Entre sus luces y sombras, el primer ministro británico Winston Churchill fue no sólo un extraordinario estadista. Fue también el autor de una cauda de excepcionales frases que marcaron en forma brillante una parte de la historia.
No sólo influyó en la etapa que le tocó vivir. Algunas de esas perlas de sabiduría e ingenio tuvieron el plus de atisbar el futuro y entre ellas una, en mi opinión, merece traerse al presente, en ocasión de haberse celebrado ayer el aniversario 62 de haberse concedido en México -o haberlo ganado ellas- el voto a las mujeres.
Con una disculpa previa por no ceñirme al rigor literario, la anécdota específica refiere que en los albores del siglo veinte, un periodista le preguntó al político su opinión sobre la premonición de que en esa centuria serían las mujeres las que dominarían al mundo.
La respuesta fue de antología:
«¿También lo harán en este siglo»?…
No pudieron ser más certeras sus palabras. Ese tiempo fue el vivero de una serie de acciones, polémicas, desacuerdos y hasta conflictos por alcanzar una igualdad de géneros que ahora, curiosamente, al acercarnos a los primeros 20 años del siglo veintiuno, se han convertido en una hegemonía femenina que no admite límites en terreno alguno. No reconocer eso es pensar que en enero próximo aparecerán los Reyes Magos a entregar regalos.
En lo personal, sin ánimo alguno de perderme ni perder a mis dos lectores en interpretaciones políticas desfasadas o poses de «gurú» descerebrado, me regocijo en que este dominio sea hasta ahora el balance.
La verdad, el conseguir el voto fue sólo un escalón para ellas. Lo importante es verlas en el presente en la medicina, en el periodismo, en la abogacía, en la arqueología, en la milicia, en el futbol, en el boxeo, en la policía y en la política entre otras actividades en las que por lo menos algunas, parecían vedadas para las damas. Sólo nos falta una señora Presidente, para lo cual no debe faltar gran cosa. Será un «hitazo», estoy seguro.
Así que para cerrar este modesto capítulo, me permito traer al mismo espacio otra versión de la importancia que posee la mujer, en una reflexión escuchada a un hombre del campo:
«Sin las mujeres yo creo que no habría guerras, no habría envidias, no habría peleas. Eso creo, pero de lo que sí estoy bien seguro es que sin las mujeres, la vida», dijo, «sería un verdadero asco…»
Como dice un comediante: Aplausos, aplausos…
REGALOS
Con una disculpa anticipada por las susceptibilidades varoniles que tal vez afecte, pero en este domingo una fecha especial me hace emerger una certeza que siempre me ha acompañado.
Las niñas son uno de los mayores regalos que Dios -o la naturaleza si no cree en esa figura- le dieron a la humanidad.
Este día se celebra el Día Internacional de la Niña, creado para recordarnos a todos que esta criatura merece un trato y una protección especiales, ante el papel de víctimas que muchas de ellas han padecido en el mundo entero.
¿Que las hace a las niñas tan abrumadoramente dominantes en afecto sobre los pequeños varones?
Tal vez la respuesta sea que esas pequeñitas, esas hijas, esas nietas, esas hermanas, esas amiguitas infantiles que desde sus primeros años nos cautivaron y cautivan, nos enseñaron a ver el mundo en colores y a entender la belleza más allá de la superficie.
Si usted tuvo o tiene esa dicha, una hija, una nieta, reciba mis congratulaciones. Y por favor, haga feliz a esa niña…
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