20 enero, 2026

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Confesionario

Indignados selectivos…

Confesionario

Cuando hace seis años las encuestas decían que Magdalena Peraza Guerra era la mejor posicionada para la alcaldía de Tampico y pese a ello no fue designada para imponer a Miguel Manzur comenzó la telenovela priista en la que la hipocresía juega el rol estelar.

Así es mis queridos boes, no pretendo defender a la precandidata tricolor a la alcaldía, a quien en este espacio he cuestionado muchas veces, pero sí me gustaría recordarle a los indignados que lo que hoy les causa urticaria, vómito y diarrea, antes les arrancó aplausos y les otorgó victorias de las que todos gozaron.

El melodrama, decía, inició cuando Eugenio Hernández Flores y Ricardo Gamundi Rosas, uno gobernador y el otro dirigente estatal del PRI, todopoderosos, pretendieron que el muchacho medio simpaticón, pero con poco compromiso y asiduo a no pagar cuentas, se convirtiera en alcalde a toda costa y despreciaron los números de todas las mediciones que advertían que Peraza Guerra le ganaba a cualquiera de los entonces aspirantes.

La profesora de décadas de militancia tricolor se enfrentó al gobernador a quien cara a cara le adelantó que se iba del PRI y que sería candidata, le pidió respeto a su decisión y ya en las urnas le demostró que se había equivocado, él, Gamundi y Miguel Manzur (este último aún perseguido por los proveedores de la campaña que perdió)
Cuando Magda se fue al PAN como candidata ciudadana nadie en el PRI se indignó porque en el tricolor no le dieron la candidatura que las encuestas decían se merecía. Se indignaron si cuando les ganó.

Llegó a la alcaldía y pese a que los panistas, tal vez con razón, le exigían que barriera con la burocracia tricolor para poner a los azules, la profesora no lo hizo y entonces los indignados eran los blanquiazules, los tricolores nunca se lo reconocieron.

La alcaldesa nunca se afilió al PAN, se declaraba ciudadana y pronto llegaron los días en que habría que sucederla en el cargo.

Por el PRI el abanderado era Gustavo Torres y por el PAN Tere Sosa. La lógica indicaba que Magda apoyaría a la panista en una campaña que dicho por los propios priistas el actual alcalde había arrancado de atrás, pero no sucedió.

Al arranque de la campaña Magda dio las primeras señales, su hermana Genoveva Peraza fue incluida en la planilla de regidores. Nadie se indignó

Pasaban los días y luego de algunas semanas de silencio, la alcaldesa panista se hizo presente en un evento del candidato Gustavo Torres para que ella le levantara la mano ante cientos de maestros. La señal definitiva. Nadie se indignó en el PRI, los del PAN la tacharon entonces de traidora y la historia todos la conocemos.

Gustavo Torres se convirtió en Alcalde y la maestra sin volver oficialmente al PRI fue incluida en la estructura estatal.

Se vino otra campaña, había que hacer ganar a Mercedes del Carmen Guillén Vicente, la entonces subsecretaria de Gobernación que tenía más de una década fuera de los reflectores locales del puerto.

Pronto la propia candidata a la diputación federal declaraba que Magdalena Peraza le iba a ayudar. Ni una palabra de indignación se escuchó.

Magda parecía hermana gemela de Paloma, un día sí y al otro también la ex alcaldesa recorría las calles del centro y las colonias presentando a Paloma con quienes solo la conocían de habladas.

Paloma del brazo de Magdalena ganó la elección, eso sí con números que no son para presumirse. No había indignados todavía.

Pero hace unas semanas cuando Magalena Peraza advirtió que iría en serio por la alcaldía nuevamente, por el PRI o por cualquier otro instituto aparecieron los dignos, los orgullosos y los reclamos. Les indignaba que la ‘traidora’ amenazara a su partido para que la postulara otra vez.

Las encuestas decían que ella iba arriba, seguida muy de cerca por Lalo Hernández y más atrás del que había sido considerado el favorito para quien toma las decisiones Francisco Bolado.

El día llegó, Magda fue destapada como la candidata del PRI y la coalición y la novela escaló a niveles melodramáticos.

Fernando Azcárraga, Álvaro Garza Cantú, Gabriel Legorreta, Sergio Villarreal (que también aspiraba), Roberto González Barba (quien le dedicó varias de sus cartas a la maestra) y varios más dibujaban un rictus de enfado, en su rostro se dibujó el tufo de la indignación.

Otro, de mucho menos peso político y económico: Javier Ávila Reyes de más de 40 años de militancia en el PRI hasta renunció al partido.

Insisto, habría que preguntarles a los ‘indignados’ porqué ante las ayudas de la ex alcaldesa para que sus candidatos ganaran no dijeron ni pío.

Hoy pese a ellos la maestra es la candidata, no sé si va a ganar, porque en las pláticas de café todos coinciden que será la depositaria de las traiciones de los indignados, pese a que éstos han dado su palabra al candidato a la gubernatura Baltazar Hinojosa de que en el puerto se ganará de todo a todo, porque intentar cruzar el voto sería arriesgar una eventual victoria del matamorense.

Ya sé, hay otras novelas en varios municipios, lo que ya no hay es espacio, pero sí tiempo para abordarlas en otra ocasión.

Comentarios: meliton-garcia@hotmail.com Twitter: @melitong

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