10 enero, 2026

10 enero, 2026

Laberintos del poder

Otra propuesta

Laberintos del poder

Una semana atrás, precisamente el domingo anterior, me atreví a formular una pregunta, acompañada al final de una petición.

El cuestionamiento era sobre el propósito de la visita del Papa a México y el ruego, destinado al mismo, era sobre no exhibir en sus mensajes y homilías –más de lo que ya se ha hecho–los vicios y problemas nacionales en un escenario que por la dimensión del personaje, sería mundial.

Como era de esperarse, los embates pontificios han sido precisamente en algunos de los temas que más nos calan: corrupción, violencia generada por el narcotráfico, abandono de indígenas y desigualdad social, entre otros temas que seguramente seguirán saltando a tribunas y púlpitos en el tiempo que le reste a Francisco permanecer en suelo mexicano.

En este marco, la presencia de Su Santidad en nuestra patria es hoy nuevamente motivo de un intento de reflexión de su servidor. Para hacerlo, vuelvo a subrayar que me complace mucho ver al jefe de la iglesia católica recorriendo a nuestro país e insisto en remarcar que mi fe hacia Dios, vírgenes y santos es inquebrantable. Amo a mi religión católica y apostólica.

Pero no puedo evitar que mis pensamientos corran.

No puedo ni siquiera imaginar lo que está costando a los mexicanos la visita de Francisco. Han pasado ya meses desde que se anunció su estancia en suelo nacional y desde entonces se han destinado recursos humanos y financieros sin límite para organizar su itinerario y la seguridad que se debe aplicar en el cumplimiento de su agenda.

Ahora Francisco ya pisa nuestra tierra. Y para seguirlo se registra un despliegue descomunal en varias partes del país de miles de policías, militares, médicos, agentes viales, funcionarios públicos de todos los niveles, vehículos oficiales, militares y transporte para religiosos y seguidores de la fe, niños de escuelas, movilización –sumados en todos los puntos donde estará– de miles de trabajadores de limpieza y vialidad, inasistencia a clases, bloqueos de avenidas, ausentismo laboral…uff.

¿Cuánto va a costar la visita del Papa?
Manejar cifras parece complicado, porque nadie se atreve a ponerle números a los terrenos de Dios, pero sólo con la simple observación, en un dimensionamiento somero y moderado, puede usted estar seguro de que se puede hablar de cientos de millones de pesos. Y si alguien me dijera que son miles, lo creería, no sólo por el escalofriante gasto gubernamental, sino por las horas–hombre de producción que se están perdiendo tanto en el sector publico como en buena parte del privado.

Como creyente, no debo pensar en medidas monetarias. Sería un pecado tasar en pesos y centavos la oportunidad de ver de lejos, como sucede con el 95 por ciento de los mexicanos, al Vicario de Cristo. Sin embargo, como ciudadano, me duele ver tanto dinero destinado sólo a mensajes de fraternidad, amonestaciones y exhortos a la misericordia, cuando hay en México tantos rezagos por eliminar y tantos problemas por resolver.

Así que aunque ya sé que nadie me hace caso, tengo otra propuesta:

La próxima vez que piensen en invitar a Francisco u otro pontífice, calculen cuánto costará su estancia. Cuando lo hagan, anuncien que no vendrá pero que en honor al Papa el gobierno destinará miles de millones de pesos a construir más hospitales y escuelas. Inclusive, impónganles el nombre del sucesor de San Pedro.

Así, cada vez que veamos la imagen o el nombre de Su Santidad, sabremos que gracias a él, miles de mexicanos tienen realmente una mejor calidad de vida…

Twitter: @LABERINTOS_HOY

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