14 enero, 2026

14 enero, 2026

Duarte escapó del grupo

Polvo del camino

El autor es Premio Nacional de Periodismo 2016.

Manlio Fabio Beltrones es tal vez el último “santón” del viejo priismo y es el primero de su partido que se rebela contra la forma de hacer política. ¡Qué cosas!. El sonorense que ha recorrido toda la escala permisible en un sistema como el mexica, aprovecha la crisis republicana para proponer que el próximo gobierno federal sea de coalición cuando el triunfador no alcance el 42 por ciento de la votación y mayoría en el congreso de la Unión, es decir en ambas cámaras. En este sentido Manlio “olvida” que por más de ochenta años al PRI le ha bastado un voto para hacer funcionarios felices y que su propuesta va en sentido inverso a toda su historia personal, que no ha sido la más ejemplar que digamos.

Durante una entrevista con “La Jornada” aparecida este lunes, quien hasta hace poco dirigiera el CEN y fuera considerado como probable candidato presidencial, asegura que el sistema político “está agotado”. ¡Mira quién lo dice!. Justo alguien cuya existencia transcurrió por la ancha alameda de la antidemocracia bajo la bandera de un partido cuya fama tiene mucho que ver con el fraude, la corrupción, la demagogia, el engaño y lo que resulte. Y ni modo que sea invento.

De manera que el sistema político se agotó y frente a ello, según Manlio, hay que crear un gobierno de coalición. Está claro que el célebre prócer reniega
de la democracia considerada como una de las dos simbólicas banderas del PRI (la otra es la llamada “justicia social”). Reniega digo, después de ser vergonzosamente expulsado del cuadro titular del poder, no por sus ideas sino porque significaba un estorbo para la tecno-burocracia que ambiciona permanecer en Los Pinos.

Beltrones sabe que difícilmente alguno de los contendientes del 018 obtendrá el 42 por ciento (incluso ni López Obrador) por la sencilla razón de que el supremo gobierno está decidido a pulverizar la participación ciudadana en tantas partes como aspirantes leales a su causa existan. Se trata de debilitar a AMLO arrebatándole votos inventando candidaturas que se presten al perverso juego de Juan Pirulero. El PRD por ejemplo que en “los chuchos” tiene a los mejores verdugos de la izquierda.

Pareciera que el objetivo sustancial de Manlio Fabio es evitar el triunfo de AMLO, ya se dijo. De ahí que maquille su propuesta señalando que se requiere un modelo político funcional para la gobernabilidad y estabilidad, es decir, que otorgue legitimidad para resolver los problemas. ¡Ah, caón!, resulta que hasta ahora se dio cuenta que los regímenes del PAN y PRI finalmente sirvieron pa’ maldita la cosa y urge un gobierno de coalición donde no tenga cabida “el
peje”. (Esto último “donde no tenga cabida” es mera suposición del escribidor no alejada de la tortuosa mente del sonorense).

El asunto es que a través de Beltrones el PRI no se resigna a seguir caminando hacia el patíbulo y entre lo perdido busca lo que aparezca…¡más acabado no puede estar!.

Regresa Duarte, te perdonamos
El caso del gobernador veracruzano con licencia es toda una obra de arte de impunidad de la cual el PRI ha de sentirse orgulloso. No es para menos, por ello no extraña que Javier Duarte haya sido convocado este martes en las oficinas del CEN a efecto “celebrar audiencia de desahogo de pruebas y formulación de alegatos” relativos a la suspensión de sus derechos partidistas, ante la Comisión Nacional de Justicia Partidista. ¿Qué os parece?.

Solo que a esta finísima persona tendrán que buscarla en lo más ignoto del planeta Tierra, allá donde ni las águilas se atreven. Y es que “nadie” sabe dónde se encuentra después de su graciosa huida tras ser enterado de que la PGR andaba tras de sus millones y sus huesos. Dicese que desde las entrañas del poder recibió el sublime “pitazo” que lo obligó a huir “con rumbo desconocido”.

Nada más en México y en tiempos donde el supremo gobierno trata de sacudirse la lápida que lo acerca a su última morada. El asunto Duarte no es una broma sino un “triller” emanado de la descomposición que sufre el sistema tricolor. ¿Habréis visto tanta ambición?. No olvidéis que este gobernador con licencia fue mostrado en más de una ocasión como “ejemplo de la nueva generación de buenos políticos” y desde los meros Pinos. Ni cómo negar que el caso Duarte significa el acta de defunción del PRI con efectos colaterales en las elecciones que se avecinan. Y si no, ¡pa’l baile vamos!.

Sucede que
La canalla del café opina que Carlos García González como diputado y líder de la mayoría panista del congreso local, resultó prometedor futbolista. Tal vez la novedad del poder se confunda con frivolidad, pero lo cierto es que existen tantísimos pendientes que resulta un pecado derrochar tiempo parlamentario y
recursos públicos en eventos cercanos a la irresponsabilidad. Una tacha para el panista.

Y hasta la próxima.

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