tocó perder compañeros y hasta la familia por servir a su patria

CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- “Javier” ha vivido dos tiempos en Tamaulipas. El de mayor violencia cuando los éxodos de pueblos enteros en la frontera y el de la transición. En ambos etapas ha ganado pero también ha perdido mucho. Desde su familia hasta amigos. Sin embargo, se siente feliz, al saber que el día que muera “me llevaré a mi tumba un pedazo de bandera”.

Es originario del sureste del país, sus rasgos lo delatan: piel morena oscura, labios gruesos y estatura baja, son las pruebas de ello.

En su estado, el narcotráfico aún no los alcanzaba en ese tiempo pero ante los diversos brotes de violencia que hubo en otras partes del país, tuvo que emigrar y sin querer fue oaxaqueño, michoacano y tamaulipeco.

“Yo llegué hace cinco años a la frontera cuando la violencia estaba a su máximo”, dice en una plática improvisada con Expreso.

“Durante el tiempo que he servido a la patria, he perdido muchas cosas, perdí amigos, a mi esposa, a mis hijos y a compañeros en batalla”.

La vida como militar es muy ingrata y muy difícil, resume.

Y recuerda:

“Acabábamos de llegar a la frontera, para ser precisos, en Ciudad Mier”.

Cuando hicieron el arribo, el pueblo ya presentaba un éxodo y misma situación experimentaba también Nueva Ciudad Guerrero.

“No hay explicación o detalle para decir cómo se veían aquellas calles, solas y sobre todo por la noche era salir con miedo”.

“Javier” aclara:

“Somos humanos, no somos máquinas, por eso de los sentimientos”.

“El cuidado que te daba es de que de repente se desatara una balacera en la nada, pues todo oscuro y sin saber dónde andabas”.

Dice haber andado en varias ciudades de Tamaulipas, entre ellas Ciudad Victoria.

A unos años de haberse ido a otros estados, regresa y como testigo de la lucha que se ha dado a la violencia tiene ya otro concepto de ella.

“El gobierno sigue luchando por espacios a la sociedad, para que ellos estén bien y puedo decir que la incidencia de violencia de aquel tiempo a comparación con la de ahorita es menor”.

“Ya tengo unos meses que regresé y no niego que han ocurrido eventos, pero no son como los que me tocó vivir hace años”.

“Me sorprendí, porque los hechos ya no son tan comunes. Veo que está todo más tranquilo. La gente sale a divertirse, a hacer su vida”.

Recuerda que estando en Tamaulipas durante la violencia, recibió las órdenes de los altos mandos a irse a Oaxaca.

“Allá anduvimos también luchando contra el narcotráfico, duramos un buen rato por allá”.

Aseguró que la situación más grave fue cuando se traslado a Michoacán.

“Nos mandaron para allá (Michoacán) y andábamos en busca de la Familia Michoacana cuando mandaba La Tuta”

Confiesa que al estar en Tamaulipas fue cuando más golpes recibió del destino.

“Una ocasión, por la noche, cuando salimos a patrullar, allá en la frontera, nos emboscaron, murieron dos de mis mejores amigos y yo corrí con más suerte porque una de las balas pegó en mi pecho cerca del hombro izquierdo, la otra fue en una pierna”.

“Me recuperé y volví de nuevo a mi trabajo” dice con orgullo.

Pero en unas vacaciones que le tocaban, recibió un golpe más de la vida.

“Nosotros tenemos cada tres meses chance de ir a ver a nuestras familias, ellas no pueden acompañarnos donde andemos”.

“Ellas se quedan y pues desgraciadamente pierdes mucho contacto y eso a mí me tocó”.

Confiesa que esa ocasión llegó a su casa, pero recibió la noticia de que su esposa ya no quería más seguir a su lado.

“Se va ella y pues con ella se van mis hijos”.

“Sentí que todo había perdido. Yo no tomo, ni fumo, pero ese día sí lo hice, no encontré otra manera de desahogarme”.

Las vacaciones siguieron su curso pero en su mente merodeaba una idea: el desertar.

“Me pasó por la mente, pero luego reaccioné y me di cuenta que la única familia que me quedaba eran mis armas y mis compañeros, así que acabado mi descanso me reincorporé”.

Cuando las cosas parecían ir ya en calma, “Javier” vive otra experiencia.

“Estábamos en Camargo, cuando unos compañeros míos me dijeron que ya estaban cansados y querían desertar y lo hicieron, se fueron. Me sentí mal ya que era con ellos con quien más convivía”.

“Después entendí que aquí hay que ser guerreros y seguí mi camino y ¡aún sigo aquí!”.
“Javier” apunta y dice con orgullo militar:

“La única dicha que voy a tener es, cuando muera me llevaré a mi tumba un pedazo de bandera”.

*Por respeto a su identidad el nombre del entrevistado se cambió.

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