Corría octubre de 1992 y corrían también los últimos meses del gobierno de Américo Villarreal Guerra.
Esa noche, en las afueras del penal de Victoria, todo era oscuridad y Luis Arturo Luis y un servidor caminábamos tropezando entre matorrales y pedruscos, buscando el Diablo sabía qué, porque no había manera de asomarse al interior. De repente, una serie de detonaciones reventaron e instintivamente Luis y quien escribe nos agachamos.
No sabíamos de dónde venían los disparos y para quién o quiénes iban dirigidos, pero eso bastó para hacernos retornar a lugar seguro.
Eran días aciagos en la agonizante administración de Américo y dos tragedias carcelarias sacudían a la misma. En el penal de Matamoros murieron 17 reos en mayo de 1991 en un motín y en otro hecho similar, 14 meses después, en el reclusorio de Victoria fallecieron siete personas, eventos que los enemigos del gobernador trataron de hacerlos aparecer como señales de ingobernabilidad para sacar a Villarreal Guerra del mando estatal.
Los dos motines se controlaron y los líderes de ambos, Oliverio Chávez en Matamoros y después Equiterio Gamboa en Victoria, fueron asegurados y reubicados para evitar nuevos intentos de revueltas. Las maniobras para “tumbar” a Américo fracasaron y éste concluyó sin mayores problemas el sexenio.
¿A qué viene esta recapitulación?
El presente, con Nuevo León como escenario, me impulsa a recordar esos pasajes, que no por sufrir menos muertes –más de 50 en el vecino Estado– fueron en su momento menos importantes que los de la entidad vecina, porque en el caso tamaulipeco se manejaron y en el actual se manejan, por muchos, como constancia de ineficacia gubernamental.
Ese, podríamos llamarlo “Efecto Américo”, lo sufre hoy el gobernador nuevoleonés, Jaime Rodríguez. Casi todo el país lo señala como culpable de negligencia criminal por, dicen, no atender a tiempo el riesgo carcelario en Topo Chico. Insisto: Casi todo el país.
¿Quiénes no lo han satanizado tan ferozmente?
Curiosamente, han sido los medios principales de comunicación de ese Estado. Estos han difundido ampliamente esa tragedia, pero con una conducta editorial objetiva y sin desahogos estomacales. Hasta pareciera que se han alineado con “El Bronco” para dar cabal cuenta de esa crisis, pero pese a la gravedad de los hechos, sin caer en el estridentismo.
Esa reacción es precisamente la que protagonizaron 24 años atrás los medios tamaulipecos en el sexenio americanista. Frente a la tempestad externa, cerraron filas en torno al gobernador y evitaron que intereses ajenos hicieran cera y pabilo de nuestra Entidad. Todos informaron de los motines, pero ninguno se radicalizó para denunciar ineficiencias y mucho menos para exigir la salida del Ejecutivo.
En Nuevo León se vive algo semejante hoy. No sé si “El Bronco” lo merezca, pero por lo menos queda claro que tiene la credibilidad de sus conciudadanos…
AMISTADES BENÉFICAS
Una vieja amistad permite anticipar más beneficios y mayor desarrollo para el sector salud tamaulipeco.
La relación mencionada tiene como actores principales al recién nombrado Secretario de Salud federal, el doctor José Narro Flores; y al también titular de la Secretaría del ramo en Tamaulipas, doctor Norberto Treviño García Manzo.
No sólo une el afecto a ambos personajes, sino también el haber coincidido en diversas encomiendas a lo largo de los años durante su trabajo en el sector público.
Bien por Tamaulipas, porque esa cercanía hará posible optimizar el trabajo conjunto del presidente Enrique Peña y del gobernador Egidio Torre.
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