Nadie podía decir con certeza al tiempo de cerrar este espacio, quién es el gobernador electo de Tamaulipas, aunque el escrutinio de actas, alrededor del 18 por ciento, empezaba
a marcar diferencias a medida que avanzaba el conteo rápido.
Las cifras del PREP bajo la responsabilidad del IETAM arrojaban a esas horas una tendencia y aunque no permitían hasta cercana la medianoche, manejar un escenario definitivo de las preferencias del electorado, en cambio –y esto es lo que debe inquietar– sí marcaban una virtual fractura política del Estado. Prácticamente, el mismo se enfilaba sin remedio en ese sentido a partirse a la mitad.
¿Qué significa este escenario?
Ciertamente no es un panorama, como dicen los españoles, para coser y cantar. Por el contrario, anticipa una etapa endiabladamente complicada para Tamaulipas en la cual, quien resulte ser el ganador, enfrentará una prueba inédita en esta geografía, al ser la primera vez que coexistirán realmente en ella, al tú por tú, dos fuerzas partidistas de influencia prácticamente igual. Insisto: sin importar quien sea el triunfador.
Tal vez haya quienes opinen que circunstancias similares ya se han dado anteriormente y que en nuestra patria chica el PRI y el PAN ya han compartido papeles estelares en materia electoral, como sucedió durante la administración sexenal de Manuel Cavazos Lerma, cuando Acción Nacional llegó a polarizar la mitad del padrón electoral estatal, al ganar varios municipios de primer nivel.
Pero la distancia de esos días a los actuales es abismal. En Tamaulipas nunca se podrá equiparar el poder político y económico de un gobierno estatal con el de los ayuntamientos, por importantes que éstos sean, por la división imperante entre ellos y porque aquí no existe una megalópolis que pueda medir fuerzas con el Estado. La diferencia para inclinar la balanza es entonces, cuál partido es el que mande desde el Palacio de Gobierno.
Cualquiera que gane esa silla tendrá, por fuerza, que atender este escenario.
Y para cerrar este espacio, en medio de este panorama, por lo menos un factor positivo llama la atención: la asistencia de los ciudadanos a las urnas.
La jornada de este domingo 5 de junio fue refrescante para la democracia. La tendencia abstencionista no sólo se detuvo, sino que recibió, con la participación de los votantes, un golpe refrescante.
Punto a favor de la cultura cívica de los tamaulipecos…
ABERRACIÓN
No sé si el proceso electoral que vivieron ayer once estados –el doceavo Puebla fue la excepción– fue un ejercicio democrático o un concurso de “madruguetes”.
A las 10 de la noche de ayer domingo, resultaba, a juzgar por las declaraciones de los candidatos a sus respectivas gubernaturas, que en lugar de esa oncena de entidades en pugna electoral, ¡en realidad fueron el doble!
La explicación a este galimatías es simple. Resulta que todos los contendientes en esos lares se declararon triunfadores en esos comicios. El caso para el anecdotario es Oaxaca, en donde los “ganadores” fueron nada menos que tres, conforme a los mensajes de los representantes del PRI, del PRD y del PAN.
Alguien tiene que frenar esto. Es una aberración que se desoriente, se desinforme y se trate de influir a los ciudadanos de esa manera, para crear un clima mediático de desconfianza hacia el resultado oficial, en donde el lamentable saldo es, gracias a esas acciones, un nuevo gobierno bajo sospecha y en algunos casos hasta de certeza, sobre su legitimidad.
Si, hay más respeto al voto. Ojalá hubiera más madurez…
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