Como se mira el rollo, los candidatos, cada uno a su modo hacen su ronda de cuartos de final por la gubernatura. Todos, se dicen apadrinados por picudos padrinos. En el buen sentido, me perdonan, cada quien tiene su padrote, o sea en buen italiano, su jefe.
Lo cierto es que en el estado todos los posibles andan en minicampaña en la liguilla, esto es, buscando llegar a la final, donde hay que meterle güevos, dinero y suerte para mover la bolita.
En cosa de poder la ambición es real. Todos se dicen que llevan mano. Lo real es, que este glamouroso estado priista tiene que tener el visto bueno del Arcángel mayor; el Presidente.
Los posibles, y esto el campo de la ley de posibilidades, todos, o los cuatro posibles, todos se sienten ganadores, es decir, quedarse con la corona de la liga.
No digamos aspirantes a la gubernatura, mejor, ganadores a la gubernatura porque todos ya se sienten con el centro celestial aunque sea rojo o verde.
Sus sonrisas lo dicen todo, ya están bien seguros y les han soplado la oreja sus padrinos o padrotes, en buen italiano, porque los padrinos están ligados a a sus cadenas de negocios de la política.
La liguilla es un juego de gente de güevos. No cuentan, no valen los güevos tibios, hay que entrarle con güevos a la hora de que el partido inicie la ronda final. También dinero, mucho dinero.
Ya cambiaron las reglas y estar en la jugada no es suficiente con estar respaldado por un buen entrenador y menos por el público que poco cuenta.
Si vale el silbatazo del árbitro que parará el juego cuando se le pegue la gana para decidir quién cantará la gloria en el toque final.
Creo yo, como veo las cosas, los posibles en el juego de la lógica se irán a tiempos extras. Y si siguen empatados se irán al gol de oro.
Y allí, también lo decide el presidente, ya del partido, ya del país. La democracia, o lo democrático es que por ahora todos llevan el balón hasta que se los arrebaten.




