Tamaulipas y el gobernador electo Francisco Javier García Cabeza de Vaca recibieron ayer una buena noticia: los militares que apoyan en labores contra la delincuencia organizada se quedan a pesar de que terminó el convenio con la entidad en voz y compromiso del propio Secretario de la Defensa Nacional, el General Salvador Cienfuegos.
Así es mis queridos, el tema tenía harto preocupados a empresarios y ciudadanos comunes, debido a que con el fin de la administración terminaba el acuerdo que tenía aquí a más de 7 mil soldados haciendo labores de vigilancia policiaca y el temor era que la renegociación del convenio tardará meses y eso empeorará el clima de inseguridad que padecemos.
Pero ayer el titular de la SEDENA estuvo en Victoria donde comió con una parte de la sociedad capitalina y donde además recibió un reconocimiento por parte del gobierno de Egidio Torre Cantú y fue ahí donde dio la buena nueva que seguramente permite respirar hondo a muchos que entienden que cada que los soldados se repliegan, los índices delictivos se van a las nubes.
El mando militar reiteró que los soldados no se han ido, no se irán y que incluso podrían venir más ajusta que comience la administración de Cabeza de Vaca, con quien por obvias razones no ha firmado un nuevo convenio, pero con el que ya se entrevistó.
Es buena la noticia para quien a partir del sábado será nuestro gobernador, porque eso garantiza que el clima de violencia al menos no va a empeorar.
De hecho la salida de los militares era de esos deseos que algunos, poquitos malos perdedores del PRI tenían previsto que agüitara el arranque del gobierno de la alternancia. No se les hizo.
Un político de esos que no valen la pena me dijo en un restaurant hace unos días que se le vendría el mundo encima a Cabeza de Vaca, porque sin los soldados se recrudecerían las balaceras, los secuestros, los ejecutados y eso evitaría que hubiera ‘luna de miel’ entre el panista y los ciudadanos tamaulipecos.
Estoy seguro que son muy pocos los priistas que piensan como ese, pero seguro hay en un puño de ellos el deseo de que al gobernador que llega le vaya mal, como si eso no significara que nos fuera peor a todos los que habitamos esta sufrida, vejada, golpeada y maltrecha tierra.
Ahora, habría que replantear la estrategia contra la inseguridad en Tamaulipas, porque pese a los discursos triunfalistas, incluso del propio Cienfuegos, el tema no está ni por mucho resuelto, porque no se puede cantar victoria en ninguno de los municipios de la entidad, ya que en todos puede haber semanas o meses de calma y de pronto se ‘suelta el
diablo’, lo que indica que las soluciones no son de fondo.
Prueba de ello es que Tamaulipas sigue en el top del secuestro, extorsión, asesinatos y demás delitos que nos pintan como tierra de nadie.
El reto para Cabeza de Vaca y su equipo es mayúsculo, el pueblo que lo convirtió en el primer gobernador no priista de la historia estatal, no quiere volver a escuchar y leer discursos de: hechos aislados, aquí no pasa nada, mientras el ‘traca traca’ de las cuerno de chivo y armas más poderosas cimbran las ciudades de la frontera, algunas del centro y a veces las del sur.
El próximo gobierno va a tener que implementar algún mecanismo de comunicación con los ciudadanos para que lejos de esconder las situaciones de riesgo cuando estén ocurriendo, los alerte para evitar daños colaterales.
Al mismo tiempo, no creo que el pueblo quiera un gobierno que mal cuente a los caídos en las refriegas o que simplemente no los cuente y los oculte.
No sé si en Tamaulipas habrá un vocero de seguridad como el que funcionó en Nuevo León, que diariamente y las veces que se requería daba el parte de guerra, sin maquillar, sin ocultar nada de lo que pasaba en aquellas tierras, pero si sé que lo que todos queremos es que se nos mantenga al tanto de lo que ocurre para poder cuidarnos.
Por lo pronto con los militares Cabeza de Vaca ya puede contar, ojalá que le tome la palabra a Cienfuegos y se incremente su número, pero sobre todo que se busque una mejor estrategia.
Esto se va a descontrolar…
Gerardo Gómez Ibarra, tesorero de Tampico pinta de cuerpo completo lo que viene tras el cambio de poderes de muchas de las 43 alcaldías de Tamaulipas: huye de los proveedores, se esconde, inventa enfermedades y sale a la calle casi disfrazado para que no lo increpen.
Hasta ahora no se tiene certeza de cuanto se va a heredar en Tampico de deuda a la maestra Magdalena Peraza, pero hay estimaciones de que serían entre 250 y 300 millones de pesos, lo que le ataría las manos a la administración entrante.
Igual andan en muchos municipios, los tesoreros como Gómez Ibarra, llegan casi de madrugada a las alcaldías para que no los pesquen los que reclaman pagos, despachan en pequeñas oficinas alternas y salen de gorra y lentes gigantes y oscuros para despistar al enemigo. Eso sí, una vez brincando el mes, podría aparecérseles el diablo representado en la ira de los alcaldes entrantes y los proveedores que no consiguieron su pago.
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