2 enero, 2026

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Confesionario

Bronco, ¡qué miedo…!

Confesionario

El Bronco, Jaime Rodríguez Calderón, ya es gobernador de Nuevo León, un personaje creado a partir del hartazgo de los nuevoleoneses de los gobiernos frívolos, corruptos y alejados del pueblo, por un tipo por el que corre sangre priista, que sabe y aplicó las mañanas tricolores y que retrata el término de populismo a pie juntillas, con todo y pilón.

Así es mis queridos boes, el personaje que la noche del sábado rindió protesta ante el Congreso local y ayer festejó el inicio de su ‘reinado’ con una cabalgata, un masivo en la Arena Monterrey y luego una verbena en Fundidora nos muestra más que su populismo, que el país no aprende y que seguimos comprando espejitos.

Es El Bronco un personaje que en definitiva rompe con el protocolo y los códigos de la política mexicana, imperfecta, corrupta, pero bien portada.

“Pero no es el tiempo el que castigó nuestra casa (a Nuevo León), sino la corrupción sin llenadera y el delirio de muchos que se creyeron reyes y no gobernantes; que donde había ciudadanos, veían súbditos; que donde había dinero público, veían botín. Hoy les digo claro y fuerte: se les acabó la fiesta a los bandidos.

Que ni se hagan ilusiones los manos largas: a partir de hoy, se acabaron los moches y las transas. Se acabaron los lujos a costillas de la gente. Si quieren lana, háganla por la buena como la gente honrada: ¡trabajando!”, dijo en el Congreso.

Y lo hizo en la cara de Rodrigo Medina, no sé si el peor de los gobernadores que ha tenido Nuevo León, pero sí uno de los peores, y de Miguel Ángel Osorio Chong de la
Segob.

Ya enfundado en su papel de redentor que premia y castiga y en franca alusión a la deuda de unos 100 mil millones de pesos que le dejó Medina lanzó otra amenaza contra el hoy ex gobernador

“Vamos a buscar a los responsables que nos dejaron endeudado el estado. Se les apareció el diablo y algunos se irán al infierno a pagar sus pecados”, dijo ayer en la Arena Monterrey.

“Desde ahora mismo instruyo a mi equipo a realizar una auditoría exhaustiva en todas las dependencias, que se revise cada papel y cada cajón. Vamos a investigar sin afán de venganza pero con sed de justicia: si alguien cometió un crimen, que dé la cara al pueblo y le responda a la ley, sea quién sea. Lo mismo va para las deudas que tiene el estado. No vamos a entrar pagando cuentas pendientes con proveedores. Primero vamos a revisar que las cosas estén legales y sin intereses oscuros detrás. Con todo gusto le pagaremos en su momento a quienes hayan hecho negocio derecho»

A los alcaldes ahí presentes, que deben haber estado muy incómodos, les pidió cortarse la uña y ayudarle a gobernar

“Ayúdenme, échenme la mano. No voy a poder solo, no soy Superman, ni soy Santa Claus”.

Con esa gala de populista que les comentaba, El Bronco manejó a su auditorio a su antojo, el método infalible fue decirles lo que querían escuchar.

Que si quieren que se vista como visten los gobernadores; es decir, de corbata fina y traje de diseñador, y el populacho gritó que ¡no!

Casi a la media noche anterior, el flamante gobernador había hecho gala de uno de esos momentos que marcarán su gobierno.

Sacó la silla del ex gobernador con un letrero que decía que esa silla enferma de poder y egolatría. Apuntó que la iba a mandar a un museo junto con el escritorio que usó su antecesor y sus fans en las redes sociales tuvieron un ciberorgasmo.

En fin, el populismo está más que instalado en México, Enrique Peña Nieto convenció a la mayoría de que sabía cómo devolver la seguridad al país. Que México crecería por encima del 5 por ciento y que nos instalaríamos en el primer mundo, hoy nos hundimos más en el hoyo.

Antes Vicente Fox, el panista que parece haberse vuelto loco, prometió que en 15 minutos arreglaba el problema de la guerrilla en Chiapas y ahí sigue, que echaría del gobierno a la víboras y tepocatas como llamaba a los corruptos y parece que atrajo a más. Antes, José López Portillo nos prometió que el principal problema que tendríamos sería el cómo administrar la abundancia y que defendería el peso como un perro y el peso casi desaparece mientras que entregó al país sumido en la crisis.

Carlos Salinas de Gortari lo mismo, nos instaló virtualmente en el primer mundo, nos hizo creer ricos y poderosos, hasta lo queríamos reelegir y apenas se fue nos enteramos que todo era falso.

Pero bueno, en los Estados no ha sido muy diferente, ahí están los ejemplos como Medina y los otros ocho que ya se fueron.

Por eso cuando repetimos aquella frase de que: ojalá que le vaya bien al gobernador (en este caso a El Bronco), porque si le va bien al gobernador le va bien al estado y nos va bien a todos.

Habría que pensarlo dos veces, porque en el caso de Nuevo León a Medina le fue retebien, salió multimillonario y los regios están hoy bien endeudados. Ejemplos por otros lados también hay, sino pregúntele a los gringos que hasta lo documentaron.

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meliton-garcia@hotmail.com Twitter: @melitong

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