Desde hace unos meses cuando en sus redes sociales dio a conocer la noticia de que estaría en Ciudad Victoria unos días, los aficionados a Correcaminos comenzaron a sentir emoción y alegría por poder saludar de nuevo a su ídolo.
Cuando llegó a la capital, el fenómeno comenzó, cientos de mensajes, imágenes y emociones se hicieron presentes, Norberto “El Capi” Orrego estaba de nuevo después de seis años en la Ciudad donde a base de entrega se ganó el reconocimiento de muchos mientras portaba los colores azul, naranja y blanco de Correcaminos.
No es para menos, en los últimos años ha sido uno de los jugadores que más respeto y amor han mostrado por el equipo de Ciudad Victoria, como futbolista podía tener limitaciones, pero también el ex Seleccionado en inferiores de Argentina tenía una entrega en la cancha que pocas veces se pueden ver, se tiraba de cabeza por defender el arco naranja y eso el victorense lo valora.
Si a lo que enseñaba en la cancha el jugador que siempre portaba en su brazo la cinta de capitán, le agregamos la amabilidad y sencillez que muestra cada que algún aficionado se le acerca, aumentan positivamente sus bonos de ídolo.
Aparte, quien acude a reuniones en el sur del continente portando playeras de la UAT, demuestra cariño al equipo naranja como pocos, basta con saber que en su brazo lleva un tatuaje donde plasmó el logotipo de Correcaminos junto a los nombres de su esposa e hijos, además de la Virgen de Guadalupe, de quien es devoto.
Y es que un ídolo no sólo se mide por los logros que haya tenido en alguna competición o tarea, también se forma con el día a día, con acciones.
Hay algunos que han compartido su incredulidad por todas las muestras de afecto que se tienen hacia el “Capi” y es como todo, lo que para unos puede ser algo normal, para otras personas tiene un valor sumamente especial, todo depende del contexto y el cristal con el que se mire.
En la semana tuve oportunidad de entrevistarlo junto a Darío Vera, varias frases que compartió me quedaron marcadas, como cuando le cuestionamos sobre su amor al equipo, resumió que “Hay cosas que no se pueden explicar, simplemente pasan”, además, dijo que a él no le importaba si estaba jugando en el Marte R. Gómez o en la cancha de Boca, él siempre sentía que estaba en la cancha de su barrio, posiblemente por eso conserva esa pasión que a muchos se les acaba conforme pasan los años o llegan a ser futbolistas profesionales, y al preguntarle si tiene algún odio hacia la Jaiba, “No me importa otro equipo, para mi el que importa es Correcaminos”.
Como jugador, dejó contratos y oportunidades en otros equipos con tal de seguir en el de sus amores, hoy, labora en el Gobierno de su Municipio, en Argentina, aportando a que los niños y jóvenes mejoren sus condiciones con la pelota y sin la pelota.
“Desde el día en que me fui ya estaba pensando en regresar”, sabe que lo hará y lo quiere hacer, pero tiempo al tiempo, para que eso suceda se deben dar una serie de circunstancias. Por el momento disfruta unos días en Victoria bajo el arropo de sus amigos y aficionados que lo siguen, seguro hoy será uno de los días más especiales desde que llegó, irá a la cancha a ver a Correcaminos y muchos de los hinchas que estarán ahí, irán al Estadio para corear su nombre, el partido podría pasar a segundo plano, por esta vez.
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