20 enero, 2026

20 enero, 2026

Crónica urbana

De nomenclatura y anuncios

Crónica Urbana

Nuestra ciudad es gris, tristemente gris en sus imágenes que recorren el antiguo tablero colonial, desde hace más de veinte años se retiró la vieja nomenclatura a base de laminado horneado que eran clásicas en todas las ciudades del noreste. Nombre de las calles que contenían el homenaje de la ciudad a sus héroes, conocidos y anónimos. La ciudad como ventura señalice, la ciudad orientadora por la visualización óptima de su nomenclatura.

Al paso de los años, a partir de los años ochentas empezó el despapaye por la ausencia de un consejo crítico correspondiente al cabildo. Personas neófitas, por no decir ignorantes, se apoderaron de las directrices del cómo y el porqué de la nomenclatura de las calles. Gente improvisada, de mirada chueca, decidió sobre la señalización. Las bellas nomenclaturas de lámina horneada desaparecieron de las calles, sustituyéndolas por adefesios, de abusivo uso de alegorías supuestamente cuerudas. Pésimos diseños y peores materiales hasta nuestros días.

La fijación de señalamientos urbanos, un desastre, mal ubicados, forzados a la vista de los viandantes, se convirtieron en un negocio espontáneo y una calamidad.

El mal continúa hasta nuestros días en el empeño de colocar colores cafés bajo el supuesto de orígenes de la cuera. Aberrante, no funcional y una abuso de las alegorías de las barbas cuerudas. El abuso se da en placas de automóviles, sellos oficiales, propaganda gubernamental, etc. Como si esto fuera un principio de identidad, cosa que no es cierto.

Se exige en nuestro tiempo una tabla señalice funcional, amable y colorida. Colorida en los colores fundamentales de la señalice mundial.

Realizar esos pegotes de nomenclatura, pésimamente ubicados. Sanear las direcciones y orientación de las calles es justo y necesario. Nombres empalmados, avenidas que cambian de nombre. Colocación de nombres a las calles de personas que no valen un cacahuate ni dos con sal. Lista de amigos, elogios, ha sido un culto a la personalidad, pero a personalidades opacas, que poco o nada han entregado a la ciudad. Una ciudad que queremos.

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